Medio Oriente en 2025: ¿EE. UU. o “Israel”?
Por Yailé Balloqui Bonzón
El año 2025 dejó en evidencia que las tragedias que atraviesan Medio Oriente no pueden separarse del papel central del proyecto expansionista de “Israel” ni del constante respaldo político, militar y diplomático de Estados Unidos.
Tal alianza, sostenida por décadas, impone una arquitectura de violencia envuelta en la disyuntiva histórica de si Occidente controla a los israelíes o si, de hecho, ocurre lo contrario.
El apoyo de EE. UU. a “Israel” no es solo estratégico; es una declaración de complicidad activa en la opresión moderna. Actuando como un gendarme colonial, “Tel Aviv” sofoca cualquier resistencia que desafíe el control imperialista estadounidense, perpetuando la ocupación, la limpieza étnica y el apartheid.
Detrás de la fachada de “alianza democrática”, este respaldo significa sangre y tierra arrasada en Palestina y Líbano, ocupación en Siria y la demonización de la Revolución Islámica de Irán.
A partir de la agresión israelí contra Gaza iniciada el 7 octubre de 2023, la región ha sido estremecida, una vez, más por una cadena de acontecimientos que han redefinido su equilibrio: las incursiones devastadoras del “ejército” israelí; las sacudidas —aunque sin lograr su caída— de los movimientos de Resistencia palestinos y libanés; la crisis del comercio marítimo en el mar Rojo; la caída del régimen de Bashar al-Asad en Siria; y, finalmente, el estallido de una confrontación directa entre Irán e “Israel”. Siempre con Estados Unidos en participación abierta.
Gaza y el proyecto del “Gran Israel”
Al cumplirse dos años de la guerra genocida israelí, la administración Trump —que financió y suministró todo el armamento y el apoyo político a “Israel”, incluyendo el veto de seis resoluciones de alto el fuego en la ONU— puso sobre la mesa “su plan” y decidió el fin de la guerra.
Este “plan de paz” para Gaza y de “Gran Israel”para Medio Oriente se basó en dos pilares: La destrucción total de Hamas y aliados, una promesa hecha por Benjamín Netanyahu a Joe Biden que, dos años después, no se ha cumplido.
A ello, le sumaba la expulsión masiva de los palestinos y la consolidación de un “resort” para judíos ricos, un sueño del alto mando militar sionista, impulsado por la llegada de Trump.
Para ello debían concretar la deportación de todos los palestinos, una visión acompañada por la siniestra ironía del extremista Ben Gvir, quien habló de “rociar de plomo” a los palestinos para asegurar que “los que queden se irán solos”.
Sin embargo, la realidad es otra. La guerra nunca se acabó, pues el día a día aterroriza a los civiles: a pesar de la supuesta tregua del pasado 11 de octubre, las autoridades palestinas contabilizan más de 400 mártires, y se mantienen los bombardeos, la negativa de “Israel” a permitir la entrada completa de ayuda y, sobre todo, la negativa a implementar la segunda fase del acuerdo.
Destrucción, hambruna y presión por el desarme, pero la Resistencia del pueblo palestino sigue en pie. La sangre derramada por más de 70 mil palestinos desde el 7 de octubre de 2023, se ha convertido en ímpetu, dejando claro que la única forma de salvar al mundo de la barbarie es RESISTIR.
Líbano: Resistencia, crisis política y el “Gran Israel”
Líbano es uno de los frentes más importante para el Estado sionista en su plan expansionista del «Gran Israel».
Hace un año, “Israel” y Líbano alcanzaron un presunto acuerdo de cese al fuego con mediación de Estados Unidos, el cual el sionismo violó unas 10 mil veces por tierra, mar y aire en 12 meses, dejando cientos de asesinatos y la ocupación de cinco puntos en el sur de la nación.
