El etnofascismo amenaza a Europa
Por José Asensi Sabater.
Primo Levy, el escritor y poeta italiano de origen sefardí, superviviente del Holocausto, dijo en una ocasión que cada época tiene su particular tipo de fascismo. Ciertamente así es. No tienen por qué ser siempre iguales, desplegar las mismas parafernalias; pero, en esencia, son equivalentes. Digo esto a propósito del espectro etnofascista-xenófobo-ultranacionalista que recorre Europa y que ha cristalizado en partidos y movimientos políticos que amenazan seriamente con romperla.
Se estima que el número y la densidad de estos movimientos va en aumento, camino de rondar el veinte por ciento del electorado, aunque su influencia ideológica y política, su implantación en gobiernos e instituciones, es mucho mayor.
La semana pasada fue fiel reflejo de los conflictos que vive Europa. La condena rotunda del Parlamento Europeo al déspota Viktor Orban, algo nunca visto, se entiende como reacción a las políticas xenófobas y autoritarias del gobierno húngaro, incompatibles con los postulados y principios que rigen en la UE, aunque también explicita la ruptura del bloque popular europeo, secundada por eurodiputados del PP español que se posicionaron vergonzosamente con Orban. La derecha conservadora y cristiana europea, un pilar de la UE desde su fundación, está ya asediada por el etnofascismo que amenaza a Europa por sus cuatro costados.
¿Va a ser posible parar la marea desde la UE con los instrumentos que tiene? La UE nació y se desarrolló en un contexto donde el conflicto fundamental que tenía que resolverse por medios pacíficos era el conflicto capital-trabajo, derecha e izquierda. La izquierda centrada en los derechos de los trabajadores y las políticas de redistribución. La derecha centrada en reducir las dimensiones del Estado, en la desregulación y el fomento de sector privado. Pero esa dimensión del conflicto parece haberse evaporado y, en su lugar, la izquierda no parece tan interesada en promover la redistribución como en fomentar las reivindicaciones de las minorías, el culto a las diferencias, la gestión de las identidades (religiosas, étnicas, culturales, de género), mientras la derecha redefine su misión en términos de la patriótica defensa de la identidad nacional. El exceso identitario y ultranacionalista no se da sólo en estados nación como Polonia, Austria o Hungría, sino también en el interior de los Estados, en forma de identitarismos excluyentes, como en Bélgica, Holanda, Italia, o en regiones concretas, como el caso del secesionismo supremacista en Cataluña.
Europa se enfrenta al desafío de movimientos neofascistas en el interior y a grandes actores internacionales en el exterior que preferían el escenario de una Europa rota e impotente. Reforzar las políticas que enfrenten la situación y renueven el compromiso europeo por una mayor integración, federalización, cohesión social, redistribución y progreso económico, es la tarea que aguarda a la ciudadanía europea. Las próximas elecciones europeas serán decisivas.
22/09/2018
