Apropiación de Tierras, Poder Local y Capital Comercial en el Valle de San Juan de la Maguana (1890–1920)

1. Introducción

El proceso de apropiación de tierras en el valle de San Juan de la Maguana entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX constituye un capítulo fundamental para comprender la configuración del poder regional y la transformación del régimen de propiedad rural en el suroeste dominicano. La articulación entre caudillismo, capital comercial emergente y la figura clave del agrimensor permitió la consolidación de una estructura agraria profundamente desigual, cuyos ecos se mantuvieron durante gran parte del siglo XX.

2. El papel del agrimensor como agente de poder

En 1920, según los registros disponibles, existía en todo el valle de San Juan un solo agrimensor: José del Carmen Ramírez, hijo del influyente caudillo Wenceslao Ramírez y formado en el Instituto Profesional. Su regreso a la región coincidió con un entorno donde predominaban aún las tierras comuneras, lo que otorgó a su profesión un poder inusitado en la reorganización de la propiedad territorial.

Vinculado por lazos consanguíneos y políticos al caudillismo local, así como a los círculos tradicionales de poder —a los que se añadieron comerciantes urbanos—, José del Carmen Ramírez desempeñó un rol decisivo en la medición y reparto de las tierras del valle. Su actividad profesional contribuyó a facilitar la transferencia de terrenos hacia dichos grupos dominantes, consolidando así la estructura del capital comercial regional.

La legislación vigente desde finales del siglo XIX otorgaba a los agrimensores autoridad para evaluar la validez de la documentación presentada por los solicitantes de tierras. Para 1920, existían en todo el país menos de sesenta agrimensores, lo que sugiere que en regiones apartadas como el Suroeste estos profesionales tenían un poder legal y discrecional extraordinario. Tal concentración monopólica facilitó prácticas de especulación, ampliación de propiedades y favorecimiento de aliados políticos y económicos.

3. Testimonios sobre el proceso de apropiación

Una entrevista de campo realizada a un anciano de 108 años, oriundo de la región, ilustra la percepción local sobre este proceso. Según su testimonio:

“Muchos las consiguieron (las tierras) con inteligencia; con el dedo decía: ‘esto es mío, y esto es mío, y aquello también’. […] Usted decía: ‘esto es mío’ y buscaba y pagaba bien a un agrimensor, medía las tierras, buscaba un notario y se quedaba con ellas y con todo lo que le parecía. Así consiguieron los Mesa toda esa sabana de Solorín y los alrededores del pueblo; todo eso era de ellos. ¿Los campesinos? Esos eran unos infelices, los echaban a un lado; a ellos les compraban palocitos de alguna cerquita que tuvieran y por esa cerquita entonces cogían todo ese terreno; las tierras no tenían valor en aquellos tiempos”.

Este relato confirma dinámicas de despojo, arbitrariedad y desplazamiento campesino, donde las alianzas entre agrimensores, notarios y comerciantes posibilitaban la rápida y poco regulada adquisición de grandes extensiones de tierra.

4. El caudillismo regional como estructura de dominación

La familia Ramírez ejemplifica la imbricación entre poder político, militar y económico. Wenceslao Ramírez —gran propietario en Mijo, experto en riego, ganadero y figura militar influyente— había forjado lazos de compadrazgo con el presidente Ulises Heureaux, quien mantenía vínculos personales y familiares con San Juan de la Maguana.

Según Juan B. Pérez, en Geografía y sociedad, para 1920 el general Ramírez poseía una extensa residencia solariega y vastas propiedades agrícolas y ganaderas. Su designación como “jefe comunal” en los años 1890 amplificó las posibilidades de apropiación de tierras mediante su influencia directa sobre las estructuras locales.

Este grupo de poder incluía también otras figuras militares, como Ampayés Alcántara, Vidal y los hermanos del propio José del Carmen Ramírez, quienes ostentaban grados de generales. La convergencia del caudillismo con los intereses del capital comercial permitió una reconfiguración territorial que marginó al campesinado.

Nancie L. González ha señalado que:

“cada región tenía su caudillo, que al mismo tiempo que mantenía el orden dentro de su territorio, desafiaba los esfuerzos del gobierno central para controlarlo”.

Este patrón es claramente observable en el Suroeste, donde el caudillismo fue un actor fundamental del proceso de concentración de tierras.

5. Falsificación de títulos y crisis institucional

El período estuvo marcado por un incremento en la falsificación de títulos de propiedad sobre tierras comuneras y ejidales. Algunos notarios locales fueron apresados bajo sospecha de participar en estas prácticas, mientras que la propiedad ejidal del Ayuntamiento se hallaba en un estado de profunda indeterminación jurídica. Esta ambigüedad institucional permitió que grupos de poder locales consolidaran patrimonios territoriales extensos sin mayores controles estatales.

6. Conclusión

El caso del valle de San Juan de la Maguana ilustra cómo la reconfiguración territorial en el Suroeste dominicano entre finales del siglo XIX y principios del XX estuvo profundamente ligada a la acción combinada del caudillismo, el capital comercial y la figura del agrimensor. La ausencia de regulación efectiva, el aislamiento regional y la debilidad institucional facilitaron la consolidación de grandes latifundios a expensas del campesinado, marcando de forma duradera la estructura social y económica de la región.

Identidad Sanjuanera.

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