“A comer, del campo al colmado”, una panacea ineficiente contra altos precios
Por Petra Saviñón
Con el programa “A comer, del campo al colmado”, el Gobierno quiere “proteger el presupuesto familiar, con precios justos, para consumidor y productor”, mediante la reducción del margen de intermediación. Mas, su extensión ha sido lenta, su oferta mínima y la diferencia de precios no rebasa el 15 % con relación a los negocios fuera de ese plan.
Presentado el 17 de abril de 2023 e iniciado el 3 de julio de ese año, tiene una cantidad de comercios ínfima. Han sido afiliados 10, 392, de 11, 262alcanzados, lo que significa que los 870 restantes, miembros de 40 asociaciones, no son parte pero tienen la posibilidad de comprar “cuando les conviene”.
Los primeros son los que cumplen con los requisitos y muestran interés en participar, los otros, todos los censados. La Federación de Comerciantes registra 69,500 por tanto habría sido impactada una cantidad menor al 14 %.
El porcentaje sería más bajo si es tomado como válido el número que dio Fernando Durán, director del Banco Agrícola, institución que coordina el proyecto, sobre la cantidad de establecimientos. Según un estudio que ordenó la institución, rondan los 90 mil. Entonces, los centros alcanzados descenderían a menos de 12 %.
Este detalle evidenciaría que el campo de acción queda muy por debajo de lo que aspiraba el Gobierno con esas ventas, que solo incluyen arroz, azúcar, aceite, ajo, cebolla, coditos, fideos, espaguetis, habichuela, huevos, papa, sal, y especias. Estos son los artículos que las autoridades consideran de primera necesidad.
El 9 de octubre de 2023, el presidente Luis Abinader ofreció un balance del plan, que definió en construcción y que solo funcionaba en Santo Domingo Oeste y de acuerdo con su información, llevaba 1,600 “pulperías” incorporadas, una cantidad alta para un solo municipio y que hacía pensar que a estas alturas su alcance sería mucho mayor.
Ese día manifestó que la meta era llegar al Gran Santo Domingo, Santiago, La Vega, San Cristóbal, San Francisco de Macorís, San Pedro de Macorís, Puerto Plata y “otras grandes ciudades”.
Sin embargo, los datos arrojan que dos años y tres meses después, apenas ha sido expandido a 8,792 bodegas más y que algunas zonas grandes, con alta densidad poblacional como Duarte, Espaillat, María Trinidad Sánchez, Samaná y San Juan solo tienen de una a tres inscritas.
Elías Piña, la provincia más pobre del país, apenas figura con una. Pedernales, la segunda más carenciada e Independencia, la tercera, no tienen. Las tres están en la región sur, la más deprimida en términos económicos. Tampoco existe en la oriental El Seibo, la cuarta más vulnerada.
La intención quedó pasmada. Encima, ese anuncio del mandatario, que limita las demarcaciones a beneficiar, contradice el que hizo durante la presentación del proyecto, cinco meses antes, cuando prometió que lo llevaría a todo la nación, para mitigar el alza de precios “que inició con la pandemia”.
¿Dónde están y en qué condición?

El gerente del programa, José Alexander Cruz González, desglosa que el apoyo económico está estructurado en dos partidas, una de RD$50 millones y la otra de RD$347 millones, destinadas a impulsar su puesta en marcha y operación.
Un mapa que suministró a este medio, indica que están en Azua con nueve colmados; Baoruco 11; Barahona tres; en Boca Chica disparan la cantidad de forma exorbitante, con 442; Distrito Nacional 89; Duarte uno; Espaillat dos; Elías Piña, uno.
La lista, en orden alfabético, sigue con Hermanas Mirabal uno; La Vega, cibaeña como las dos anteriores, tiene la elevada cifra de 1,168; Los Alcarrizos 2,289; María Trinidad Sánchez uno; Monseñor Nouel tres; Monte Plata 15; Pedro Brand 570; Peravia cinco; Samaná uno; San Antonio de Guerra 102.
Concluye con San Cristóbal 89; San José de Ocoa uno; San Juan tres, San Pedro de Macorís 896; Sánchez Ramírez seis; Santiago 412; Santo Domingo Este 1,662; Santo Domingo Oeste, 201; Santo Domingo Norte, 2,40.
Explica que el marco institucional y jurídico para operar y gestionar lo sustenta la conformación de una Cooperativa Agropecuaria y de Servicios Múltiples de Productores Agropecuarios y Comerciantes Detallistas (Cooprodacod), que dirigen el agroproductor Gerardo Genao y el presidente de la Central Nacional de Detallistas Unidos, Ricardo Rosario, entidad de colmaderos con la que el Gobierno hizo la alianza.
