Trump y las piezas de ajedrez…
Por Ismail Ibrahim
Trump, apoyándose en su arrogancia, narcisismo y salvajismo, y en la sensación de un exceso de poder estadounidense en el mundo, ve a los países y a sus pueblos como piezas de un tablero de ajedrez, donde los valores, la moral y los sentimientos humanos están ausentes, y el planeta es un tablero con soldados, peones, caballos, torres, reyes, etc. En este mundo, algunas regiones poseen mayor riqueza que otras, y el acceso a ellas se ve trabado por obstáculos en forma de soldados, peones, caballos, castillos o reyes. Trump puso la mira en Latinoamérica, Medio Oriente y Groenlandia y para apoderarse de estas riquezas, creía que un presidente debía ser asesinado o secuestrado, un país destruido o «su régimen cambiado» mediante la fuerza armada, sanciones, bloqueos o hambruna.
En Latinoamérica, Trump se centró en Venezuela porque posee las mayores reservas de petróleo del mundo y un sistema socialista que no permite voluntariamente el saqueo de sus recursos. Cuba, con su sistema socialista, es un modelo de solidaridad entre los pueblos y desarrollo humano. Mantiene relaciones fraternales y complementarias con la República Bolivariana, y juntos conforman un modelo de desarrollo humano, soberanía nacional y control de los recursos naturales en América Latina. Por ello, Trump recurrió al secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa para acceder a la riqueza petrolera en una operación con 150 aviones el 3 de enero de 2026. Y Venezuela sigue bajo presión estadounidense para saquear su riqueza petrolera…
Trump ve al sistema socialista como un enemigo, porque él mismo pertenece al mundo del capitalismo desenfrenado. Con este objetivo, decidió hace más de un mes imponer un bloqueo petrolero a Cuba, apostando por el hambre del pueblo cubano para derrocar al sistema socialista. Su objetivo es devolver a la isla a su estado prerrevolucionario, a pesar del bloqueo impuesto desde el triunfo de esta Revolución: como un centro turístico y club nocturno estadounidense para los ciudadanos más ricos del país y del mundo. Hará todo lo posible por erradicar de América Latina cualquier sistema socialista, despejando así a la región de tales «obstáculos y barreras»…
En Medio Oriente, donde el petróleo árabe es fácilmente accesible para el saqueo, el magnate presidente regresó de su reciente visita con tres billones de dólares de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. En esta zona, “Israel” se estableció como un instrumento para proteger los intereses coloniales e imperialistas y debe ser defendido. Netanyahu dijo de Trump que es el presidente estadounidense que ha servido a “Israel” más que cualquier otro…
En cuanto a Irán, es una importante potencia regional con vastos recursos, pero se opone diametralmente a Estados Unidos e “Israel”. Irán está con Palestina, con toda Palestina, mientras que Washington y “Tel Aviv” están contra Palestina, tanto contra el pueblo como contra su causa. Por lo tanto, su régimen debe cambiar, ya que no ha podido dominar a su liderazgo ni llevarlo a hacer concesiones. Por eso vemos a Trump llevando a cabo la mayor movilización militar naval y aérea contra Irán, como una forma de guerra psicológica, de chantaje y negociando a distancia. Claro, NO es lo mismo una guerra contra Irán que una contra Venezuela. Sería costoso y su resultado es incierto. Veintiuna bases militares estadounidenses e israelíes en la región serían objetivos de misiles iraníes, al igual que cualquier país que permita el uso de su territorio para atacar a Irán.
Irán tiene control directo sobre el Estrecho de Ormuz. Cerrarlo interrumpiría el suministro de petróleo a Europa, lo que lo obligaría a una situación similar a la de Cuba, que se encuentra bajo un bloqueo petrolero total. Los países de la región no muestran ningún interés en participar ni facilitar un ataque contra Irán, ya que sus propios intereses estarán en juego. Por supuesto, si Trump estuviera seguro de ganar la guerra contra Teherán, ignoraría la postura de los países de la región y les haría caso omiso. Si Trump y Netanyahu fueran capaces de tal acción, lo harían sin lugar a dudas.
Irán podría aceptar pequeñas concesiones respecto a su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones. Sin embargo, no aceptará, ni puede hacer, ninguna concesión respecto a su programa de misiles, que protege su propio programa nuclear y, por extensión, a todo el país. Esto es lo que Netanyahu insiste en eliminar, mientras que el inquilino de la Casa Blanca ve gran dificultad en hacerlo y expresa su sorpresa por la firmeza de la posición iraní a pesar del masivo despliegue militar que la rodea y la amenaza por mar y aire…
Trump no oculta su deseo de eliminar a Irán y a sus aliados en la región. El éxito en esta «gran misión» daría lugar a un nuevo Medio Oriente al estilo estadounidense, así como a un Gran “Israel”, según el mapa que Netanyahu presentó en las Naciones Unidas.
