El “Andy Schock” y sus tres golpes a la realidad

Por Fidel Soto

La reciente exposición de Andy Dauhajre revela una visión del mundo marcada por una interpretación selectiva de los hechos económicos y geopolíticos. Sus planteamientos descansan sobre tres ejes fundamentales que merecen ser examinados críticamente.

PRIMER GOLPE: CHINA COMO CHIVO EXPIATORIO

«La incorporación de China al comercio global tuvo un impacto disruptivo y duradero en diferentes segmentos del mercado laboral de EE. UU., provocando una pérdida de cerca de 2.4 millones de empleos entre 1999 y 2011.» (1)

Andy Dauhajre adopta la tesis del denominado «China Shock», desarrollada por David Autor, David Dorn y Gordon Hanson, según la cual la irrupción de China en los mercados mundiales provocó una profunda destrucción de empleos manufactureros en Occidente. Sin embargo, el propio debate académico está lejos de ser unánime.

Economistas de la talla de Robert Feenstra, Daron Acemoglu y Jason Furman han cuestionado distintos aspectos de esa interpretación, señalando que las transformaciones del empleo y la producción responden a múltiples factores, incluyendo la automatización, las decisiones corporativas, la deslocalización industrial y las políticas económicas internas.

Lo llamativo es que Dauhajre reconoce la existencia de esas críticas, pero no se detiene a examinarlas. En lugar de analizar los distintos enfoques, se adhiere a una sola interpretación y la presenta como explicación suficiente de un fenómeno mucho más complejo.

Así, una hipótesis debatida se convierte en una verdad aparentemente indiscutible. China termina siendo presentada como la gran responsable de problemas cuya génesis incluye también decisiones tomadas por gobiernos occidentales, corporaciones multinacionales y élites económicas que durante décadas promovieron la globalización cuando les resultaba favorable.

SEGUNDO GOLPE:
LA LEGITIMACIÓN DE LA AGRESIÓN CONTRA VENEZUELA

«Luego de la exitosa incursión el pasado 3 de enero para capturar a Nicolás Maduro, ante la clara evidencia de que el señor Maduro desconoció abiertamente el triunfo de la oposición política en las elecciones del 28 de julio de 2024…»(2)

Más preocupante aún resulta su posición respecto a Venezuela. Bajo el argumento de que el gobierno venezolano habría desconocido la voluntad popular, Dauhajre termina justificando políticas de asedio económico, sanciones e incluso acciones orientadas a forzar un cambio de gobierno desde el exterior.

Esta postura pasa por alto un principio esencial del derecho internacional: la soberanía de los Estados y la autodeterminación de los pueblos. La historia latinoamericana demuestra que las intervenciones extranjeras rara vez han producido democracia, estabilidad o prosperidad. Por el contrario, frecuentemente han generado más conflictos, dependencia y sufrimiento social.
Aceptar que un país poderoso puede decidir quién debe gobernar otro porque considera ilegítimo a su gobierno constituye un precedente extremadamente peligroso. Ninguna nación independiente debería aceptar para sí misma aquello que se pretende imponer a otras.

TERCER GOLPE: CUBA COMO SÍMBOLO DEL FRACASO

«Trump parece haber tomado la decisión de dar un golpe de timón para erradicar de Cuba al régimen que encabeza el ranking mundial de los más empobrecedores de la historia de la civilización humana.»*(3)

Es en este punto donde la argumentación de Dauhajre encuentra su contradicción más evidente. Al presentar a Cuba como paradigma de la debacle económica y social, intenta convertir a la isla en la representación máxima del fracaso en América Latina y el Caribe.

Sin embargo, los propios organismos internacionales ofrecen una imagen muy distinta.
Los informes conjuntos de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos identifican los principales focos mundiales de hambre aguda y riesgo de hambruna. Los casos más graves se encuentran en Sudán, Gaza, Sudán del Sur, Malí, Haití y Yemen. A ellos se suman Afganistán, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Somalia y Siria.

Cuba no aparece entre los países sometidos a riesgo de hambruna ni entre los principales focos de inseguridad alimentaria extrema del planeta.
Cuando se observan los indicadores de pobreza extrema en América Latina y el Caribe, la situación más dramática corresponde a Haití, único país de la región incluido por la FAO en la categoría de máxima preocupación. Millones de haitianos enfrentan condiciones de vida extremadamente precarias, marcadas por la violencia, el colapso institucional y la inseguridad alimentaria.
Nada de esto implica negar los problemas económicos de Cuba ni las dificultades que enfrenta su población. Lo que demuestra es que la realidad no coincide con la caricatura que pretende presentarla como el principal desastre humano de la región.

LO QUE REALMENTE REVELAN ESTOS TRES GOLPES

Los tres planteamientos tienen un patrón común. En el caso de China, se presenta una hipótesis discutida como si fuera un consenso académico. En el caso de Venezuela, se termina normalizando la intervención externa contra un Estado soberano. En el caso de Cuba, se utiliza un ejemplo políticamente conveniente mientras se omiten las tragedias humanitarias que organismos internacionales consideran mucho más graves.
La selección de los hechos obedece más a una visión ideológica que a un análisis integral de la realidad.
Resulta significativo que, al hablar de hambre, pobreza y sufrimiento humano, la atención se concentre en Cuba mientras se pasa por alto que Haití comparte con países como Sudán y Gaza la categoría de máxima preocupación alimentaria según la FAO y el Programa Mundial de Alimentos. Del mismo modo, se responsabiliza a China por problemas económicos complejos sin examinar el papel desempeñado por las propias economías occidentales. Y se cuestiona la legitimidad de un gobierno venezolano mientras se minimizan los efectos devastadores que las sanciones y los bloqueos tienen sobre la población.

El llamado «Andy Shock» termina siendo, en realidad, un ejercicio de selección interesada de datos y argumentos. El debate académico se presenta como certeza; donde debería defenderse la soberanía se justifica la injerencia; y donde los organismos internacionales identifican las mayores tragedias humanas se desvía la atención hacia objetivos políticamente más convenientes.
La realidad es más compleja que los esquemas ideológicos utilizados para interpretarla. Y precisamente por eso conviene contrastar las opiniones con los hechos. Cuando se examinan los datos en toda su amplitud, los tres golpes de Andy Dauhajre terminan impactando más sobre sus propias conclusiones que sobre los países que pretende cuestionar.

(1)-(2)-(3)
Ver artículo de Andy Dauhajre en el Caribe de hoy 1 de junio, bajo el título: «The Cuba Shock».

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