Haití: Un Estado fallido dominado por bandas y una amenaza inminente para la seguridad nacional dominicana

Por Margarita Feliciano

Haití ha colapsado como Estado. Lo que comenzó con tres bandas criminales desestabilizando la nación, ha derivado en un escenario alarmante: hoy son aproximadamente 200 bandas armadas las que controlan gran parte del territorio haitiano, actuando como señores feudales. Estas estructuras criminales han sustituido al gobierno, se reparten zonas, imponen su ley, cobran peajes, secuestran, asesinan y siembran el terror. El país vecino ya no es gobernado: es un territorio sumido en la anarquía total.

Esta situación no es un problema lejano ni ajeno a la República Dominicana. Estas bandas se encuentran a un paso de nuestra frontera, una línea que no es ni segura ni resistente, pese a los discursos oficiales. Estamos ante una amenaza real y progresiva que compromete nuestra seguridad, estabilidad y soberanía.

El gobierno dominicano no puede seguir postergando decisiones. Debe declarar la inmigración haitiana como una emergencia nacional y trazar políticas firmes de seguridad con el apoyo de los organismos de inteligencia, los cuerpos de investigación, la Armada y los cuerpos castrenses del Estado. Hay que actuar con contundencia, porque la amenaza no es hipotética: es inminente.

La vía diplomática se ha agotado. En Haití no hay con quién negociar. No existen autoridades legítimas con control territorial. Los únicos actores reales son bandas criminales que no creen en diplomacia ni en el orden internacional. Insistir en reuniones, protocolos y consensos es una pérdida de tiempo que podría costarnos muy caro.

Si no actuamos ahora, no solo enfrentaremos un flujo migratorio incontrolado, sino también la posibilidad de que esas bandas armadas penetren nuestro territorio, desde la frontera hasta la capital. No se trata de alarmismo: es un escenario que se construye día a día, mientras miles de haitianos cruzan buscando refugio o mejores condiciones de vida.

La República Dominicana ha sido solidaria, pero también es un Estado soberano con el derecho de ejercer sus leyes migratorias y su territorio, como lo hicieron nuestros Padres de la Patria cuando enfrentaron amenazas externas. No podemos permitir que nuestros limitados recursos terminen siendo absorbidos por una crisis ajena, mientras nuestros propios ciudadanos luchan por acceder a servicios básicos.

Ahora bien, es importante subrayar que los haitianos no son nuestros enemigos. Son víctimas de las mismas bandas que han destruido su país. Por eso, la comunidad internacional debe asumir su responsabilidad y coordinar acciones concretas para enfrentar a estos grupos armados, devolverle la paz y el control al pueblo haitiano, y apoyar la instalación de un nuevo gobierno democrático. Solo así podrá iniciarse la reconstrucción institucional y económica de Haití, generando condiciones dignas para sus ciudadanos, sin que tengan que emigrar masivamente. Ayudarlos, sí, pero en su propio territorio. Esa es la única solución real y sostenible ante la emergencia actual.

Como dijo el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte:

“Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin honor.” El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico…O no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.

Hoy más que nunca, esas palabras deben ser guía, advertencia y compromiso.

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