El nuevo ciclo histórico.

Por Juan Carlos Espinal.

En los partidos tradicionales de pos guerra, el sentimiento de comunidad de la derecha económica puede conservar el poder tradicional y seguir resistiéndose a la expansión de la participación ciudadana.

En este caso, cuales fueren los planes que la derecha política pueda tener se ven inevitablemente empujados a heredar la insatisfacción colectiva.

Las elecciones municipales, congresionales y presidenciales del año 2024 indicaron con claridad que los votantes estaban de parte de la sociedad.

La división propiciada por el gobierno de Danilo Medina, con el apoyo de elementos empresariales, actores de sociedad civil y medios de comunicación corporativos, pareció un libreto que se repetiría para tratar de imponer la candidatura presidencial de Gonzalo Castillo.

La derecha política esperaba que una vez sepultado Leonel Fernández éste no tendría más reparos que unirse a la campaña presidencial de Gonzalo Castillo, y se liquidase la tendencia histórica exitosa del 50% + 1 para dar paso a una aventura política de segunda vuelta.

Para eliminar la posibilidad de la unidad política del CCPLD, el gobierno de Danilo Medina pretendió falsificar los resultados de las primarias internas desarrollando un vasto plan de financiamiento municipal, instrumentalizando 39 contratos de asfalto de Obras Públicas, por un valor de 11 mil 500 millones de pesos.

Es posible suponer que en un partido político oficialista la naturaleza del conflicto provenía de grupos económicos suplidores del gobierno, cuya identificación tan directa con el presidente Medina o con determinadas capas sociales sugería una orden existente.

En cierta medida, la oposición de los independientes, indecisos y abstencionistas había creado las condiciones para salir del PLD.

En 2019 era obvio que la división de la derecha económica impulsaría el ascenso del PRM y Luis Abinader al poder.

A diferencia de no ser un líder carismático, o de no poseer una determinada fuerza social propia Abinader encontró en el conflicto político la brecha que permitió alcanzar la mayoría en primera vuelta.

La victoria política del PRM es un excelente ejemplo de que los partidos políticos no ganan divididos; de que las instituciones pueden corromperse sin la participación de la militancia; y de lo relevante que a los líderes políticos supone escuchar con atención a la sociedad.

Con el paso del tiempo la derecha política que controla al PLD continuará debilitándose, sirviendo de vehículo a las fuerzas sociales que le dieron origen hasta desaparecer como partido hegemónico.

Una organización a la cual no todos pueden pertenecer tiene menos posibilidades que otra de su misma identidad a la cual todos pueden participar.

Esto traerá como consecuencia que se unifiquen las antiguas tradiciones políticas que dieron origen a la estructura electoral de 1996-2000 y 2004-2012 en torno a Leonel Fernández.

En el PLD se está inventando con Gonzalo Castillo, arrastrando a Francisco Javier a una aventura política, denostando a Abel Martínez con Francisco Domínguez Brito jugando de forma ambigua la carta del sector liberal de Santiago de los Caballeros.

No obstante, el principal centro de atracción del peledeismo histórico es su vocación de poder.

Fuerza del Pueblo se convertirá en la opción político Electoral con la potencialidad suficiente para unificar el polo opositor, absorber la insatisfacción del voto peremeista y pactar gobernabilidad democrática con el presidente Abinader facilitando la estabilidad política.

La insatisfacción de diferentes segmentos de la población con el gobierno del presidente Abinader, el notable inmovilismo del PLD derivado del profundo rechazo del voto independiente insta a tomar en cuenta que en 2027 se pudiese estar pensando en un nuevo ordenamiento político.

Hay que tomar en cuenta que Danilo Medina y su grupo económico no sobrevivirá a la judicialización política del gobierno de Luis Abinader, a los retos que supone revertir la pérdida de hegemonía y a conciliar con los núcleos de Dirección Central que son proclives a mantenerse en el centrismo político.

La legitimidad del gobierno de Luis Abinader esta estrechamente vinculada a generar confianza para tratar de sensibilizar a sus electores insatisfechos.

En ese sentido, los esfuerzos en superar la desaceleración económica pos COVID-19 supone alcanzar el ritmo de la popularidad que llevó al poder al PRM.

El crecimiento geográfico exponencial de Fuerza del Pueblo tiene tres explicaciones : La inestabilidad socioeconómica, el desarraigo de la ciudadanía con la política clientela, la complejidad de la mega-crisis de abastecimiento global, los procesos de transformación cultural de amplias franjas del electorado qué en una potencial alianza PRM y el PLD no ven posibilidad de movilización para la política y el voto de clases medias qué busca donde refugiarse de la crisis financiera.

La velocidad del desencanto con el gobierno del presidente Abinader posee una determinada conciencia social y política que no tiene partido, y no se ve representada en los partidos políticos tradicionales.

La esencia de la movilidad socio-política desde el PLD hacia Fuerza del Pueblo asimilará el liderazgo joven buscando espacios de participación electoral.

Una nueva división política en el PLD no debería descartarse.

Su destrucción será lenta y rápida y la secuencia de las deserciones se ampliará en la medida en que las aspiraciones de los peledeistas no logren a ser satisfechas.

Entre una cosa u otra existe una diferencia fundamental en materia de secuencia.

Como lo sugieren los ejemplos de las divisiones históricas del PRD y PRSC, el PLD carece de legitimidad política ante la población.

El que en 2020 Danilo Medina y Gonzalo Castillo no alcanzarán imponer una nueva dinastía se debe al hecho de que Leonel Fernández está habilitado.

Ello completó el aislamiento de Danilo Medina frente al PRM y lo privó de la autoridad política necesaria para contrarrestar las fuerzas desintegradoras representadas por los planes de reelección.

Con la quiebra moral del orden político 2012-2020, la balanza electoral impulsará el bipartidismo PRM-FP.

A la larga, Fuerza del Pueblo se abré espacio al electorado con su propio capital político, irónicamente a expensas de otro de su misma especie que en su momento se constituyó en el equilibrio de fuerzas que permitió la gobernabilidad de entre 2004-2020.

Para los peledeistas se trata de la última fase de la lucha iniciada el 6 de octubre del 2019 qué terminará con el advenimiento de un nuevo ciclo histórico.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.