Lo subyacente y permanente

Por Rolando Reyes

Primer Tiro

La inflación general interanual alcanzó 5.35 % en mayo, superando el límite superior del rango meta del Banco Central, mientras la acumulada entre enero y mayo fue de 1.50 %, y la subyacente interanual se situó en 4.86 %. Durante el primer semestre, el Gobierno destinó alrededor de RD$21,000 millones para subsidiar los combustibles, evitando que el incremento de los precios internacionales se trasladara completamente a los consumidores. Al mismo tiempo, la apreciación del peso dominicano frente al dólar redujo el costo en moneda nacional de las importaciones de hidrocarburos, actuando como un segundo amortiguador de la inflación. Un ejercicio preliminar de simulación, sujeto a comprobación empírica mediante un modelo que incorpore los efectos de segunda y tercera vuelta, sugiere que, sin los subsidios a los combustibles, la inflación acumulada entre enero y mayo habría podido ubicarse entre 2.3 % y 2.8 %, mientras que la inflación interanual habría oscilado entre 6.2 % y 7.0 %. Si la moneda nacional no se hubiese apreciado durante ese período, la inflación acumulada habría podido aumentar hasta un rango de 2.8 % a 3.4 %, y la inflación interanual habría alcanzado entre 6.8 % y 7.6 %, ubicando también la subyacente por encima del limite máximo del rango.

Segundo Tiro

El verdadero desafío no es la inflación general, sino la subyacente. Los subsidios pueden contener temporalmente el precio de los combustibles, y la apreciación cambiaria puede reducir el costo de las importaciones, pero ninguno de esos factores elimina el aumento de los costos de transporte, producción, distribución y comercialización que, tarde o temprano, terminan incorporándose a la inflación general y subyacente. Ese proceso de transmisión, conocido como efecto de segunda y tercera vuelta, convierte un choque inicialmente transitorio en un fenómeno permanente. Lo que existe es una inflación reprimida por subsidios, que no desaparece, sino que permanece oculta, porque el Estado absorbe temporalmente una parte del incremento de los precios. A ella se suma una inflación reprimida por apreciación cambiaria, derivada de la reducción transitoria que produce un menor tipo de cambio. Cuando cualquiera de esos amortiguadores desaparece, las presiones subyacentes se hacen yacentes, y a trasladarse hacia la inflación, cuyos efectos sobre el nivel general de precios se hacen permanentes.

Tercer Tiro

La misma lógica aplica a las finanzas públicas. Los subsidios contienen la inflación en el corto plazo, pero reducen el espacio fiscal y aumentan las necesidades de financiamiento del Gobierno. Existe un déficit fiscal subyacente y una deuda pública subyacente. La inflación observada no fue la inflación que enfrentó realmente la economía, fue la que quedó después de que la política fiscal absorbiera una parte importante del choque externo y la apreciación cambiaria amortiguara otra parte. Lo que no apareció en el Índice de Precios al Consumidor no desapareció: quedó reprimido en el déficit fiscal, en la deuda pública y en una inflación subyacente, que puede seguir manifestándose aun cuando los combustibles dejen de explicar directamente el aumento de los precios. Mientras no se reconstruya espacio fiscal, mediante mayores ingresos permanentes, una racionalización y una mayor eficiencia del gasto público, cualquier escenario en el que los precios internacionales de los combustibles vuelven a aumentar, o la moneda nacional pierda la fortaleza de los primeros meses del año, lo subyacente se transformará en yacente, y lo transitorio en permanente.

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