Cuba en hora cero

Por César Pérez

Definitivamente, Cuba vive la más compleja y dramática coyuntura de los tantos momentos en que este país se ha visto al borde de la catástrofe total y final.

Vive ese momento llamado hora cero o de desenlace, entre otras acepciones, pues ese país no será como antes cualquiera que sea el desenlace del brutal e inhumano recrudecimiento del cerco al que la ha sometido la mayor potencia militar del mundo, EE. UU. Con ello, se busca precipitar su total colapso en las esferas de lo económico, lo político y social. Esa acción merece la más decidida repulsa, sin soslayar temas cruciales que configuran el contexto en el que ha discurrido el proceso revolucionario cubano, sin un reduccionismo de la cuestión que impide ver su significado en toda su dimensión.

La ex URSS y Cuba encontraron en el azúcar la principal fuente de financiamiento a la revolución. La primera compraba el azúcar muy por encima de su valor de mercado, pero a precio fijo; con el dinero, Cuba recibía y revendía petróleo subsidiado. Con la reventa del petróleo, a Europa desde la URSS, sin llegar a Cuba, esta obtenía una inyección de divisa de inestable valor. También revendía el venezolano. Sin ese petróleo, ese país ha llegado al límite, carece de recursos, de infraestructuras productivas y para el discurrir de la cotidianidad y vivir de acuerdo con los indicadores básicos de calidad de vida. Sin capacidad de producir, lo único que le ha quedado es vivir de la ayuda internacional.

El gobierno norteamericano dice que está negociando con el cubano, pero este dice que no es cierto, al tiempo de expresar su voluntad hacerlo. Es posible que se llegue a algún acuerdo. Al primero no le conviene el caos ni la abrupta caída del gobierno cubano, por el impacto que esto pueda tener en términos migratorios y porque carece de interlocutores internos con cierta credibilidad y legitimidad, y el segundo sabe perfectamente que no tiene ninguna posibilidad de salir de la crisis sin negociar una salida. Es posible que se llegue a un acuerdo y ha de esperarse que, de lograrse, este no sea tan oneroso/vergonzoso como el impuesto al madurismo.

La violencia que se ha hecho contra Venezuela, como la que de otra forma se comete contra Cuba, debe ser rechazada resueltamente, pero la expresión de apoyo pura y simple a sus gobiernos, sin plantear objetiva y honestamente la naturaleza de la forma de poder en que se sostienen no es una posición política, es una posición simplemente emotiva que, como de costumbre, no contribuye a que se tenga conocimiento objetivo sobre qué se defiende y ni a quien se defiende. En el caso de Venezuela, hasta ahora, este aserto tiene señales claras de estar verificándose.

Cuba vive su hora cero, la hora de las grandes decisiones; Venezuela también. Hay señales fehacientes de que los dirigentes de la segunda han decidió asumir el rol que le ha asignado el invasor. De su parte, la dirección cubana tiene dos caminos: resistir para cambiar, deseable pero difícil, o seguir el camino a la perdición, que es el objetivo del acorralamiento que padece.

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