Usuarios denuncian averías de escaleras en algunas estaciones del Metro SD
El Metro de Santo Domingo moviliza a miles de usuarios al día, pero su modernidad se empaña por una falla recurrente: el colapso constante de escaleras mecánicas y ascensores. Esta situación convierte el trayecto cotidiano en una carrera de obstáculos que golpea con especial dureza a los adultos mayores y a las personas con discapacidad.
Con dos líneas operativas y 40 estaciones distribuidas estratégicamente, la red conecta los puntos neurálgicos de la ciudad. A lo largo de este extenso trazado, la infraestructura requiere un engranaje técnico perfecto para garantizar el flujo constante de pasajeros, especialmente en las horas pico.
“Yo ya estoy acostumbrado. Para mí esto es una lotería. Si las escaleras funcionan bien, y sino bajo o subo como puedo. Aun con todos los inconvenientes es mejor aquí que andar en esas guaguas con esos animales que tiran a uno en la calle”, narro Ulises Tavares de 76 años.
En cualquier jornada, sin importar la hora o la estación seleccionada, la escena se repite con pasmosa normalidad. Un letrero de «fuera de servicio» o una cinta de bloqueo, o simplemente el aparato apagado recibe a los pasajeros.
Golpe directo a la movilidad reducida y la tercera edad
Para los adultos mayores y personas con discapacidades motoras, este panorama deja de ser un simple problema de retraso, para convertirse en una barrera insuperable. Subir decenas de peldaños de concreto transforma un viaje rutinario en una dolorosa y peligrosa prueba de resistencia física.
“A mí me da igual que funcionen o no. Yo siempre uso los escalones normales ya que casi nunca hago ejercicio ni camino mucho, y esto me sirve de ejercicio”, expreso Alondra Jiménez, quien estallo de la risa cuando se le preguntó su edad.
Las aglomeraciones se multiplican rápidamente en los accesos habilitados cuando un equipo falla. El flujo peatonal se interrumpe, generando embotellamientos en los pasillos y un desgaste físico desgarrador para quienes no pueden permanecer mucho tiempo de pie o caminando.
La barrera cotidiana
Pese a los esfuerzos declarados por las autoridades del transporte para reparar las unidades, la percepción pública es de un problema crónico. La tardanza en sustituir piezas clave prolonga la inoperatividad de los equipos, marginando a los pasajeros con movilidad reducida durante semanas.
La indignación entre los usuarios vulnerables aumenta al ver afectado su derecho al libre tránsito en la capital. Quienes pagan su tarifa exigen una respuesta inmediata que garantice ascensores y escaleras en funcionamiento continuo dentro de todas las terminales del sistema.
Transitar hoy por las entrañas del Metro de Santo Domingo implica aceptar la lotería de la movilidad vertical. El usuario de edad y con problema de discapacidad aborda cada tren con la incertidumbre de saber si la próxima estación le ofrecerá un tránsito fluido o un empinado e impracticable tramo de escaleras como con regularidad ocurre.
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