Elogio de la locura: una rata es convertida en diosa

Por Melvin Mañón

Las reinas del Caribe, el equipo dominicano de volibol, esforzadas, hermosas y comprometidas son el orgullo de muchos dominicanos pero ninguna de ellas fue escogida por los Mets de Nueva York para lanzar la primera bola.

Hay una dominicana también famosa Kathleen Martínez persiguiendo la tumba de la reina Cleopatra en Egipto. En la National Air and Space Administration (NASA) se destaca Scarlin Hernández premiada este año con el Galardón Nacional de la Juventud por sus trabajos en la construcción del telescopio James Webb. Por su parte, Covi Quintana lleva el arte y la nacionalidad a espectacular altura con su magnifica interpretación de “Soy Dominicana” y para aquellos que no quieran dejar el servicio público fuera está Julissa Reynoso dominicana que ostenta la representación diplomática de los Estados Unidos en España.

Tokischa

Pero ¿saben qué? Los Mets no escogieron a ninguna de estas mujeres para lanzar la primera bola. Escogieron, a Tokischa, no porque fuera dominicana sino porque es un producto de la época, de una maquinaria que la impulsa, de unos medios que la difunden y de otros intereses comprometidos con la meta de enriquecer a unos e imbecilizarnos a todos.

Una rata es convertida en diosa protagonista de “Amor Realengo” porque como afirma ella “bajo mundo aquí tamo singando” y al emitir el “boletín de la hora” añade con el mismo desenfado: “si hubiera nacío varón, hubiera destapao a toa la prima mía, en una orgía toa la tía mía mamándome el guevo en fila”.

Si usted es capaz de encontrar mérito, disfrute o arte en esas letras, súmese a la legión de animales que así lo consignan en comentarios tan públicos, tan absurdos y obscenos como las letras de Tokischa y las de los demás del mismo género.

Todos estamos aquí en este mundo porque, sin necesidad de que ella lo diga “aquí singamos” y así ha sido siempre.

En las postrimerías de mi adolescencia vi de paso una mujer singular, acaso, extraordinariamente hermosa. “que bella” exclamé exaltado.  El Dr. Musa Mattar que ya era el esposo de mi prima más cercana y en ese momento estaba a mi lado, reaccionó en automático diciendo: “sí, pero suda, sangra, caga y mea”. En ese instante me pareció que su comentario profanaba aquella deidad. Hoy, ante el éxito fulgurante de Tokischa, el elogio masivo de seguidores testimoniado ampliamente en las redes, solo me resta esperar que pronto ella y los demás “artistas urbanos” empiecen a componer e interpretar letras y sonidos para sudar, sangrar, cagar y mear como me dijo Musa en aquella ocasión (y nunca me ocupé de verificar) había escrito Vargas Vila.

Debemos completar el ciclo y en su momento pedir cuentas. Por ahora y hasta que despertemos de la pesadilla, que siga la fiesta que aquí singamos.

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