Previo a la guerra en Irán, la economía dominicana estaba en crisis
Por Leonel Fernández
Resulta evidente que la guerra en Irán, llevada a cabo por Estados Unidos e Israel, se ha convertido en un fenómeno geopolítico de carácter global, que ha suscitado un choque a la economía mundial mediante el precio del petróleo, el gas natural y derivados.
Para algunos analistas, podría convertirse en una calamidad de mayor proporción que la cuadruplicación de los precios del líquido negro en 1974 o en 1979. Naturalmente, dependiendo de la continuidad o no de esa situación de tensión mundial, la cual estará determinada por las elecciones de medio término de los Estados Unidos en noviembre de este año.
Al igual que en otras naciones de los cinco continentes, la República Dominicana no podrá evitar el impacto que desde ya está generando el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde se transporta el 20% del consumo mundial de petróleo y derivados.
Lo único grave es que a diferencia de lo expresado recientemente por el Presidente de la República, nuestro país no se encuentra, esta vez, mejor preparado para enfrentar los embates de esa tragedia internacional.
Por el contrario, los conflictos del Medio Oriente han encontrado a una República Dominicana que ya estaba debilitada, en un proceso de desaceleración del crecimiento económico, de alto costo de la vida y de endeudamiento creciente.
El año pasado, 2025, el país experimentó un crecimiento económico mediocre, menos de la mitad del año previo, así como de su potencial histórico; y si se excluyen los años de las crisis del 2003, con el quiebre bancario nacional; el 2009 con la crisis financiera global; y el 2020, con la pandemia del Covid, fue el de más bajo nivel de los últimos 34 años.
Pasamos, en materia de crecimiento económico, de estar en la vanguardia, en las primeras posiciones de América Latina, a desplomarnos, de manera deshonrosa, al penúltimo lugar de 16 países.
Impacto social
Además del bajo crecimiento de nuestra economía, la inflación o aumento de precios ha sido otro factor que ha lacerado sensiblemente el bienestar de la población dominicana.
Si bien es cierto que durante los meses de enero y febrero de este año, 2026, la inflación se ubicó en torno de la meta del Banco Central, en seis grupos, el aumento superó el límite máximo del 5%.
Más grave aún, esos grupos representan casi dos tercios de la canasta de consumo de los sectores de menores ingresos; y en lo concerniente a alimentos y bebidas no alcohólicas, que es lo que con mayor impacto afecta la vida diaria de la sociedad dominicana, fue de un 8%.
En 2025, República Dominicana ocupó el cuarto lugar de mayor inflación en el precio de los alimentos de los países de América Latina y el Caribe, con excepción de Argentina, Haití, Bolivia y Venezuela.
Desafortunadamente, eso se ha arrastrado hasta este mismo año de 2026, ya que en enero de este año encabezó la segunda posición con respecto a los países de Centroamérica; y para el mes de febrero, ya se había colocado en primer lugar.
Como ha podido observarse, el alza en el costo de la vida no encuentra justificación por la guerra en Irán u otros factores internacionales. Los datos oficiales acreditan que los precios ya venían en aumento como consecuencia de la ineficiencia de la actual gestión de gobierno.
A pesar de que las autoridades gubernamentales alardean por presuntamente haber generado nuevos empleos, lo cierto es que estos no provienen del sector productivo. Lo hacen, más bien, principalmente del Estado.
La mayor parte del crecimiento de los ocupados se explica por la expansión de los empleados públicos. Al finalizar el 2025, la nómina en el sector público alcanzó 773 mil 25 trabajadores, lo que representó una cifra récord de casi 34 mil empleados adicionales con relación al año anterior, lo cual ubica la República Dominicana entre los países de América Latina con mayor proporción de empleados públicos.
Igualmente, la promoción de la imagen del gobierno, a través de la publicidad, parece haberse convertido en una necesidad estratégica existencial. Durante los últimos seis años de gobierno, ese gasto prácticamente se ha duplicado, al pasar de 5,700 millones a 11,200 millones.
Sacrificios inevitables
En su alocución, el jefe del Estado hizo referencia de la necesidad de llevar a cabo una responsabilidad compartida, entre Estado y sociedad, así como de sacrificios inevitables por parte del pueblo, para enfrentar el impacto de la actual crisis geopolítica generada por la guerra en Irán.
¿Puede hablarse, con franqueza, de responsabilidad compartida, cuando la actual gestión de gobierno, por su ineficiencia, no logra hacer crecer la economía y es incapaz de controlar el aumento del costo de la vida?
¿Puede exigírsele al pueblo dominicano que asuma sacrificios inevitables, como sería el alza de la tarifa eléctrica, cuando ha sido por ineptitud del actual gobierno del PRM que el subsidio a dicho sector se haya duplicado en los últimos seis años?
¿Con qué autoridad moral puede requerírsele a la sociedad dominicana que asuma mayores sacrificios de los que ya ha hecho desde el 2020 a la actualidad, cuando el pago de los intereses de la deuda pública se ha más que duplicado, al pasar de 161 mil millones a casi 325 mil millones?
Ese panorama sombrío fue creación única y exclusiva del actual gobierno del PRM. Nada tiene que ver con la guerra en Irán o las tensiones geopolíticas de Medio Oriente. Obviamente, esa nueva situación podría ahora agravar la debilidad estructural a la que se ha hecho retroceder a la sociedad dominicana durante los últimos seis años.
Para dar el ejemplo y actuar de manera responsable, el gobierno podría empezar por tomar algunas medidas, como podrían ser, congelar la nómina pública, aunque afecte a los compañeritos del PRM; disminuir los gastos cosméticos de publicidad; y controlar la espiral del endeudamiento externo.
Por supuesto, el daño causado ha sido de tal magnitud, que esas medidas resultan insuficientes.

