José Ignacio Paliza acaba de entregarnos una pieza impecable de manual de ciencia política.

Por Manuel Martínez.

Gobernar, unir, interpretar el futuro. Burke citado con elegancia. Frases que podrían aparecer, sin cambiar una coma, en cualquier partido del mundo, en cualquier década. Y ese es exactamente el problema: un texto que suena a todo y no dice nada, escrito por alguien que presidió el PRM durante ocho años y que sabe perfectamente lo que está evitando decir.

Primero; la ironía de citar a Burke. Paliza invoca al pensador inglés para recordarnos que un partido es «una asociación de personas unidas alrededor de principios para promover conjuntamente el interés nacional». Es una definición hermosa, y también una que el PRM real, el de los cargos repartidos, el de las instituciones colonizadas, el del clientelismo institucionalizado, contradice todos los días. No se cita a Burke para inspirar una sucesión democrática. Se le cita para vestir de filosofía política lo que en la práctica se resuelve en Palacio, entre pocos, sin que el país se entere de cómo.

Segundo; la exigencia sin método. El artículo pide «mirar más allá de simpatías personales, grupos y conveniencias circunstanciales» al momento de elegir candidatura. Muy bien. ¿Cómo? Paliza no lo dice. No hay una sola línea sobre primarias abiertas, sobre una convención real, sobre un mecanismo verificable que le permita al ciudadano saber que esa candidatura no salió de un acuerdo cerrado en una oficina. Pedir altura de miras sin comprometerse con un mecanismo es pedirle al lector que confíe a ciegas. Y la confianza a ciegas es, precisamente, lo que un partido en el poder durante dos períodos ya no se ha ganado el derecho de exigir gratis.

Tercero; el silencio que no es prudencia. El artículo evita cuidadosamente cualquier nombre. Se puede leer como elegancia institucional. Yo lo leo como control de daños. Cuando un partido gobernante no puede mencionar un solo nombre propio al hablar de su propia sucesión, no es porque sobren opciones: es porque cualquier nombre que se ponga sobre la mesa hoy destaparía la fractura interna que todos saben que existe pero que nadie quiere confirmar por escrito. El silencio de Paliza no es serenidad. Es miedo a que el papel diga más de lo que el partido puede sostener unido.

Cuarto; la comparación que el artículo no puede hacer y nosotros sí. Mientras el PRM se pregunta en abstracto «qué liderazgo necesita el país», hay un proyecto político que ya respondió esa pregunta hace tiempo con hechos, no con ensayos: trayectoria de gobierno probada en tres ocasiones, un liderazgo que a los 72 años sigue leyendo, estudiando, sumergido hoy en la conversación sobre inteligencia artificial y su aplicación a la educación, con propuestas concretas ya presentadas, mientras otros aspirantes —del propio PRM y de fuera de él— llegan con discursos vencidos a una época que ya no es la suya. Esa es la diferencia entre interpretar el futuro de verdad y escribir un artículo sobre la importancia de interpretarlo.

Paliza tiene razón en una sola cosa, sin quererlo: dice que «la candidatura presidencial no puede ser el premio final de una carrera política». Correcto. Pero tampoco puede ser el resultado de un texto que suena a interés nacional mientras protege, en el fondo, un interés de partido que todavía no sabe cómo va a resolver su propia sucesión sin partirse en el intento.

El país no necesita más ensayos sobre cómo elegir bien. Necesita ver, con nombre y con hechos, quién ya demostró que sabe gobernar, unir e interpretar el futuro. Eso no se escribe. Se muestra.

Manuel Martínez.

El autor es Profesor Universitario
Magíster en Comunicación Visual

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