Trump, el ganso bufón

Por Jorge Elbaum

Después de un mes del inicio del conflicto, Donald Trump continúa envuelto en el envío de señales contradictorias y confusas sobre la continuidad o la finalización de la guerra en el Cercano Oriente. Las dudas del magnate devenido en presidente, que alterna amenazas con promesas de pronta resolución del conflicto, contribuyen a profundizar la crisis en su administración, a generar conflictos al interior del Pentágono, empeorar los indicadores económicos y degradar su imagen doméstica e internacional. Sus incongruencias, además de generar malestar, contribuyen de forma progresiva a horadar la pretensión del excepcionalísimo estadounidense y al mismo tiempo debilitar las quimeras en el consumo ilimitado que denominan como asequibilidad.

La historia de los conflictos bélicos contemporáneos exhibe con claridad la relevancia del trípode fundamental sobre el que se monta la capacidad de enfrentarse a una situación de guerra: el poder militar (que incluye la disposición y la formación de los uniformados), el soporte geoeconómico y la logística. En el reciente libro de Edward Fishman, publicado en febrero del presente año, Puntos críticos: El poder estadounidense en la era de la guerra económica, se examinan las nuevas dimensiones del control geopolítico que Washington busca dominar para impedir la multipolaridad emergente. El autor señala que ausentarse de la supervisión de esos checkpoints(nodos de estrangulamiento) impedirá a Washington imponer sus criterios expansionistas e imperiales generadores de beneficios y privilegios estructurales. Según Fishman, los nodos de estrangulamiento más relevantes se ubican en (a) las rutas y los pasos del comercio marítimo; (b) los entramados financieros globales, por ejemplo el sistema de telecomunicación interbancario, SWIFT, y (c) los insumos básicos (tierras raras y los minerales críticos) necesarios para alimentar las cadenas de valor de la Inteligencia Artificial (IA).

El estrecho de Ormuz es uno de esos nodos de estrangulamiento porque su paso repercute, sobre todo, en los mercados globales de energía y fertilizantes. En la denominada Crisis del Petróleo de 1973 transitaba, por ese cuello de botella, el 8 por ciento del crudo global. Antes del 28 de febrero de 2025, ese porcentaje se había duplicado, alcanzando un porcentaje que variaba entre 15 y un 20 por ciento y un tercio de las exportaciones de gas. Lo que ahora está en juego para Trump no es solo la capacidad misilística de Teherán o su capacidad para enriquecer uranio. Es impedir que la República Islámica controle el Estrecho de Ormuz, que la Federación Rusa tenga acceso libre al Ártico (en la cercanía de Groenlandia), que China tenga presencia en el Canal de Panamá y que Argentina tenga el control soberano en la cercanía de su Plataforma Continental, tanto en el Estrecho de Magallanes como en el Pasaje de Drake.

Mientras intenta sostener una guerra que le insume alrededor de mil millones de dólares por día, el magnate insiste en demandarle más recursos al Capitolio para solventar los ataques. Esa petición se realiza mientras continúa el cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional, generándose situaciones caóticas en varios aeropuertos y el tratamiento de un proyecto de ley, impulsado por los republicanos, para limitar los derechos electorales de los sectores más pobres de la sociedad. El desorden de la administración profundiza, además, la crisis política. El presidente naranja destituyó, desde que se inició la guerra a fines de febrero, a tres figuras relevantes de su entorno. Removió a Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, para exorcizar las críticas devastadoras que mereció la iniciativa de cacerías humanas impulsada por la agencia migratoria, ICE.

Relevó a su Fiscal General, Pam Boni, titular de la Secretaría de Justicia (DOJ) acusándola de mal manejo en relación a los Archivos Epstein y de negligencia respecto a la persecución contra los enemigos políticos y judiciales de su excelencia imperial, Donald Trump. El tercer caído en desgracia fue el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Randy George, quien fue exonerado por el doble pecado de cuestionar la planificación de un potencial desembarco en el Estrecho de Ormuz y por proponer, insistentemente, la promoción a generales de una estrella a dos mujeres y dos oficiales afrodescendientes. El secretario de Defensa, Pete Hegseth no quiere oficiales de alta graduación que sean mujeres ni negros.

Trump llegó al gobierno en sus dos presidencias con cuatro postulados centrales: reindustrializar el país, poner fin a guerras, abaratar el costo de vida y enfrentar la conspiración WOKE. La primera medida se operativizó a través de una agresiva política arancelaria que inicialmente generó incertidumbre. Luego se profundizó el déficit comercial por el intento de los importadores de adquirir los productos antes que se impusieran los aranceles. Y en su tercer capítulo –el más reciente– dichos aranceles fueron parcialmente invalidados por la Corte Suprema. El resultado articulado de estas medidas improvisadas consolido la caída abrupta de la participación laboral en los ingresos en 2025, derrumbándose a su piso más bajo en las últimas tres décadas. Sin embargo, las respuestas de Trump a las restricciones que sufren los trabajadores de su país, sobre todo las mujeres, fue la siguiente: “El gobierno de EEUU no puede hacerse cargo de las guarderías infantiles ni de la cobertura médica a las familias pobres y a los ancianos (Medicaid, Medicare). Estamos en una guerra”.

La economía de Estados Unidos registró una desaceleración en el cuarto trimestre de 2025, al crecer a una tasa anualizada del 1,4 por ciento, exhibiendo su peor desempeño desde la pandemia de 2020. La falta de fortaleza económica se articula de forma negativa con los récords de deuda pública, que se siguen incrementando y alcanzaron en marzo de 2026 los 39 billones de dólares (trillones en la nomenclatura inglesa), según informa el Tesoro de los Estados Unidos. Estos compromisos se profundizan mensualmente por los recortes impositivos que benefician a las grandes fortunas. En este marco, el precio político y económico de esta guerra, que pagará Trump, dependerá de: (a) el tiempo que dure la guerra; (b) la velocidad con que se estabilicen los precios de la energía; (c) la capacidad para comunicar objetivos claros y resultados tangibles de la guerra, y la percepción ciudadana sobre la justificación final del conflicto.

La última encuesta nacional difundida por CBS News / YouGov señaló que seis de cada diez estadounidenses creen que la guerra es un error. Además, uno de cada cuatro votantes que votaron por Trump en 2024 desaprueba su gestión económica. Su índice de aprobación cayó al mínimo histórico del 30 por ciento, inferior al que poseía Joe Biden en la misma época. Es muy probable que los dos años finales de su mandato deje de ser el Pato Rengo —como se denomina al bienio final de los presidentes— para convertirse en el Ganso Bufón, juego de palabras en inglés que hace referencia a su vanidad desteñida y humillada.

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