El fantasma de la inflación

Daris Javier

La inflación es el enemigo más peligroso que tiene el poder adquisitivo de los consumidores, esto así ya que aumenta el costo de la vida mediante el encarecimiento de la canasta de bienes y servicios requerida por los hogares. Pues se trata de que la inflación es el impuesto más agresivo para los que menos tienen, los más pobres, por lo que los ingresos menores son los que sienten el impacto con mayor fuerza.

Ya nadie puede ocultar que desde el último cuatrimestre del año 2021 se ha sentido un incremento generalizado en los precios de los bienes y servicios a escala planetaria. La presencia de la inflación ha rebosado el patrón de comportamiento promedio de las últimas cuatro décadas, al duplicarse a nivel mundial y evidenciando la baja efectividad de la política monetaria para frenar este flagelo.

Por la sostenibilidad y generalidad en que se manifiestan los precios sin tener una idea preclara del final, los economistas califican a este fenómeno como un fantasma letal para la economía en sentido general. Tales criterios se fundamentan en que al producirse una variabilidad cada vez mayor en los precios, esto se traduce en fuertes dislocaciones e ineficiencia cuyo resultado es una aguda pérdida de competitividad y trastornos en la actividad económica.

Las evidencias empíricas demuestran que el coeficiente de inversión y el crecimiento económico de un país son severamente afectados cuando se produce un descontrol en el sistema de precio de un país. Si no se cuenta con un entorno favorable para la estabilidad de precios, los niveles y calidad de vida se deterioran, mientras que la planeación económica es infuncional para el dinamismo de las empresas y los objetivos de política económica del gobierno.

La inflación no tan solo es un problema de que los precios se incrementan, sino que los sueldos de los trabajadores no suben en la misma magnitud, por tanto, los ingresos pierden capacidad de compra y los niveles de ingresos se estancan. Esta desproporción impulsa la distorsión tanto micro como macroeconómico, lo que en la realidad es muy desfavorable para frenar el combate contra la pobreza y desvanece la esperanza de superar este malestar.

A la luz de la razón, históricamente ha quedado demostrado que las serias implicaciones que se derivan del fantasma de la inflación son de consecuencias negativas prologadas para la economía y la mejora de los indicadores sociales. Aunque en alguna etapa del proceso económico la actual inflación tendrá un freno, pero la incertidumbre predominante ya de por si ha construido un lastre que afecta la recuperación de la economía global, al tiempo de que los efectos colaterales son múltiples y nocivos.

En conclusión, se trata de que la inflación predominante representa una situación difícil y riesgosa para la seguridad alimenticia global y una perturbación para el crecimiento económico y que tiene todo el potencial para destruir la producción a escala planetaria de una manera rápida. En adición, las condiciones están dadas para que se presente lo peor, estanflación con estancamiento económico, en tanto que, muchos gobiernos no tienen una precisión del origen del fenómeno y recurren su atribución a tal situación a los aranceles y a los conflictos entre Rusia y Ucrania.

Fue el economista polaco, Michael Kalecki, quien advirtió que los altos niveles de inflación son el principal detonante de los conflictos sociales, fruto de que los diversos grupos sociales y los diferentes agentes económicos apuntaran a una pugna para mejorar sus niveles de renta. Es por ello que, desde una perspectiva macroeconómica, el logro más importante de la política económica es la estabilidad de precios, lo contrario se traduce en una pérdida del valor del dinero y una carga de injusticia social.

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