¿Por qué los habitantes de La Zurza no pueden salir del laberinto de la pobreza?
Con la paciencia del personaje bíblico Job y 81 años a cuesta, Alberto Ramón Méndez, corta con precisión industrial las lonjas de salami que espera la niña cliente en su destartalada pulpería cercana a la zona denominada La Pocita, en el sector La Zurza, un barrio al norte del Distrito Nacional.
Es viernes y son las 4:00 de la tarde, Méndez no pierde tiempo en excusarse ante el visitante no invitado (este redactor), para ceder a los reclamos de un vicio legal que le llegó cuando era muy joven: “Es el único gusto que todavía me puedo dar”, exclamó, mientras una hilera de humo salía de sus labios y su mirada se perdía sobre las turbias aguas del río la Isabela.
Allí, los pronósticos de lluvias generan incertidumbre entre los habitantes, quienes comienzan a colocar los ajuares de más valor sobre los espacios más altos de las casas o casuchas, pues sin dudas los aguaceros provocarán las acostumbradas inundaciones, nos dijo Jean Carlos, quien no quiso decir su apellido, pero su inconfundible acento haitiano lo delata.
Por más que intentamos pasar desapercibido, las lluvias de preguntas nos delataron como periodista, lo que fue advertido por Amalfi Sierra, una mulata de 29 años, madre de tres hijos, quien se quejó de la falta de agua potable en la zona. Ironía de la vida, donde la lluvia es un riesgo para la gente, falta agua para saciar la sed.
Posteriormente me enteré, que en el lugar había una especie de industria de vísceras, que suplían a vendedores ambulantes.
Esta gente, marcada por el bajo nivel de escolaridad se adhiere al ejército de desempleos ampliados del país, que según el Banco Central a diciembre del 2025 era de alrededor del 10.8% de los dominicanos no dispone de un empleo fijo donde ganarse en sustento de su familia.
Sobre los planes del Gobierno de mejorar el entorno o incluso trasladarlos a otro lugar, se mostró escéptico, tras argumentar que cada vez que llega un presidente nuevo las promesas son las mismas.
En tanto el agua del río sube y sale por cualquier callejón, aunque no haya llovido en los últimos dos días, incrustándose como hiedra en las hojalatas y pedazos de madera y block con las que cientos de familias construyeron su sueño de ciudad.
Origen del sector
Según una investigación publicada por Emiliano Vizcaíno, este sector fue creado en 1948 por familias que fueron desalojadas para la construcción de los ensanches Espaillat y Luperón. Esos terrenos formaban parte de la finca del español Buenaventura Peña Cifré, muy relacionado con la familia del dictador Rafael Leónidas Trujillo.
En esa ocasión, a los desalojados se le ofreció como incentivo madera, zinc y los ubicaron en la parte cercana al Río Isabela.
Estos terrenos eran muy accidentados, poco cultivables, con muchas cañadas; no obstante, algunos de sus recientes pobladores aprovecharon el área húmeda para sembrar arroz, plátanos, rulos, yautía, guineo y aguacate.
Vulnerabilidad
Todas las viviendas han sido construidas sin normas urbanísticas en las riberas del río Isabela, especialmente de hojalatas y maderas desechadas.
Servicios básicos: En algunas zonas, solo el 35% de los hogares cuenta con baño propio, mientras que el 65% restante utiliza letrinas.
Intervenciones: Se han realizado reparaciones de viviendas en sectores específicos a través del Plan Dominicana se Reconstruye.
Pobreza extrema: El barrio es considerado uno de los más pobres de la capital, con alta dependencia de ayudas sociales
José Antonio Torres.EN.
