La declaración de independencia de la Corte Suprema de EE. UU
Por Adam Liptak
Desde el fallo de 2024 que otorgó al presidente Donald Trump una amplia inmunidad judicial, y pasando por una veintena de órdenes de emergencia que daban luz verde de manera provisional a una serie de iniciativas de su segundo mandato, Trump ha tenido una racha extraordinariamente favorable ante la Corte Suprema de Estados Unidos.
Esta racha se interrumpió súbitamente el viernes, cuando el presidente de la corte, John Roberts Jr., escribiendo en nombre de seis miembros del tribunal, rechazó categóricamente el programa de aranceles de Trump. Es la primera sentencia de fondo de la Corte Suprema —un fallo definitivo sobre la legalidad de una acción ejecutiva— sobre un elemento de la agenda del segundo mandato del gobierno. En la práctica, representó una declaración de independencia.
También fue otro episodio en una serie de choques entre los líderes de dos ramas del gobierno federal, hombres de perfiles muy distintos: el presidente del tribunal, mesurado y cerebral, y el mandatario, mordaz y desafiante.
La noche del próximo martes podría ser muy incómoda, si la historia sirve de guía, porque Roberts y varios de sus colegas asistirán al discurso de Trump sobre el Estado de la Unión, y estarán sentados con sus togas a la vista del presidente.
El viernes, en lo que pudo haber sido un adelanto de su discurso, Trump afirmó en una rueda de prensa que se avergonzaba de algunos de los jueces; presumiblemente, los que votaron en su contra. “Son muy antipatriotas y desleales a nuestra Constitución”, dijo.
Existen antecedentes de que un mandatario critique una decisión reciente de la Corte Suprema durante el discurso anual. En 2010, el presidente Barack Obama reprendió a la corte por su fallo en el caso de Citizens United sobre financiación de campañas, que amplificó el papel del dinero en la política. La expresión de Roberts sugería que no le había gustado la reprimenda.
También hubo un momento incómodo el año pasado después de que Trump habló ante el Congreso. Cuando se marchaba, el mandatario saludó al presidente de la corte diciéndole, poco después de la decisión sobre la inmunidad: “Gracias de nuevo. No lo olvidaré”.
Más tarde, en medio de especulaciones de que se refería al fallo de inmunidad, que en gran medida lo protegió de los cargos de haber conspirado para subvertir las elecciones de 2020, Trump explicó que le estaba dando las gracias a Roberts por haberle tomado juramento en su investidura.
El mes pasado, intentando ser gracioso en la cena anual del Club Alfalfa, Trump dijo que no contaría un “chiste cruel” sobre el presidente de la Corte Suprema, quien se encontraba en el lugar. “Le voy a besar el trasero por mucho tiempo”, dijo el presidente.
Esa estrategia no pareció funcionar. En el fallo sobre los aranceles y en otros casos, el presidente del tribunal ha respondido con firmeza.
El pasado mes de marzo, apenas unas horas después de que Trump pidiera la destitución de un juez que pretendía detener la expulsión de más de 200 migrantes a El Salvador, Roberts hizo una declaración pública poco frecuente.
Durante más de dos siglos”, dijo el presidente de la corte, “se ha establecido que la destitución no es una respuesta adecuada al desacuerdo sobre una decisión judicial”.
En 2018, el presidente de la Corte Suprema también defendió la independencia e integridad del poder judicial federal luego de que Trump llamara “juez de Obama” a un magistrado que había fallado en contra de la política de asilo de su gobierno.
Roberts afirmó que eso revelaba una profunda incomprensión del papel del poder judicial.
“No tenemos jueces de Obama o jueces de Trump, jueces de Bush o jueces de Clinton”, dijo en un comunicado. “Lo que tenemos es un grupo extraordinario de jueces entregados que hacen todo lo posible para impartir justicia en igualdad de condiciones a quienes comparecen ante ellos. Ese poder judicial independiente es algo por lo que todos deberíamos estar agradecidos”.
Trump, por su parte, lleva mucho tiempo criticando al presidente de la Corte Suprema. Después del fallo de 2012 que confirmaba una disposición clave de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, Trump escribió en Twitter que “supongo que @JusticeRoberts quería formar parte de la sociedad de Georgetown más de lo que nadie tenía idea”, citando una cuenta falsa. Durante su primera campaña presidencial, Trump dijo que el presidente de la Corte Suprema era “un absoluto desastre”.
En su primer gobierno, a Trump le fue mal en la Corte Suprema en los casos en los que el gobierno federal, un departamento ejecutivo, una agencia independiente o el propio presidente eran parte. Solo se impuso en el 42 por ciento de los casos, el porcentaje más bajo desde al menos el gobierno de Franklin Roosevelt.
En otras palabras, un tribunal fundamentalmente conservador, con una mayoría de seis jueces designados por republicanos, incluyendo a tres nombrados por el propio Trump, no se había mostrado especialmente receptivo a sus argumentos. El gobierno de Biden, en cambio, obtuvo resultados un poco mejores, quedando del lado ganador en el 54 por ciento de los casos.
En el fallo sobre los aranceles, dos de los jueces nombrados por Trump —Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett— votaron con Roberts.
En un informe de fin de año sobre el estado del poder judicial federal, publicado semanas antes de que Trump asumiera el cargo, el presidente de la corte parecía prepararse para lo que venía.
“Los intentos de intimidar a los jueces por sus fallos en los casos son inapropiados y deben ser rechazados con firmeza”, escribió Roberts. “Los funcionarios públicos sin duda tienen derecho a criticar la labor del poder judicial, pero deben tener presente que la intemperancia en sus declaraciones, cuando se trata de jueces, puede provocar reacciones peligrosas por parte de otros”.
NYTIMES

