Para comprender la fase histórica que vivimos.
Por Juan Carlos Espinal.
En una mirada de contraste a los ciclos históricos en el Caribe de finales de 1900s, nos sumergimos en los antecedentes sociopolíticos qué definen las características culturales de los períodos de gobiernos del PRD en el siglo XX, para tratar de comprender los acontecimientos que se dan en la segunda década del siglo XXI.
Con ésta entrega iniciamos la publicación de una serie de artículos, buscando respuestas políticas a la expansión del nuevo orden multipolar en la región.
El advenimiento del PRM al poder político de República Dominicana en 2020 coincide con una etapa histórica marcada por el fin de la hegemonía de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe.
La segunda década del siglo XXI comenzó con la división del Partido de la Liberación Dominicana, el ascenso al poder Ejecutivo del presidente Luis Rodolfo Abinader Corona 2020-2024 ; 2024 – 2028, coincidiendo su mandato con la administración del presidente Joe Biden de los Estados Unidos, profundamente implicado en la política interna de las naciones latinoamericanos y caribeñas, amenazando con intervenir en Haití, desestabilizando en Ecuador, Argentina y Colombia; sancionando a Venezuela y Nicaragua.
El saliente presidente Demócrata Joe Biden profundizó el bloqueo económico a Cuba, alentó la guerra en Ucrania, fomenta la desestabilización en Medio Oriente, llegando a socavar la Unión Europea.
Para quienes tienen conciencia histórica, la situación geopolítica qué atraviesa la región del Caribe en 2024, es similar a los hechos que ocurren entre los años 1978-1986 y 2000-2004, dado que los acontecimientos socioeconómicos y políticos que se están desarrollando ahora tienen un vínculo con lo que estuvo sucediendo durante décadas atrás.
En realidad, los escenarios geopolíticos que se presentan durante el mandato del gobierno del presidente Abinader 2024-2028 se asemejan a los acontecimientos históricos que se sucedieron durante los años de gobierno de Antonio Guzmán 1978-1982, Salvador J. Blanco 1982-1986 e Hipólito Mejía 2000-2004.
Dado que las causas y las consecuencias de los fenómenos sociales, culturales, políticos y económicos tienen una gran similitud, excepto por los actores, los contenidos, las individualidades y el sentido específico de su retórica, en tiempo y espacio podemos describir con increíble exactitud muchas situaciones qué sucedieron en el pasado que tienen lugar en la actualidad.
En verdad, las actuales circunstancias históricas son el reflejo de un relación desigual que ha existido entre los gobiernos de Estados Unidos y de la República Dominicana, por más de un siglo.
En el siglo XXI, el apogeo de las intervenciones militares, los golpes de Estado y los magnicidios en el Caribe se deben a la historia del involucramiento del Pentágono en los asuntos internos de República Dominicana, qué comienza en el siglo 19, se profundiza con la invasión militar en 1916-1924, se consolida con el régimen dictatorial de Rafael L. Trujillo Molina 1930-1961 y se materializa como instrumento politico del imperialismo occidental en 1965.
La injerencia del Departamento de Estado de Estados Unidos en el país avanza rápido entre 1966-1978 hasta filtrar las instituciones públicas nacionales, el Congreso, los partidos políticos, los altos centros de estudios universitarios, el sector financiero y el sistema escolar.
Desde 1890 hasta 1994, toda crisis social, política o económica que desemboca en dictadura se afinco en República Dominicana gracias al constante involucramiento y control político del Departamento de Estado de Estados Unidos en los asuntos internos dominicanos.
Las manipulaciones políticas y financieras, los frecuentes informes sesgados de USAID, el uso indiscriminado de la fuerza letal en ocasiones y la creciente penetracion del capital financiero estadounidense en el sector privado de la economía fondomonetarista Dominicana facilitó el advenimiento de cataclismos sociales, desestabilizaciones políticas y convulsiones excepcionales.
La política injerencista de Estados Unidos en el Caribe se mantiene vigente a través de ONGs como Participación Ciudadana, entidades financieras como la Cámara Dominico-Americana de Comercio, el lobbie del CONEP en el Congreso Nacional, la subordinación del Ejército Nacional y un vasto sistema de comunicación corporativo basado en la propaganda.