Por esto, los productos son obtenidos mediante la participación de productores y comerciantes, asociados y cooperativizados. Cruz González informa que además deben ser formados y capacitados bajo el concepto “simple de la economía social integral”.
Todo desde las cooperativas

Despachan desde cinco centros logísticos, sedes de cooperativas, en la de Cooprodacod y la de Comerciantes y Productores de los Mercados de Santo Domingo (Coopmersa), ambas en Los Alcarrizos; la de Ahorro y Crédito de Comerciantes (Coopnacomer), en Santo Domingo Norte; en San Pedro, el local es Coopenadu y en La Vega, operan en la Agropecuaria y de Servicios Múltiples (Coopevive).
Los comestibles son expedidos a los comerciantes en razón de aceite en tamaño de medio galón, ajo entero, saco de 22 libras, en polvo, el fardo de seis y 12 sobres de 3.53 onzas; arroz, saco de 125 y 50 libras; azúcar refino y crema, en empaque de 125 libras; cebolla, malla de medio quintal; coditos, fideos y espaguetis, bulto de 24 unidades de 300 gramos.
Habichuelas negras, rojas y pintas, saco de 100 libras; huevos, cartón de 30; papa, saco de 50 libras; sal, empacadas 25 unidades de una libra. Aunque están en la lista, no hay detalles de cómo son vendidas especias y plátanos. No suplen embutidos, carne ni leche. Este último rubro lo vendían de una asociación de ganaderos que tuvo inconvenientes.
“Es un concepto desarrollado con una visión de alianza entre instituciones gubernamentales vinculadas a la producción agropecuaria, el comercio, el financiamiento, la organización y la asistencia social, junto a productores, comerciantes detallistas, consumidores y organizaciones sociales comunitarias, para ofrecer productos alimenticios básicos de la canasta familiar, con calidad y a precios a comer”, detalla Cruz González.
Dice que aplican los colmados, bodegas, almacenes que completen el formulario de solicitud y estén de acuerdo con las políticas de precios y despacho y todos los productores que produzcan los rubros requeridos y que pasen el estándar de calidad.
“Como consumidores finales, todos los ciudadanos tienen el derecho de consumir los mejores productos con los precios regulados para apoyar su economía”, asienta.
Este año pretenden llegar a 1,900 colmados en Santo Domingo Este y en Oeste a 250; en el Distrito Nacional a 2,000; en San Cristóbal alcanzar a 1,200; en Villa Altagracia, Villa Tapia y Cayetano Germosén a 500; Bonao 1,000 para un total de 7,850. Las otras demarcaciones no están en ese esquema.
Entre ausencia en barrios pobres y pocas ganancias
La Yagüita de los Jardines del Norte no tiene ninguno de los 89 colmados de la capital afiliados al programa “A comer, del campo al colmado”. Es un sector empobrecido, alrededor del 65 % de su población vive del chiripeo. El bario vecino, Los Praditos tampoco cuenta con el plan, ni La Zurza, entre otros muchos, caracterizados por una aberrante pobreza.
“Total, para lo que venden ahí y al precio que lo venden, es más la sal que el chivo. Son pocos productos y la diferencia con los precios normales no es gran cosa”. María Augusta Quijano es dirigente de amas de casa y cree que esa no es la solución a la inflación que asegura hace a muchos pasar hambre.
Llama al Gobierno a emprender una verdadera política de control de precios, para que la población más vulnerable acceda a los alimentos que requiere una dieta saludable y la tasa de desnutrición disminuya, sobre todo en infantes.
Mingo Jiménez es propietario de un pequeño colmado en Invivienda, Santo Domingo Este, al que dice no han llegado con esa oferta, que incluso desconocía. “Quién sabe qué más hacen y ni por aquí pasan”.
Quién sí la conoce es Arturo Merate, de Los Alcarrizos, pero no está del todo conforme. Afirma que la ganancia es poca y la gente no lo entiende y que además, los productos a veces tardan en llegar.
Ese esquema le recuerda a los de empresas que colocaban al artículo que fabricaban el precio al que debía ser vendido pero ocurría que el margen de ganancias para el colmadero no llegaba al 10 % y los clientes demandaban que les dieran el costo escrito en la etiqueta, ya que además veían el anuncio en la televisión.
“Aparte, hay que ser miembro de una cooperativa, el que no pertenece queda fuera. Entonces de qué inclusión es que hablan, si es obligado afiliarse a esas entidades. No ombe”, razona.
De posibilidad de corrupción a satisfacción de dirigentes
El programa “A comer, del campo al colmado”, presentado como la panacea para acabar con la intermediación que eleva el precio final al consumidor, es criticado por productores que denuncian que está concebido para beneficiar a un grupo de agroempresarios, a la cabeza de todo el procedimiento, “los únicos consultados e involucrados”.
