La alterativa: será democrática o no será

Por César Pérez

En este año y algo del segundo mandato de Donad Trump, el mundo se ha puesto patas arriba. Las absurdas, disparatadas y bestiales acciones que en tan poco tiempo este ha cometido han producido abruptos cambios en el orden mundial, cuyo procesamiento es en extremo difícil. A ese propósito, los comentarios y la perspectiva de algunos, intelectuales públicos, de respetados analistas y pensadores sitúan estas acciones, a veces, rayanas en lo apocalíptico. En general, las opiniones de estos sectores coinciden en que esas acciones tienen un carácter estructural que determinarían un mundo absolutamente inmanejable. Al principio parecía que era así, pero hay varios hechos que estarían indicando los límites de las veleidades del grupo Trump y el rotundo rechazo a éste desde una perspectiva política.

La profundidad de los cambios que se han operado en el mundo a raíz de la nueva irrupción de ese personaje en la política de su país y el gran impacto que sus iniciativas/veleidades han producido en el mundo, pero no llegan al punto de constituirse en una revolución. No marcan una nueva era. Lo primero es que el referido individuo tiene un contexto y sistema político, el de su país, difícilmente modificable a golpe de efecto por una persona o grupo. Es un sistema político que ha mostrado tal solidez a través del tiempo que se sitúa como el más viejo, sólido y estable del mundo. Sin negar que, como imperio, está de capa caída. El otro factor es el carácter fatal de un calendario electoral que fija fechas y la duración de los mandatos.

En ese sentido, las multitudinarias manifestaciones bajo la consigna, “No Reyes”, aludiendo a Trump, que se piensa rey, participan muchos aspirantes a congresistas del Parido Demócrata para las elecciones de medio término en noviembre próximo y varios aspirantes a ese mismo puesto por el Partido Republicano, incluso algunos actualmente en ejercicio, en franca oposición a las acciones de su presiente, marcando diferencia con aquel por convicción o porque asociarse a sus políticas los condena a una derrota. Participan, además, jóvenes que no quieren verse envueltos en los frentes de conflictos armados sistemáticamente abiertos por su presidencia.

El fenómeno Trump ha demostrado tener más limitaciones que las previstas, pero los terribles daños causados a su país y al mundo en sólo un año han provocado una repulsa de tal calado que ha determinado que EE. UU. pierda de tradicionales aliados fundamentalmente en Europa y en otras regiones del mundo. El no a las guerras, a las violaciones de la soberanía y a los derechos fundamentales de todo tipo y generaciones en esencia constituye la posibilidad de construir una alternativa a la internacional del odio y del trumpismo.

Igualmente, la condena a toda forma de guerra violatoria a la soberanía de los pueblos es el sentir de los participantes en las protestas “No Kings” y de diversos gobiernos y fuerzas políticas, de instituciones sociales, políticas eclesiales y singulares personas. Quien no se apegue a ese principio transitará el camino de la intrascendencia o arriando banderas descoloridas y raídas por la implacable acción del tiempo y de los tiempos.

 

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