Irán sigue siendo el principal obstáculo para el proyecto del nuevo Medio Oriente, incluyendo el Gran “Israel”. Los países árabes, en particular los que rodean la entidad israelí ocupada, se encuentran actualmente en un estado de ineficacia e impotencia.
Trump tiene la mira puesta en Groenlandia, la isla más grande del mundo, rica en recursos y estratégicamente importante para Estados Unidos en su enfrentamiento con Rusia en el Ártico. Ha decidido anexarla, ya sea mediante la compra o por la fuerza. Para adquirirla, por cualquier vía, no duda en pisotear a su aliado europeo y sus intereses. Este comportamiento, y otras acciones similares, demuestran claramente su megalomanía y su ego inflado.
El mandatario de Estados Unidos, Donald Trump ve al mundo, a sus naciones y pueblos, como meros peones en una partida de ajedrez. Para él, enriquecerse depende de matar a una persona, eliminar a otra o cambiar a aquella. Para Trump no existen leyes internacionales, ni conciencia humana, ni derechos para que otros vivan con dignidad. El presidente Trump no lee la historia de las naciones, sus civilizaciones ni sus culturas. Solo ve dinero y riqueza, y no ve problema en recurrir a la brutalidad, asesinar a una u otra persona por la fuerza, o imponer asedios, bloqueos y hambruna hasta la muerte. Como no lee ni le interesa leer, le sorprende que Irán no ceda ni acepte las condiciones suyas y de Netanyahu, a pesar del inmenso poder que ha acumulado para cambiar el régimen, asesinar al Líder Supremo de la Revolución o destruir Irán.
Trump, quien prácticamente ignora la historia de las naciones y la profundidad y diversidad de sus civilizaciones, debe comprender que matar soldados aquí, secuestrar a un presidente allá o imponer un asedio que lleve a la muerte en otro lugar no es suficiente para convertir esta o aquella región en un juguete en sus manos. Las civilizaciones, las culturas y los valores son fortalezas inexpugnables contra portaaviones y bombarderos devastadores; estas son las últimas líneas de defensa, invisibles a la simple vista de Trump.
Las naciones pueden perder una guerra, pero no se rinden. Tropiezan y se levantan de nuevo, aunque sea después de un tiempo, recurriendo a la resistencia en sus diversas formas, en lugares donde no tendrá paz, estabilidad, dinero ni inversión. Trump desconoce quiénes son los descendientes de Simón Bolívar, en Venezuela, ni los nietos de José Martí, ni los hijos de Fidel Castro, Che Guevara y Camilo, en Cuba. Tampoco sabe sobre la cultura del pueblo iraní y la ideología de su Revolución.
Las naciones no son piezas de ajedrez fáciles de eliminar con un poco de inteligencia. A pesar de su abrumador poder militar, Trump no puede enriquecerse sin establecerse y crear un entorno propicio para la inversión dondequiera.
Mientras tanto, es deber del mundo actuar con mayor eficacia y hacer frente a la política de brutalidad y agresión que Trump implementa en connivencia con “Israel” y con las riquezas y recursos árabes saqueados contra la voluntad de sus legítimos dueños.
Las políticas de Trump y el sionismoconstituyen la mayor amenaza para toda la humanidad. Si el mundo no actúa para enfrentar este peligro, se hundirá rápidamente en el abismo. La arrogancia de Trump, su sensación de poder abrumador y la debilidad de la oposición internacional a sus políticas brutales y autoritarias, en conjunto, lo llevan a ver el mundo desde una posición de superioridad. Es como si decidiera declarar, aunque nadie le creyera, y gritar a todo pulmón: «¡Oh, pueblos del mundo! Yo soy Donald Trump, el Dios del dinero y la riqueza. Síganme y denme su dinero de buena gana, porque soy su señor supremo».
No, señor Donald Trump, eres un vaquero, y el mundo no es como lo ves, una colección de piezas de ajedrez. No podrás, ni hoy ni mañana, gobernar el mundo… «Es una apuesta arriesgada», porque la voluntad de los pueblos, su dignidad y sus intereses son mucho más amplios que tu codicia y mucho más fuertes que tu salvajismo y tu locura imperial.

