Ganó Lula, un respiro

 

 

César Pérez.

“Si queremos más días para la humanidad, el fascismo debe ser detenido”, dice Petro; solo en esa perspectiva el triunfo de Lula podrá ser algo más que un respiro.

De duda, temor y angustia ha sido el sentimiento predominante en quienes seguíamos el recién culminado proceso electoral en Brasil del cual Lula ha salido triunfador, viví esa sensación el pasado domingo horas antes de que se iniciase la publicación de los boletines. Pero desde el primero de ellos, dada la relativamente reducida ventaja con que partió su innombrable adversario tuve el pálpito de que Lula sería el triunfador porque en la primera vuelta el derrotado arrancó con una ventaja que inexorablemente se fue reduciendo. Desde el boletín en que este asumió la ventaja, tuve la tranquila seguridad de su victoria. Pero, mantengo la desazón porque el odio, la intolerancia y la violencia verbal y física en ese país y en todo el mundo no paran de crecer.

 

El triunfo de este aminal político detiene en seco la continuidad en Brasil del ultranacionalismo xenófobo y racista, del autoritarismo militarista y del conservadurismo antidemocrático que son elementos básicos de esa expresión del fascismo que lastran el mundo y particularmente al más grande de los países de Sudamérica. Con esa victoria, nace la esperanza de parar en seco el más grande ecocidio del planeta: la destrucción del Amazona, la mayor selva tropical del mundo, y eso indica lo que para el mundo significa el triunfo de Lula. Para nuestra región también significa la continuación de la conformación de mayorías de izquierda que ahora pueden integrar un bloque de países que tienen las cinco economías más grandes de esta zona.

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