El texto y el proceso: lo que minó la inédita propuesta constitucional en Chile

SANTIAGO (Sputnik) — Tras la contundente derrota de la propuesta de nueva Constitución en Chile en el plebiscito nacional, comenzó el coro de análisis, apuntando principalmente a dos factores: un texto que no generó consenso y una Convención Constitucional que no convenció a la gente.

Los grupos conservadores y de derecha acusaron constantemente que el texto de 388 artículos que durante un año redactó la asamblea constituyente era deficiente y generaba división entre los chilenos y los pueblos originarios. Los detractores del texto argumentaban que era una «propuesta indigenista» y apuntaron a que muchas disposiciones generaban dudas y ambigüedades, como los artículos que establecían autonomía para los territorios indígenas, o la creación del sistema de justicia de pueblos originarios, cuyos límites no estaban detallados.
La primera jornada posplebiscito dio paso a las autocríticas y muchos de los principales líderes del comando del Apruebo se volcaron este lunes 5 a las redes sociales, dando explicaciones, analizando lo sucedido y algunos de ellos, reconociendo errores y fallos.
«Nos equivocamos, debemos hacer una autocrítica enorme y ver cómo avanzamos hacia la continuidad del proceso constituyente. Muchos gustitos nos costaron caros, el pueblo ha sido contundente en su veredicto y ahora nos queda mucho que analizar y continuar el proceso», escribió el diputado del Partido Socialista (centroizquierda) Tomás de Rementería, en su cuenta de Twitter.
«La democracia habló fuerte y claro sobre una propuesta que no convocó. Quienes trabajamos en ella debemos tener mayor autocrítica», afirmó Tammy Pustilnick, una de los 154 exconvencionales constituyentes que redactó el texto.
En la misma línea de reflexión, el exconvencional socialista Maximiliano Hurtado reconoció en conversación con Agencia Sputnik que «el texto constitucional no respondía al sentido común de la ciudadanía».

«Nos dimos cuenta después del plebiscito que la sensación país que vivimos en octubre de 2019 para el estallido social, esa efervescencia que generó el proceso, fue sólo un momento y no reflejó lo que efectivamente cree la sociedad de nuestro país. Nos alejamos totalmente del sentido común creyendo que el ánimo ‘octubrista’ [relacionado con las protestas del estallido] iba a seguir siendo transversal en 2022, y no fue así», señalo Hurtado, quien hizo campaña por el Apruebo.

Hurtado analizó que, posiblemente, los cambios planteados por la nueva Constitución eran demasiado progresistas o revolucionarios para una sociedad que está acostumbrada a la moderación. «Chile es un país mucho más conservador y moderado de lo que mostró para el estallido social, y hay quienes, estando al interior de la Convención, no supimos leer esto. Muchos rostros independientes sin tanta experiencia política se cargaron a los extremos, y nosotros, que militamos y representamos a la política más tradicional, debimos haber llamado a la cordura a aquellos movimientos», cerró, a modo de autocrítica.

Una convención mal evaluada

Durante gran parte del proceso constituyente, las encuestas marcaron que la Convención Constitucional no contaba con una buena evaluación ciudadana. La encuestadora privada Cadem publicó un estudio en mayo evidenciando que a un 58% de la ciudadanía el órgano no le generaba confianza.
La votación del plebiscito no solo respondió a un rechazo de fondo, contra las disposiciones de la propuesta constituyente, sino que también de forma. Las controversiales declaraciones de los convencionales considerados más extremos habrían generado una animadversión de la ciudadanía hacia el proceso mismo, y un rechazo a la manera en que se redactó la propuesta.

Constantemente se mencionan algunas polémicas que habrían afectado la imagen de la asamblea, como el caso del convencional Rodrigo Rojas, quien debió renunciar al cargo luego de que se revelara que el cáncer terminal que decía tener no era real, o el momento en que el convencional Nicolás Núñez votó de manera telemática una de las normas mientras estaba en la ducha, lo que fue interpretado como que algunas autoridades no le estaban otorgando la seriedad que el cargo merecía.

En febrero de este año, un grupo de ocho convencionales propuso disolver la figura del presidente de la República y terminar con todos los poderes del Estado, para reemplazarlos por una asamblea plurinacional. La norma fue rechazada y no quedó en el documento final, pero caló en el subconsciente colectivo.
«El primer análisis que se hace es que el Rechazo es fruto de la fuerte crítica que hubo al proceso de la Convención, lo que provocó un impacto mediático que generó que muchas personas no pudieran separar la etapa de deliberación con lo que fue el resultado final», dijo a Agencia Sputnik el cientista político y académico de la Universidad Mayor Alejandro Olivares.
El experto señaló que «la gente juzgó en un mismo paquete el proceso de debate con el texto fi nal, siendo que muchas de las propuestas más descabelladas fueron rechazadas en la votación del Pleno. La deliberación fue compleja y los ‘gustitos’ que se dieron algunos convencionales impactaron negativamente la imagen del órgano».

Para Olivares, algunas de las temáticas no se abordaron de manera correcta e hirieron sensibilidades que generaron enemigos poderosos, por ejemplo, la eliminación del Senado, una disposición que finalmente fue aprobada por la Convención y que provocó rechazo no sólo de la derecha, sino que también de una parte de la centroizquierda. «Eliminar el Senado debe ir acompañado de un debate amplio. Es natural que si una institución va a ser eliminada, los actores de esa institución se defiendan, y eso movió la aguja del Senado hacia el Rechazo», dijo.

La derecha con el sartén por el mango

Aunque la mayoría de los sectores políticos coinciden en que se debe iniciar un nuevo proceso constituyente para reemplazar la actual carta magna redactada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), la apabullante victoria del Rechazo en el plebiscito le otorgó un poder de muñequeo a la derecha y a los sectores conservadores para poder elegir el cuándo y el cómo.
Para dar comienzo a un nuevo proceso es necesario redactar una reforma constitucional que lo permita, proyecto que debe ser aprobado por cuatro séptimos de los parlamentarios en ejercicio. El oficialismo y la izquierda, a favor del Apruebo, no tienen mayoría en ninguna de las dos cámaras y necesitan a sus adversarios políticos para empezar a mover los engranajes.
Pero la izquierda no la tendrá fácil, pues la oposición tiene el sartén por el mango.
El presidente Gabriel Boric convocó este lunes 5 una reunión ampliada con todos los presidentes de los partidos políticos del país, dando una señal a la ciudadanía de que el proceso constitucional no tendría pausas. Sin embargo, la oposición decidió declinar la invitación.
«Ya nos vamos a juntar con ellos, pero primero tienen que ordenar la casa», dijo en conferencia de prensa el presidente del partido Unión Demócrata Independiente (derecha), Javier Macaya, dejando entrever el terremoto político que generó la derrota del Apruebo en el Gobierno.
De hecho, el impacto fue tan masivo que, según los medios locales, varios de los ministros de Boric caminan por la cuerda floja y podrían ser reemplazados en el próximo cambio de Gabinete, incluido el ministro de la Secretaría General de la Presidencia y mano derecha del mandatario, Giorgio Jackson, uno de los principales impulsores del acuerdo que dio inicio al proceso constituyente en 2019.

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