Turismo millonario, ganancias invisibles
Por Fidel Soto
El turismo dominicano vive un auge de inversiones multimillonarias. Cada año se anuncian nuevos proyectos hoteleros, acuerdos millonarios y cifras que parecen confirmar que el sector se ha convertido en uno de los grandes motores de la economía nacional.
Sin embargo, cuando se examinan los datos fiscales, surge una paradoja difícil de explicar: las inversiones crecen, pero las ganancias parecen desaparecer.
Esta inquietante contradicción es analizada por el economista Andy Dauhajre en un artículo publicado en el diario El Caribe el 23 de febrero del año en curso, bajo el sugestivo título “Inversionistas masoquistas”, donde examina la inversión en el sector turístico-hotelero dominicano y pone en evidencia una notable disparidad entre los datos del Banco Central de la República Dominicana y los de la Dirección General de Impuestos Internos.
Según explica, en 2025 el sector turístico fue clave para la inversión extranjera, registrando 1,323 millones de dólares. Ese mismo año, durante la feria internacional de turismo, se informó que los acuerdos de inversión alcanzaron US$6,750 millones.
Para el presente año se ha anunciado una inversión de US$13,370 millones (trece mil trescientos setenta millones de dólares), cifra que, en apariencia, confirma la importancia y el crecimiento sostenido del sector. A primera vista, esto podría interpretarse como una señal inequívoca del liderazgo del turismo dentro de la inversión extranjera directa en el país. De ser así, el panorama sería prometedor y alentador, pues reflejaría una notable expansión económica y una significativa contribución a la generación de riqueza nacional.
Sin embargo, Dauhajre advierte la existencia de una “extraña paradoja”: el dinamismo de las inversiones no parece corresponderse con los niveles de rentabilidad que, lógicamente, deberían producir los cuantiosos recursos destinados al sector. Como él mismo señala:
“El ‘boom’ de inversión extranjera y nacional en el sector turismo sólo podría explicarse si este exhibiese, consistentemente, niveles atractivos de rentabilidad”.
Para sustentar su planteamiento, el economista compara los registros de la DGII con los del Banco Central, revelando discrepancias que resultan, cuando menos, sorprendentes.
De acuerdo con la DGII, en 18 años el sector hotelero solo habría registrado ganancias en 2015, con un beneficio consolidado de RD$1,156 millones, equivalentes aproximadamente a 25 millones de dólares. Todos los demás años —los diez comprendidos entre 2015 y 2025, así como los siete anteriores a 2015— habrían cerrado con pérdidas.
Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿por qué continúan fluyendo inversiones multimillonarias hacia un negocio que, según los registros fiscales, parece no generar ganancias?
El propio Dauhajre lo ilustra con cifras recientes:
“En 2022, 2023 y 2024, por ejemplo, el sector perdió RD$7,412, RD$11,983 y RD$4,580 millones, respectivamente. A pesar de semejantes pérdidas, en FITUR 2025 y 2026 logramos acordar nuevas inversiones por más de US$20,000 millones, algo realmente asombroso”.
La paradoja se vuelve aún más evidente al comparar las cifras oficiales de ambas instituciones.
Según explica:
“Para los años 2018 y 2019, años en los cuales el BCRD ha publicado los beneficios (excedente neto de explotación) del sector hotelero en el Cuadro de Oferta y Utilización (COU), observamos que mientras la DGII reporta que los hoteles perdieron RD$1,359 millones en 2018, el BCRD estima que ganaron RD$85,751 millones”.
“Mientras en 2019 los hoteles reportaron pérdidas a la DGII por RD$1,613 millones, el BCRD estimó que los hoteles obtuvieron un beneficio de RD$80,745 millones. No se dispone de informaciones del BCRD sobre los beneficios de los hoteles para el período 2021-2024, pues este no ha publicado los COU correspondientes a esos años”.
La contradicción entre ambas fuentes abre un debate inevitable sobre la transparencia de las cifras, la contabilidad real del sector y la verdadera naturaleza del auge inversionista del turismo dominicano.
Y entonces queda flotando una pregunta inquietante: ¿es el turismo dominicano un verdadero motor de desarrollo o una maquinaria donde las ganancias se evaporan en los papeles mientras los millones siguen llegando?

