Listan 24 llamaradas solares en 24 horas: cifra más alta en dos años

La superficie del Sol muestra desde hace semanas un comportamiento que los astrónomos califican como excepcional. El pasado 5 de julio, entre la medianoche y el último minuto del día según el huso GMT, los detectores del Laboratorio de Astronomía Solar ruso identificaron un total de 24 estallidos de plasma y radiación.

Esta cifra marca el episodio diario más activo de los últimos dos años y confirma que la estrella atraviesa una fase de máxima energía dentro de su ciclo natural de once años.

Días antes, el 30 de junio, los mismos equipos captaron una explosión de nivel X, la categoría más violenta que contempla la clasificación científica. Aquel fenómeno funcionó como un primer aviso de que la mancha solar responsable de la actividad estaba lejos de apagarse.

En lugar de disminuir, la frecuencia de los estallidos creció de forma sostenida hasta alcanzar el pico del día 5, una escalada que los modelos predictivos no terminaron de anticipar con precisión.

Para entender la magnitud de lo que sucede, conviene detenerse en la manera en que los especialistas ordenan estos eventos. Las llamaradas solares se clasifican según la intensidad de su emisión de rayos X en una longitud de onda que va de uno a ocho ángstroms.

Esa medición da lugar a cinco categorías: A, B, C, M y X, donde cada letra representa un salto de potencia diez veces superior al anterior. Las de clase A y B carecen de consecuencias fuera del entorno inmediato del Sol, mientras que a partir de la clase C los instrumentos terrestres empiezan a registrar alteraciones.

De las 24 erupciones contabilizadas durante aquella jornada, la mayoría alcanzó o superó el umbral de la clase C. Esto sitúa al conjunto del día en una franja de riesgo modunoerado, aunque sin llegar a los niveles más destructivos de forma generalizada. Sin embargo, la presencia de varias llamaradas de clase M en el mismo período elevó el nivel de vigilancia. 

Estos fenómenos de clase M tienen la capacidad de provocar interrupciones breves en las comunicaciones por radio, sobre todo en regiones cercanas a los polos, donde el campo magnético terrestre canaliza las partículas de alta energía.

Cuando la Tierra siente el impacto

Las tormentas de radiación que acompañan a los estallidos más severos representan una amenaza que los centros de predicción meteorológica espacial siguen minuto a minuto. Una llamarada de clase X, como la que surgió el 30 de junio, posee energía suficiente para desencadenar apagones de radio que abarcan continentes enteros.

Durante esos episodios, las señales de navegación por satélite sufren degradaciones notables y las aerolíneas que operan rutas transpolares a veces optan por desviar sus vuelos para evitar zonas de comunicación nula.

Los registros del 5 de julio reactivaron el debate sobre la preparación de las infraestructuras tecnológicas ante un escenario de tormenta solar extrema. Aunque las 24 llamaradas no incluyeron una de clase X, la reiteración de explosiones de intensidad media-alta somete a la magnetosfera terrestre a un estrés continuo.

Cada nuevo impacto dificulta la recuperación del equilibrio electromagnético y amplía la ventana de vulnerabilidad para las redes eléctricas y los sistemas de posicionamiento global que dependen de relojes atómicos sincronizados.

Vigilancia desde Moscú para todo el planeta

El Laboratorio de Astronomía Solar, que forma parte de la estructura del Instituto de Investigaciones Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia, centraliza buena parte de los datos que permiten reconstruir estos episodios.

Sus boletines confirman que el incremento de la actividad solar ya mostraba signos evidentes en las 24 horas previas al pico de 17 erupciones que mencionaron en su informe anterior. Aquel antecedente contenía ya dos eventos de gran intensidad, lo que indicaba que la región activa del Sol, una mancha de dimensiones colosales, liberaba energía de forma compulsiva.

La comunidad científica internacional cruza ahora la información del laboratorio ruso con las imágenes que proporcionan los satélites SOHO y el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA.

El objetivo consiste en determinar si la mancha responsable de este brote mantiene una configuración magnética propensa a nuevas explosiones de categoría X. Las simulaciones más recientes sugieren que la región continuará activa durante los próximos días, aunque con una probabilidad de megaerupciones que por ahora se mantiene por debajo del veinte por ciento.

El actual ciclo solar, que comenzó en diciembre de 2019, se acerca a su punto culminante con una intensidad que muchos investigadores consideran superior a las predicciones iniciales.

Las 24 llamaradas del 5 de julio refuerzan la hipótesis de que este máximo solar resulta especialmente enérgico, con una frecuencia de eventos que no se observaba desde los registros de 2022.

Cada nuevo dato obliga a recalibrar los modelos de actividad estelar y a revisar los planes de contingencia de los operadores de satélites, que necesitan anticipar con horas de margen la llegada de nubes de plasma.
AL MAYADEEN

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