La deuda en un mundo sin dinero barato
Por Daniel Toribio.
Durante años nos acostumbramos a tasas de interés extraordinariamente bajas. Endeudarse era barato. Ese mundo parece más lejano y, para un país que mantiene déficits fiscales como República Dominicana, la diferencia importa.
Cuando el Gobierno coloca un bono en dólares, su costo depende de dos componentes: la tasa que pagan los bonos del Tesoro de Estados Unidos y una prima por el riesgo de prestarle a República Dominicana.
La primera no depende de nosotros. La segunda depende, en parte, de la confianza que generen nuestras finanzas públicas. Pero existe un tercer elemento que controlamos más: cuánto necesitamos pedir prestado.
La Reserva Federal mantiene su tasa entre 3.50 % y 3.75 %. En julio, tres miembros votaron por aumentarla 25 puntos básicos.
Estados Unidos también enfrenta su problema. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta para 2026 un déficit fiscal de US$1.9 billones, equivalente al 5.8 % del PIB, y una deuda en manos del público cercana al 101 % del PIB. Para financiarse necesita colocar cantidades de bonos.
La República Dominicana cerró julio con una deuda del Sector Público No Financiero de US$67,828 millones, equivalente al 48.2 % del PIB. Una parte importante está contratada a tasa fija. En la deuda externa, el último dato oficial disponible situaba esa proporción en 82.4 %.
Eso significa que, si mañana suben las tasas estadounidenses, no aumenta automáticamente el interés de toda nuestra deuda.
Pensemos en una escalera.
Cada vez que sustituimos una deuda vieja por otra contratada a una tasa mayor, subimos un escalón. Ese costo permanece durante años. Si además mantenemos déficits, seguimos subiendo porque debemos endeudarnos no solo para pagar vencimientos, sino también para cubrir la diferencia entre ingresos y gastos.
No estamos ante una crisis de deuda. El país conserva acceso a los mercados y tiene una estructura de vencimientos relativamente larga.
La advertencia es otra.
Si el dinero barato no regresa, mantener déficits permanentes será cada vez más costoso. Cada peso adicional destinado a intereses tendrá que salir de mayores ingresos, más deuda o menos recursos para inversión, educación y salud.
No controlamos cuánto cobra el mundo por prestarnos.
Sí podemos controlar mejor cuánto necesitamos pedirle.
