Del Evangelio de Juan a la evaluación de los gobiernos
Por Rafael Guillermo Guzmán Fermín
Durante una misa celebrada en Semana Santa, se abordó el pasaje del capítulo 10 del Evangelio de San Juan (10, 31-42), en el que describe uno de los episodios más complejos de la vida pública de Jesús; en ese momento, sus opositores intentaron lapidarlo bajo la acusación de blasfemia. Aquí se extrae una reflexión relevante sobre la naturaleza humana, ya que las críticas no se dirigieron a sus obras, sino a su identidad, es decir, el conflicto se centró en lo que Jesucristo simbolizaba, específicamente en relación con su liderazgo.
La respuesta del Nazareno fue directa: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; si las hago, crean en las obras, aunque no crean en mí.” Este enfoque propone un principio universal que trasciende más allá de lo religioso; el de que las obras constituyen la evidencia más sólida de la verdad.
Del discurso a la evidencia: importancia de los hechos
En el contexto actual, caracterizado por la proliferación de promesas incumplidas, narrativas alteradas, percepciones inducidas y debates mediáticos financiados, esta enseñanza adquiere una relevancia notable. La veracidad no se determina simplemente repitiendo argumentos falaces, sino que se sustenta en la solidez de los resultados alcanzados.
En tal sentido, el ámbito político presenta una dinámica similar, en donde sus líderes están sujetos a evaluaciones constantes, comentarios críticos y reinterpretaciones. En efecto, es habitual que el debate político se vea influenciado por emociones, intereses particulares y perspectivas ideológicas, lo que puede dificultar la apreciación objetiva de la situación.
Sin embargo, al igual que en el pasaje evangélico, el criterio político más justo y duradero debería descansar en un elemento esencial: las obras de gobierno.
Gobierno basado en resultados: el ejemplo dominicano
En la historia política reciente, la figura de Leonel Fernández ha sido objeto de intensos debates. Sus gestiones han generado tanto respaldo como críticas, no obstante, más allá de las pasiones encontradas, existe un campo de evaluación objetiva: sus realizaciones concretas. Podemos destacar que, durante sus tres períodos de gobierno, el país experimentó transformaciones significativas en distintos ámbitos:
1.- Modernización de la infraestructura, con obras emblemáticas como el Metro de Santo Domingo.
2.- Consolidación de la estabilidad macroeconómica.
3.- Proyección internacional de la nación.
4.- Fomento a la institucionalidad en áreas estratégicas.
5.- Diseño y puesta en marcha del único plan de seguridad ciudadana presentado públicamente, logrando resultados positivos.
Quienes apoyan estas acciones las consideran pruebas concretas de una gestión de gobierno enfocada en resultados, que son palpables y medibles.
La dificultad de reconocer las obras
El Evangelio de Juan expone una realidad difícil, en que las acciones no son siempre suficientes para persuadir a todas las personas, pues a pesar de las obras realizadas por Jesús, un sector continuó manifestando incredulidad.
En política, algunos sectores minimizan o reinterpretan los logros de un gobierno según sus intereses, y el reconocimiento depende tanto de la evidencia como de la disposición a aceptarla.
El juicio del tiempo y de la ciudadanía
El pasaje bíblico termina con una declaración importante: «Y muchos allí creyeron en Él». Esto indica que, a pesar de la resistencia al principio, las personas finalmente lo reconocieron gracias a lo que vivieron directamente.
En el ámbito político, el tiempo juega un papel similar. Las coyunturas del momento pasan, las narrativas maquilladas se diluyen, pero las obras permanecen, y en última instancia, es la ciudadanía quien evalúa, compara y decide.
Por esta razón, el electorado dominicano considera al expresidente Leonel Fernández como la opción más adecuada para retornar al progreso, el desarrollo económico y restablecer las condiciones de seguridad pública y convivencia social.
Lección aprendida
La enseñanza que se desprende de este paralelismo es clara y real, es que la legitimidad, tanto en lo espiritual como en lo político, se sostiene en las obras. De manera que, en un contexto caracterizado por discursos repletos de promesas no cumplidas y resultados insuficientes, los votantes buscan líderes con experiencia comprobada en asuntos de Estado, habilidades gerenciales y visión estratégica para el futuro, como Leonel Fernández. En última instancia, tal como señala el Evangelio de San Juan, no son las acusaciones ni las percepciones las que sustentan la verdad, sino la evidencia irrefutable de los hechos: “Las obras realizadas son fundamentos de la verdad y del liderazgo político”.

