Postes de luz en el olvido: la amenaza silente que pende sobre el Gran Santo Domingo

Al igual que las complejas marañas de cables que cubren el cielo urbano, la sobrepoblación y el deterioro de los postes del tendido eléctrico se han convertido en un peligro latente para peatones y conductores del Gran Santo Domingo.

Sin importar si se trata de sectores exclusivos o de barriadas populares, el problema afecta por igual a toda la metrópoli, contaminando el paisaje visual y exponiendo a la ciudadanía a un riesgo constante de accidentes.

El procedimiento formal parece sencillo: empresas de telecomunicaciones o de energía tramitan permisos ante el Departamento de Tránsito y Movilidad de las alcaldías correspondientes para colocar las estructuras y desplegar sus redes. Sin embargo, la realidad posterior escapa a todo control.

El descontrol en la instalación de postes y el abandono de estructuras obsoletas y las marañas de cables transforman las calles de la capital en una trampa mortal para peatones y conductores

El descontrol en la instalación de postes y el abandono de estructuras obsoletas y las marañas de cables transforman las calles de la capital en una trampa mortal para peatones y conductores

 

Tras años soportando el peso excesivo de alambres, la intemperie y el impacto del tiempo, los postes terminan pudriéndose o inclinándose peligrosamente sin que ninguna autoridad asuma la responsabilidad de retirarlos.

Desorden institucional y duplicación de estructuras

A la falta de mantenimiento se suma la ausencia aparente de un protocolo unificado de ordenamiento territorial. Es habitual observar en una misma esquina hasta cuatro postes contiguos, todos en uso y pertenecientes a distintas empresas de telefonía, telecable o distribución eléctrica.

Aunque en ocasiones comparten infraestructura, con frecuencia cada compañía opta por plantar sus propios postes según sus necesidades, saturando el espacio público. Además, estos postes sirven como almacén para cables que son dejados en el lugar para futuras instalaciones.

El peligro se multiplica cuando las empresas sustituyen el tendido antiguo por infraestructuras modernas de aluminio o cables de mayor grosor, pero dejan en el mismo lugar el sistema viejo y en mal estado.

La incorrecta ubicación de una gran cantidad de postes para los cables de electricidad o comunicación obstaculizan las aceras destinadas al peatón y reduce el espacio aéreo y en las vías, lo que provoca dificultad para el libre tránsito de los peatones por las aceras.

Riesgo operativo y la amenaza de una falla en cadena

Más allá del impacto estético y el obstáculo físico, el desorden que se genera de forma aérea se replica en los terrenos de las aceras donde hay hileras de postes de concreto, aluminio y madera. Hay zonas donde seis estructuras verticales harían el trabajo, sin embargo, hay 15 o más.

Para dimensionar la magnitud del problema basta con observar la calle Barney Morgan, en el tramo comprendido entre las avenidas Duarte y Francisco del Rosario Sánchez. En esa vía se contabilizan alrededor de 200 postes, muchos de ellos sostenidos únicamente por la tensión de los alambres que los unen.

“Yo he leído en la prensa que el Gobierno y el Ayuntamiento iniciarán una batida contra los alambres en las calles, pero hasta ahora no se sabe cuándo y dónde será. Ellos están esperando que venga un ciclón o un terremoto y tumbe todo”, manifestó José Antonio Sánchez, residente en Villa Juana.

Ciudadanos coinciden en que la vulnerabilidad es crítica: un ventarrón de gran intensidad o un sismo de baja magnitud podrían desencadenar una reacción en cadena, derribando cientos de estructuras en cuestión de minutos y generando consecuencias incalculables para la seguridad y la infraestructura de la ciudad.

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