Termina el junio más letal en España por ola de calor

El sexto mes de 2026 cambió la forma en que España mira al verano. Un ascenso térmico sin tregua se instaló sobre la península y acabó con la vida de mil 28 personas, según las estimaciones oficiales del sistema de monitorización de la mortalidad diaria (MoMo) que gestiona el Instituto de Salud Carlos III.

El balance final de la ola de calor convierte a aquel junio en un episodio sanitario de primer orden. La comparación con otros años oscuros sirve para dimensionar la gravedad.

Hace casi una década, en 2017, el conteo de muertes atribuibles al exceso de temperatura en el mismo mes rozó el millar. En 2022, la cifra se detuvo en 828 fallecimientos.

Ahora, el nuevo dato casi triplica la media histórica de decesos por calor en junio, que se situaba en torno a 330.

Las autoridades meteorológicas no tardaron en poner nombre a lo que ocurría en la atmósfera. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) calificó el período como “extremadamente cálido” tras analizar los mapas de isobaras y las estaciones de medición.

En junio, la temperatura media del país alcanzó los 23,2 grados centígrados, un valor que se alejó 3,2 grados de la referencia habitual. Detrás de ese promedio se ocultaron máximas sofocantes que rompieron marcas locales en el interior y el Cantábrico oriental.

El día en que el país se quedó sin aliento

La presión del calor sobre los cuerpos alcanzó su punto álgido el 23 de junio. Aquella jornada, los avisos de la sanidad pública cubrieron al 73 por ciento de la población residente en España.

Millones de ciudadanos amanecieron con sus provincias teñidas de rojo en los mapas de riesgo. La combinación de humedad tropical y mínimas nocturnas muy elevadas impidió que los organismos pudieran refrigerarse durante la madrugada. 

Ese fallo en la recuperación fisiológica disparó los avisos por golpes de calor en los servicios de urgencias.

Los termómetros urbanos actuaron como una trampa invisible. En las grandes áreas metropolitanas, el asfalto liberaba el calor acumulado durante la noche y generaba islas térmicas letales para los vecinos más vulnerables.

Y es que la situación forzó a varios ayuntamientos a habilitar piscinas públicas en horario extra y a retrasar las actividades al aire libre hasta bien entrada la noche. Los centros de salud reforzaron sus plantillas ante la ola de calor mientras los centros de día prolongaban su apertura para proteger a los mayores.

Una geografía humana en peligro extremo

El impacto del calor intenso se repartió de manera desigual sobre el mapa, pero golpeó con especial dureza tres comunidades. Cataluña, País Vasco y la Comunidad de Madrid registraron una presión hospitalaria muy significativa durante la última decena del mes. En estos territorios, el cruce entre la alta densidad de población y los picos térmicos disparó los indicadores de mortalidad.

Los servicios de epidemiología trabajan desde entonces para discernir qué porcentaje de los fallecimientos se asocian directamente al golpe de calor y cuáles agravaron patologías renales o cardíacas previas.

Esa cifra de mil 28 fallecimientos se obtiene mediante un cálculo estadístico que contrasta la mortalidad observada con la esperada para esas fechas.

La monitorización del sistema MoMo descuenta las causas ajenas al termómetro y aísla el factor térmico como el detonante diferencial. El dato final supera con creces cualquier previsión de los protocolos de actuación vigentes, diseñados para escenarios de calor menos agresivos. Este exceso de mortalidad obliga a repensar los planes de prevención a futuro.
AL MAYADEEN

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