Ceuta, ¿laboratorio contra las izquierdas?
Al margen de si la gestión del Gobierno central liderado por el socialista Pedro Sánchez hizo sus deberes, varios aspectos saltan a la vista y refuerzan las teorías llamadas en España “conspiranoicas”.
Sánchez ha tenido roces con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, especialmente por la exigencia de subir el gasto militar con la OTAN, pero además por su alineamiento con la causa palestina y la promoción de dos estados con Israel.
Trump, como estrecho aliado del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tampoco parece soportar las medidas de Madrid contra el régimen de Tel Aviv en algunos frentes.
En paralelo, el Ejecutivo de Sánchez decidió regularizar inmigrantes, más de medio millón, que ya residen y hasta trabajan en España desde hace tiempo, aunque sin papeles.
Los gobiernos de extrema derecha, particularmente europeos, Trump y otros aliados, salieron en tromba frente a la iniciativa española. Curiosamente, no ocultaron una suerte de alegría morbosa cuando más de 72 mil personas cruzaron la frontera desde Marruecos para ingresar en Ceuta entre el 30 y 31 de julio pasado.
Mientras sigue la tensión entre la administración de Sánchez y la oposición, ayer alrededor de mil 800 migrantes irregulares en Ceuta fueron trasladados a instalaciones de acogida de forma voluntaria.
Sin embargo, al anochecer, unas 500 personas regresaron a la playa El Trampolín ante el temor de ser regresados a Marruecos.
Los agentes del orden, acompañados por funcionarios de Migraciones y de la Cruz Roja, acompañaron a las personas divididas en dos grupos, uno de origen subsahariano y otro de magrebíes.
Pero el panorama volvió a tensionarse en El Trampolín, donde nuevamente se agrupan cientos de migrantes ilegales.
En una columna en eldiario.es, el exministro y militante del Partido Comunista Alberto Garzón, señaló que “no hace falta imaginar una coordinación directa o explícita entre Washington, Rabat y la extrema derecha europea”.
Precisó la importancia de entender que sus intereses pueden converger en un mismo resultado, produciendo efectos desestabilizadores.
“Lo que para Vox (ultraderecha española) es una oportunidad para desgastar al Gobierno, para Estados Unidos es una oportunidad de torpedear cualquier proyecto europeo”, remarcó Garzón.
La situación en Ceuta sigue siendo de choque político permanente entre el Ejecutivo nacional, las autoridades ceutíes (y asimismo de Melilla, la ciudad contigua), y los conservadores del Partido Popular (PP) y Vox.
Subyace además en este contexto, la idea de que a Marruecos le molestó mucho el viaje de Pedro Sánchez a Argelia, para normalizar relaciones, habida cuenta de que Rabat considera a Argel enemigo acérrimo.
Por si fuera poco, el tema Ceuta provocó la suspensión temporal del acuerdo Schengen de Italia con España, a lo cual respondió el país ibérico del mismo modo. Justamente una medida de un gobierno de extrema derecha contra otro de izquierdas.
PRENSA LATINA
