Llegan buques de USA:¿Haití en el foco?

Por Luis Rodríguez Salcedo

La llegada a la bahía de Puerto Príncipe de los buques USS Stockdale, USCGC Stone y USCGC Diligence no es un gesto neutro. Es una señal. Washington despliega músculo naval mientras Haití se asoma, otra vez, al abismo de la violencia y la orfandad política.

La embajada de Estados Unidos en Haití enmarcó el movimiento dentro de la operación Southern Spear (Lanza del Sur), ordenada por el secretario de Defensa Pete Hegseth. El discurso oficial habla de lucha contra el narcotráfico “narcoterrorista”, estabilidad regional y protección de civiles. El subtexto, sin embargo, es más espeso.

Southern Spear forma parte de un despliegue más amplio en el Caribe y el Pacífico. En el papel, interceptar rutas marítimas del narcotráfico. En la práctica, proyectar control en un tablero donde Haití se ha convertido en territorio disputado por pandillas, intereses externos y una institucionalidad exhausta. Washington insiste en que no se trata de intervención. La historia haitiana —y latinoamericana— invita a la cautela.

Las bandas criminales llevan años gobernando barrios enteros con asesinatos, violaciones, secuestros y saqueos. La “fuerza contra pandillas” que dice operar para proteger civiles llega tarde y fragmentada. Los “intensos tiroteos” que motivaron alertas de seguridad desde la embajada estadounidense describen mejor la realidad: el Estado haitiano no controla su capital.

A la presencia naval se suma un golpe diplomático: nuevas restricciones de visado contra altos funcionarios haitianos, incluidos miembros del Consejo Presidencial de Transición (CPT), acusados por Washington de connivencia con pandillas. El mensaje es inequívoco: sin limpieza política no hay apoyo. El problema es el calendario: el mandato del CPT expira el 7 de febrero y el relevo no está claro.

Estados Unidos habla de “futuro mejor”. Haití escucha ecos de tutela. La presencia de buques puede disuadir rutas criminales, sí; también puede redefinir la balanza de poder interno sin resolver la raíz del caos: pobreza extrema, colapso institucional y una economía capturada por armas y rentas ilegales.

Haití vuelve a ser escenario y no protagonista. Entre cañoneras y comunicados, la isla queda atrapada en una paradoja: necesita seguridad, pero teme el precio. Cuando el orden llega por mar y la política se castiga por aire (visas), el riesgo es que la paz sea un paréntesis y la soberanía, una nota al pie. Aquí, como tantas veces, la quilla corta el agua… pero no las causas.

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