Eulalio Concepción tiene una finquita de plátanos que a duras penas sostiene por los embates de la naturaleza y quedó a esperas del apoyo que prometió el ministro de Agricultura, Limbet Cruz, ya destituido, a los que perdieron su cosecha a causa de los estragos provocados por el huracán Melissa.
Tampoco ha sido incluido entre los proveedores del plan y censura el mecanismo de selección y a los que lo orquestaron y afirma es una herramienta perfecta para corrupción.
“Gente que es juez y parte, que le venden al Gobierno para ese intento de mejora y que encima lo dirigen y deciden quién entra. Los pocos a los que aceptaron, que no son del círculo, deben esperar tiempo para que les salden. Además, eso está estancado, solo en teoría sigue vigente”, expresa.
La productora de arroz Elida Núñez duda del alcance territorial y del impacto en la población, que proclaman las autoridades. Señala que no ofrecen datos sobre la cantidad de barrios que han tocado y que son escuetos al solo limitarse a citar los nombres de las provincias en los que han afiliado colmados, sin especificar municipios, salvo los del Gran Santo Domingo.
Los representantes de los productores y detallistas que sí fueron tomados en cuenta José Alexander Cruz González y Ricardo Rosario, están satisfechos con la alianza definida por el Gobierno como estratégica que “permitirá llevar los alimentos de la canasta básica a mejores precios para beneficio de las familias dominicanas”.
Rosario preside la Central Nacional de Detallistas Unidos y es vicepresidente de la Cooperativa Agropecuaria y de Servicios Múltiples de Productores Agropecuarios y Comerciantes Detallistas (Cooprodacod), que dirige el programa.
Esa selección trajo reacciones de otros gremios, que entienden genera suspicacia y que no está acorde con la transparencia enarbolada por el presidente Luis Abinader, cuando con bombos y platillos anunció el instrumento con el que pretende reducir la intermediación, a la que culpa de los altos precios de los alimentos. La definió como problema viejo que estaba decidido a cambiar.
Todo ordenadito con lo que comen los pobres

Los dirigentes del programa “A comer, del campo al colmado”, aseguran que cuentan con instalaciones adecuadas y funcionales para la operación, incluidas áreas de recepción, almacenamiento y despacho, que garantizan un manejo organizado y seguro de los productos y con camiones y camionetas, dedicados a la distribución y a la recopilación.
El administrador del Banco Agrícola, Fernando Durán, institución a cargo de ese proyecto, tiene cifras que superan a las de la Federación Dominicana de Comerciantes sobre el número de comercios. Este gremio cuenta con 69, 500 afiliados y un sondeo de la entidad estatal arroja 90,000, o sea 20, 500 más.
El dato indica que el porcentaje abarcado, 10, 392, aún es muy bajo. Esto sumado a la pírrica oferta, al tipo de alimentos, hace que el impacto al que aspiraba el Gobierno quede difuminado y sus intenciones hasta ridiculizadas por la oposición, productores, comerciantes y consumidores.
Durán fija en 16 los productos de la dieta básica de las familias de bajos ingresos, entre los que cataloga fundamentales diez: arroz, sal, frijoles (habichuela), pica pica (sardina en lata), espaguetis, yuca, batata, plátano, cebolla, ajo.
No cita como primordiales para la gente pobre papa, huevos, aceite, azúcar, leche, carne ni embutidos. Estos tres últimos quedaron fuera de la lista de expendio, igual que la yuca, la batata y la pica pica, casi extinta.
“Estudios realizados muestran que existen alrededor de 90,000 colmados, cuya presencia en los barrios y campos del país es la principal fuente de abastecimiento de alimentos para alrededor del 60 % de las familias dominicanas”, expresa. No obstante lo que suple el plan es una porción muy reducida de lo que ofrecen esos negocios.
Asegura que mediante esta iniciativa, los pequeños productores podrán vender sus cosechas a precios justos, bajo un esquema transparente y recibir su pago de forma inmediata con tarjeta de débito para retirarlo en los cajeros y ventanillas de esa entidad y del Banco de Reservas.
El mecanismo establece que los dueños de colmados y centros de distribución afiliados envían sus órdenes de compra y pagan a través de una plataforma digital y que esas solicitudes son procesadas en las instalaciones del Merca Santo Domingo.
Según el funcionario, técnicos de campo de la entidad, del Ministerio de Agricultura, y del Instituto Agrario Dominicano mantienen un registro de las áreas cultivadas y elaboran un pronóstico y calendario de cosecha mensual, que sirve de guía al sistema de compra al productor.
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