El escenario político se tensa con la llegada de un gobierno proestadounidense encabezado por el primer ministro Nawaf Salam y la injerencia de la Casa Blanca a través de su enviado Thomas Barrack.
Ante la continuidad de las agresiones, el presidente de la República, Joseph Aoun, expresó la imposibilidad de desarmar a la Resistencia y anunció que el Ejército libanés podría comenzar a responder a los ataques del ocupante.
En esa misma línea, el movimiento de la Resistencia Islámica del Líbano, Hizbullah, rechazó frontalmente cualquier discusión sobre su desarme, bajo la certeza de que las continuas violaciones israelíes confirman la necesidad de una resistencia organizada.
Desmantelar su estructura militar en un momento de agresiones constantes equivaldría a dejar al país indefenso, y así lo constató también su líder, Sheik Naim Qassem.
Según enfatizó, la constante agresión israelí nada tiene que ver con las armas que posee el grupo militar, sino solo busca sentar las bases para una ocupación gradual que incluya a Líbano como parte del “Gran Israel”, alertó.
La máxima dirección de Hizbullah también ha dejado claro que la demanda de desarmar a la Resistencia responde a una imposición estadounidense-israelí y no a una decisión libanesa.
La Resistencia está conformada por el pueblo, el mismo que acompañó en una peregrinación multitudinaria la despedida de su líder, Sayyed Hassan Nasrallah.
Justificar los crímenes israelíes a causa de las armas de Hizbullah es desconocer décadas de lucha libanesa contra el sionismo y el colonialismo.
Siria: gobierno de transición y objetivos imperialistas
Los hilos de Washington siguen empujando a Siria al abismo. Durante el año 2025, se consolidó la entrada en escena de Ahmad al-Sharaa (cuyo nombre anterior era Al-Golani), la mejor creación de Occidente y el sionismo.
El actual líder de Siria es producto de quienes lo controlan y se convirtió en la “salvación” de la supuesta revolución que derrocó a Bashar al-Asad.
Se ha documentado que, desde hace más de una década, Estados Unidos lanzó una de las operaciones más costosas de la CIA para apoyar a cualquiera que derrocara a al-Asad.
De igual forma, los israelíes comenzaron a respaldar, a partir de 2013, al menos a una docena de grupos de la oposición siria, incluido el Frente al-Nusra de Al-Golani.
Hoy, la comunidad internacional está normalizando, colaborando y celebrando reuniones frecuentes con un hombre no elegido democráticamente y que preside un régimen corrupto, impasible mientras la violencia sectaria cobra miles de vidas.
Los objetivos del imperialismo y el sionismo respecto a Siria eran claros:
- fragmentar el país en líneas sectarias
- saquear sus recursos
- someter su economía a los mecanismos del FMI y el Banco Mundial mediante sanciones y asfixia financiera
- consolidar la ocupación del Golán
- destruir sus capacidades militares
- aislarlo del Eje de la Resistencia para imponer un gobierno subordinado a intereses externos.
Tristemente, esos propósitos se materializan en la nación levantina, mientras el pueblo paga un costo humano, social y económico extremadamente alto.
Irán: guerra de los 12 días y la respuesta decisiva
En su hostilidad desmedida, “Israel” y Estados Unidos intentaron acabar con la Revolución Islámica.
En junio, ejecutaron una agresión que incluyó el asesinato de altos mandos militares, científicos y civiles. Washington otorgó cobertura total a “Tel Aviv”, y sus aviones cazas lanzaron bombas sobre tres centros clave del programa nuclear pacífico iraní.
Sin embargo, volvieron a equivocarse. La operación “Promesa Veraz 3” de Irán no solo impactó en blancos vitales de la entidad sionista, sino que fue capaz de alcanzar la base norteamericana Al Udeid, la más grande de la región y ubicada en Qatar.
El impacto fue tal que el enemigo se vio obligado a solicitar un acuerdo de alto al fuego en tan solo 12 días, poniendo fin a esta confrontación directa.
