Atravesados por el fuego
The Power of Public Opinion, Joseph Pulitzer
“(And I Tiresias have foresuffered all
Enacted on this same divan or bed;
I who have sat by Thebes below the wall
And walked among the lowest of the dead.)
Bestows one final patronising kiss,
And gropes his way, finding the stairs unlit…”
The Waste Land, T. S. Eliot
Un control remoto en la distancia y pafff, destrucción instantánea. Leer esta oración resuena a fzzz, como voltear una hoja. O a huuumm ¡booommm! (estruendo grave y profundo). Más recientemente, un control remoto programado para identificar rostros, patrones de riesgo y luego zzzzt, ejecución silenciosa de cuerpos.
Una redada en un carwash. El gerente no se inmuta. En el viento se ve otro, igual de útil, en lista de espera. Es simple, piensa, pasar una página y listo: Mañana estará en su país y volverá, al pagar, por segunda vez en dos meses, el regreso al paraíso.
En su respectivo camión, de Bonao lo envían a Haina y de Haina a Dajabón. Un pan con chocolate en 24 horas. Ya en Ouanaminthe (Juana Méndez), lugar que desconoce, busca dónde hospedarse. Con los dos mil quinientos pesos que lleva pasará los siguientes tres días buscando trabajo. Lugar desconocido, gente desconfiada, crisis conocida. De martes a viernes queda el espacio de menos actividad binacional, hasta que el viernes consigue dos horas de trabajo empujando una carretilla de un señor que compra y vende hierros viejos.
Esa misma tarde, conoce a un muchacho que le habla de la fábrica de blocs, donde garantizan trabajo. La fábrica queda en Dajabón, pagan X y Y cantidad de dinero por hacer este u otro trabajo de carga (fabricar y cargar blocs, palear arena, mover materiales…). Con cuidado, porque en Dajabón los guardias parecen estar en todos lados, coordinando quién entra, quién sale, quién opera o no el negocio ilícito más rentable de la frontera, con retenes y tecnología de punta, sólo cuando conviene.
En la fábrica de blocs fabrica y carga blocs, palea arena, mueve materiales… Reconoce que los muchachos son muy buenos en lo de ello y, porque le enseñan rápido y bien, se da muy bueno él también, incluso llegando a ser el encargado de palear arena y cargar blocs él solo para uno y hasta dos camiones al mismo tiempo. (¿De dónde viene ese material?).
Los muchachos comentaban que sólo hay que pagarle al tipo que te ayuda a salir de Dajabón. El mismo tipo que en la fábrica entraba y sacaba conciudadanos en la madrugada, era la primera conexión del pase al paraíso. Este tipo contactaba a otro tipo, dominicano, y este último hacía contacto con los guardianes de la casería. El fuego mediático y físico de los que, por un lado, imaginan paraísos, y los que, por otro, siempre huyen del fuego.
Por la mañana, un pan con una rueda de salami partida a la mitad, por la noche, la misma fórmula. Durante quince días, destaca en su trabajo y reúne los diecinueve mil quinientos pesos cotizados para su viaje al otro lado. Sólo reúne trece mil quinientos, el resto lo completa con un préstamo de un amigo, cien dólares.
Los guardianes de la casería diseñan las negociaciones, moviendo personas de un lado al otro de Dajabón y el resto de la frontera, hacia distintas rutas. La travesía empieza con un viaje a pie de Dajabón a las Matas de Santa Cruz, seguido con un viaje en motor hasta las afueras de Mao: En este tramo de la ruta, otro motor se adelanta hasta cada retén, confirmando al otro motor para que pase. Así sucesivamente hasta llegar a las afueras de Mao. En Mao lo espera la minivan que llegará, ya sin escolta, hasta Santiago. En Santiago, paga a un motoconchodos mil quinientos pesos hasta llegar a Bonao.
Huyendo de la hoguera, busca una sombra. Quiere regresar a Bonao porque le gusta, porque debe dinero a unos amigos; aunque aquí no haya vida para ellos.
E’ un bobo brothe’.
El síntoma de poseer un fuego capaz de hacer lo que uno quiera puede entenderse como el fuego que media las negociaciones y el destino de ellas, se hagan o no en consenso mutuo, entre estos o aquellos grupos de enemigos predilectos. La convicción siempre será el poder mediar las negociaciones al antojo, nos gusten o no los resultados. Derecho histórico. Sin existir agua que apague esa convicción, las negociaciones quedan a la intemperie de los territorios y los cuerpos que los rodean.
Sólo en la crisis es posible llegar hasta los nuevos límites del poder histórico-mejorable del fuego y, así, como si fuera finales del siglo XVIII, la fragata Alarm persigue balandras en el Caribe: Con banderas recién negociadas, franceses y españoles son sorprendidos en una secuencia de ataques destructivos. Después del fuego, a los ataques le sigue un secuestro, ciudadanos franceses y súbitos españoles son trasladados de isla en isla haciendo de la reincidencia una forma atávica de reafirmación de la ley de la jungla.

