Fernández se proyecta como la figura a vencer en el 2028
Por Osvaldo Santana
Hará dos semanas, planteé que las elecciones generales de 2028 se presentan como una oportunidad para la Fuerza del Pueblo, y en particular para Leonel Fernández volver al poder y que muchos factores se conjugan en esa dirección. Según el desarrollo de los acontecimientos, parecería que el expresidente podría devenir en el candidato a vencer.
Todos los elementos referidos como indicadores cobran mayor relevancia en el rápido correr de los días, y según se deduce de informes sobre encuestas no publicadas que sugieren un mejor posicionamiento de esa fuerza política.
Este tipo de consideraciones no deberían irritar a quienes ven a Fernández como un eje del mal, frente al cual habría que inmolarse si se dan las condiciones para su retorno al poder.
A lo sumo, sus adversarios deberían prepararse para impedir que ese hecho se produzca, pero como apuntaba, el dato firme de que el presidente Luis Abinader no se presentará en las próximas elecciones, no solo porque esa es su determinación personal, sino porque la constitución que él mismo impulsó e hizo que se aprobara, le imposibilita una nueva repostulación.
Todavía sus competidores deben elegir un candidato presidencial, lo que sugiere superar una importante prueba y entonces empezar a posicionarlo. En cambio, ya Fernández está posicionado, y aunque sus adversarios presentan a su hijo Omar como un potencial competidor interno, la realidad es que el candidato de la Fuerza del Pueblo será su padre.
El presidente de la Fuerza del Pueblo tiene el aval del paso por el poder en tres períodos, lo que implica experiencia de Estado y una calificación profesional por encima de la media. Es, de los buscadores del poder, quien acumula más conocimientos.
El posicionamiento actual de Fernández no es sinónimo de triunfo. Es solo un factor que tendrá que fortalecerlo con contribuciones de valor que venzan su tasa de rechazo, que como político tiene; generar cada vez mayor confianza de la población como un líder capaz de impulsar la República a los niveles de desarrollo y crecimiento, conectar con los públicos jóvenes y que lo vean como el hombre en posibilidad interpretar las tendencias del futuro.
Ese planteamiento se puede afirmar no solamente en la ausencia de Abinader como candidato, sino también en un mayor deterioro de su gestión, de modo que, a término, no constituya parte de la carpeta de presentación del nuevo candidato oficialista. Pero nadie puede asegurar que Abinader terminará mal. Está haciendo todo lo necesario para que ocurra lo contrario.
Panorama incierto
En 2026 la economía había empezado con buen pie, con un crecimiento económico sobre 3% en enero, pero la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán sugiere un panorama incierto para el período, si se considera cómo se ha disparado el precio del barril de petróleo, con un escalamiento de hasta US$100., lo que impacta el financiamiento del presupuesto nacional. Además, amenaza la política de estabilidad de precios que ha sido una apuesta del gobierno.
El ministerio de Industria y Comercio anunció un aumento del subsidio para el financiamiento de los combustibles de uso doméstico por RD$544.8 millones, para mantener los mismos precios en la semana del 7 al 13 de marzo.
Habría que ver cuál sería el impacto en la economía, si la guerra continúa por demasiado tiempo.
En una situación como esa, difícilmente el gobierno pueda hablar de nuevas fuentes de financiamiento del gasto público, lo que aleja la posibilidad de una reforma fiscal, que de por sí se veía remota. En cualquier caso, sería demasiado tarde, cuando el próximo 16 de agosto a la administración solo le quedarían dos años.
En esas condiciones, con más limitantes para la inversión, apuntalar al gobierno no sería fácil, y en un ambiente como ese alimentaría cualquier discurso opositor. Fernández probablemente estaría en mayor posibilidad de capitalizar la situación y fortalecerse como la figura a vencer en las próximas elecciones.
Nota al margen:
No se trata de “dar ideas”
ni descalificar nadie
En la perspectiva o en el análisis noticioso no se busca decir o indicar a ningún político qué debe o no debe hacer para llegar al poder. Simplemente se trata de superar la narración lineal de la cotidianidad, y a partir de la evolución de los acontecimientos hacer un ejercicio libre sobre lo que podría ocurrir.
Entran en juego los hechos que caracterizan la coyuntura y a partir de ellos valorar posibles escenarios que en ningún caso pueden ser definitivos, sino que marcan el momento o el período en que se observan. De modo que se revisan datos, números actuales o históricos, los discursos y las percepciones de lo que pudiera ser una realidad estimada.
Y no faltan la recolección de información, las consultas de fuentes y personas, antecedentes, y se llega a aproximaciones, todo en el marco de un contexto determinado, que puede variar con el paso del tiempo.
Y se trata por todos los medios de optar por una posición profesional que no comprometa el juicio propio al evaluar los acontecimientos, sin prejuicios ni descalificaciones, porque a fin de cuentas, las normas constitucionales o legales determinan las reglas del juego político.
La constitución de la República establece los requisitos para ser presidente de la República. El artículo 123 establece que para ser presidente de la República se requiere: “1) Ser dominicana o dominicano de nacimiento u origen; 2) Haber cumplido treinta años de edad; 3) Estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos; 4) No estar en el servicio militar o policial activo por lo menos durante los tres años previos a las elecciones presidenciales”.
El artículo 22 enumera los derechos de las ciudadanas y ciudadanos: “1) Elegir y ser elegibles para los cargos que establece la presente Constitución…”
El artículo 208 sobre el ejercicio del sufragio establece que “es un derecho y un deber de ciudadanas y ciudadanos el ejercicio del sufragio para elegir a las autoridades de gobierno y para participar en referendos. El voto es personal, libre, directo y secreto. Nadie puede ser obligado o coaccionado, bajo ningún pretexto, en el ejercicio de su derecho al sufragio ni a revelar su voto”.
De modo que los ciudadanos son los llamados a decidir quién o quienes habrán de regir los destinos nacionales y a nadie se le puede negar el derecho de elegir y ser elegido.
Un comentarista o analista es libre de hacer las observaciones o apreciaciones que descubra en la sociedad, y no sería adecuado impugnar o descalificar a nadie a quien la constitución le consagra sus derechos.
El pueblo es soberano y sabrá elegir, al margen de las trampas que suelen hacerse para torcer la voluntad de los electores.

