Los Illuminati: Los hombres reales detrás del miedo mundial

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Su nombre evoca imágenes de riqueza obscena, rituales extraños y un control absoluto sobre los gobiernos del mundo. Pero la verdadera historia de los Illuminati es mucho más ordinary, y comienza no en un palacio oculto, sino en las aulas de una universidad alemana, con un profesor frustrado que quería cambiar el mundo usando la razón.

El hombre, no el mito
Imagine a Adam Weishaupt. No es un hechicero ni un noble adinerado. Es un joven profesor de Derecho Canónico en la Universidad de Ingolstadt, en la Baviera de 1776. Está harto.
Está harto del control absoluto que tiene la Iglesia Católica sobre la educación y la vida intelectual. Está harto de los privilegios de la realeza. En una época donde las ideas de la Ilustración -la razón, la libertad, el progreso- comienzan a extenderse por Europa, Weishaupt ve su entorno como anticuado y opresivo.
Su sueño no era dominar el mundo. Era iluminarlo.
«El objetivo de Weishaupt era combatir la ignorancia y la superstición», explica la historiadora Elena Torres. «Quería crear una sociedad donde se pudieran debatir libremente ideas filosóficas y científicas, lejos del dogmatismo religioso. El nombre lo dice todo: ‘Illuminati’ significa ‘los iluminados’».
La Sociedad Secreta (Real)
El 1 de mayo de 1776, Weishaupt funda la «Orden de los Illuminati». Sus reglas eran más parecidas a las de un club de debate radical que a las de una secta oscura:
• Secreto: Para protegerse de la persecución de las autoridades.
• Reclutamiento selectivo: Buscaban hombres influyentes, intelectuales y progresistas.
• Objetivo claro: Educar a sus miembros, reformar la sociedad y reducir el poder de la iglesia y el estado autoritario.
Usaban seudónimos (Weishaupt era «Hermano Espartaco»), tenían ceremonias de iniciación y un sistema de grados para ascender. En su mejor momento, llegaron a tener entre 650 y 2.500 miembros. No millones. No miles de millones. La Caída (Real) y el Nacimiento del Monstruo (Imaginario) El éxito de los Illuminati fue breve. En 1784, el gobierno bávaro, alertado por sus ideas revolucionarias, los prohibió junto a otras sociedades secretas, como los masones. Weishaupt perdió su trabajo y huyó del país. Para 1787, la orden original estaba completamente disuelta. Fin de la historia. O eso debería haber sido.
¿Cómo pasaron de ser un club de intelectuales a los amos del mundo en la imaginación popular?
La respuesta está en el miedo y la desinformación.
Tras la Revolución Francesa (1789), el pánico se apoderó de las monarquías europeas. ¿Cómo había caído el rey de Francia? Tenía que haber una explicación, un plan maestro. «Autores conservadores, como el jesuita Augustin Barruel, escribieron libros bestseller donde tejieron una teoría fantástica», señala Torres. «Argumentaron que los Illuminati, infiltrados en la masonería, habían orquestado la Revolución Francesa para destruir la religión y las monarquías. Fue el primer ‘virus’ de una teoría conspirativa moderna, y se propagó por Europa a la velocidad de la tinta y el papel». La semilla del mito estaba plantada. Los Illuminati reales habían muerto, pero su leyenda, como un fantasma, comenzaba su vida eterna.
En el próximo artículo: Dejamos atrás el mito alemán para adentrarnos en la hermandad que sí tuvo un poder real y moldeó naciones: los Masones. Descubriremos por qué hay tantos símbolos masónicos en Washington D.C. y qué buscaban realmente estos «arquitectos de la libertad».
Esta es la segunda entrega de una serie de 5 artículos. La próxima semana: ‘Los Masones: ¿Arquitectos de la Libertad o Sociedad de Ricos?’.
(Recuadro: Mito vs. Realidad)
• MITO: Los Illuminati son una sociedad milenaria que controla todos los bancos y gobiernos.
• REALIDAD: Fueron fundados en 1776 y disueltos en 1787. Su objetivo era promover la razón y oponerse al abuso de poder.
• MITO: Usaban el «ojo que todo lo ve» como símbolo de su control omnisciente.
• REALIDAD: Su símbolo era el búho de Minerva, diosa de la sabiduría. El «ojo que todo lo ve» es un símbolo masónico mucho más antiguo, relacionado con la vigilancia de Dios.
• MITO: Celebran rituales satánicos.
• REALIDAD: Sus reuniones debatían filosofía y cómo lograr reformas sociales.

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