Culminaba así la “Guerra de los 12 días”, de la cual Irán salió más fortalecida y que, según sus propios altos jefes militares, le ofreció 12 años de experiencia militar.
La guerra impuesta contra Irán expuso la falsedad de Estados Unidos y su irrespeto a la diplomacia, así como la complicidad de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y la troika europea (Alemania, Francia y Reino Unido).
Irán logró transmitir, a través de su diplomacia, un rechazo a los esfuerzos de aislamiento occidentales y una reafirmación de su giro estratégico hacia el Este.
Otros frentes de Resistencia
En otros frentes, el Eje de la Resistencia, conformado por Yemen, Irak y Hizbullah,mantuvo su unidad frente al enemigo imperialista.
Yemen afianza su apoyo total a la causa palestina, enfrentándose a EE. UU. y a “Israel”en el mar Rojo, a pesar de que Trump designó, poco después de su vuelta a la Casa Blanca, a Ansar Allah como organización terrorista internacional.
El rol de los países árabes y sus negociaciones con “Israel”, incluyendo los Acuerdos de Abraham, se vieron cuestionados en el contexto de la guerra genocida.
Irak consolidó en 2025 un rol de estabilidad regional, marcado por el rechazo político y social a las posiciones pro-israelíes y a la presencia militar de Estados Unidos en la nación.
Tras las elecciones parlamentarias, este escenario refleja un cambio estructural tras años de inestabilidad, en el que amplios sectores consideran que la soberanía y la seguridad nacional dependen de decisiones autónomas y del fin de la injerencia extranjera.
Aunque Washington sostiene que su despliegue en Irak responde a una misión de asesoramiento y apoyo, las tropas estadounidenses no se han retirado por completo del país desde 2003. Esta permanencia mantiene abierto uno de los principales debates políticos, ya que facciones de la Resistencia iraquí y fuerzas parlamentarias responsabilizan a Estados Unidos de apoyar la agresión contra Gaza y de contribuir a la inestabilidad regional, lo que refuerza las demandas para una retirada total y verificable.
En el contexto postelectoral, Irak reafirma su alineamiento con la región, en especial con el pueblo palestino, y se proyecta como un actor clave para el equilibrio y la estabilidad en Medio Oriente.
Presupuesto, prioridades de EE. UU. y la pregunta para 2026
La gira de Donald Trump por Medio Oriente en mayo de 2025 funcionó como una señal política más que diplomática. Al priorizar Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos —y omitir a “Israel”—, Washington dejó claro que su urgencia no era gestionar conflictos, sino captar capitales del Golfo para sostener su economía y su complejo industrial-militar.
Los anuncios de inversiones y contratos multimillonarios en defensa, energía y tecnología expusieron una diplomacia abiertamente transaccional: Medio Oriente como fuente de financiamiento y mercado estratégico, mientras la guerra seguía su curso sin mediación real.
En paralelo, el centro de gravedad estratégico estadounidense se reacomoda. La Casa Blanca publicó en diciembre de 2025 su Estrategia de Seguridad Nacional, donde insiste en el control de focos de conflicto, pero el tablero se amplía y reordena prioridades globales.
Ese giro no redujo la musculatura militar: el Congreso avanzó con el presupuesto de defensa para el año fiscal 2026 que asciende a unos 901 mil millones de dólares.
El paquete incluyó fondos para Ucrania y otros actores, pero su apoyo a “Israel” se mantuvo como componente estructural: autorizó 500 millones para cooperación antimisiles en 2026, además de 80 millones para programas estratégicos y cooperación en tecnologías emergentes.
En base a esta realidad, la pregunta que se abre entonces hacia 2026 es política y estratégica: ¿cómo se administrarán los intereses de Washington en Medio Oriente y más allá? ¿Desde la Casa Blanca o mediante las lógicas guerreristas de “seguridad” de “Israel”?
AL MAYADEEN

