La Falta De Dignidad y Responsabilidad. (3)

Por Joaquín Castillo.

Varios medios informativos y de comunicación, ante la evidente comprobación de la falta de verdad en las acusaciones contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moro, tildándolo de ser el cabecilla del cartel de LOS SOLES, una organización que está en las cabezas de los acusadores de la Casa Blanca, demás funcionarios y adeptos al proyecto del derrocamiento del gobierno bolivariano, han optado por usar media tinta o dar vuelta al pastel, pero dejando el espacio en su psicología perversa contra el proceso de cambio estructural de la nación. Aprovechan cualquier argumento caído por su propio peso para intentar justificar una invasión contra el país con la esperanza de cambiar el sistema y entregar las riquezas venezolanas al imperialismo de Estados Unidos.

¿Cuál es la naturaleza ética y moral que induce a una persona que así piense? La ética, en su naturaleza y origen, es el parámetro entre el bien y el mal del que la sociedad no debería apartarse para el mantenimiento de los derechos de igualdad y equidad, garantía de la paz, sustento de la justicia para preservar lo más valioso, que es la vida, de lo que se ocupa la moral. Presentado eso, no hay manera de argumentar con un razonamiento sensato, sino con la característica de los degenerados y corruptos, que un gobierno cualquiera, ni Estados Unidos con todo su poderío militar, deba tratar de imponer a Venezuela medidas coercitivas avasalladoras y criminales por el liderazgo defender su patrimonio como nación.

El concepto supremacista que dirige al liderazgo de Estados Unidos y a quienes apoyan una invasión con la esperanza de que saqueen las riquezas de la nación venezolana no solamente es perverso por su historia, psicología, sino por el egoísmo y la ambición que los induce a ese comportamiento criminal. Tal acción representa la irracionalidad y abominación al negar el derecho a la existencia misma de seres humanos que luchan por el bienestar colectivo, pacífico, la libertad, la felicidad y la paz duradera.

Los negadores de la verdadera democracia y la libertad, en nombre de las que los agresores tratan de engañar engañándose a ellos mismos, obvian encubriéndose con múltiples mentiras difundidas para confundir al grueso de la población; saben el daño que infrigen, pero curtidos en la maldad, no cejan ni cejarán a menos que la fuerza mayor de los pueblos que luchan por la justicia económica, política y social no se les imponga. Ya es altamente conocido que la acusación de ser dueño del narcotráfico que viene devastando a la juventud en el mundo no recae en quienes como Nicolás Maduro Moro y los luchadores por el establecimiento del socialismo, sino en los negociantes del capitalismo y el imperialismo que históricamente se benefician introduciendo sus activos en los bancos, revelando ser el tercer renglón económico mundial, después del petróleo y la industria de las armas. Esos tres renglones tienen como beneficiarios al imperialismo de Estados Unidos, teniendo el mercado más grande del consumo a la nación. El uso apropiado del razonamiento debe conducir a la justa conclusión.

Los revolucionarios no luchan por otra cosa que no sea la transformación de las condiciones de injusticia que padecen los trabajadores a causa de la explotación del sistema capitalista, estructuras que permiten todo tipo de negocios habidos y por haber, porque lo que persiguen siempre como la razón de ser es la ganancia económica. Es por eso que conforme se ha desarrollado la economía del sistema, han surgido y multiplicado los vicios, los secuestros y tráficos de personas, de órganos humanos, entre otros males.

Los revolucionarios se dedican al estudio de la filosofía, las ciencias y la tecnología avanzada y sobre esa base educan a la juventud para que sean las nuevas generaciones con mente sana las que construyan y dirijan los cambios para el bienestar de la nueva sociedad, el socialismo, única esperanza de la humanidad. De lo contrario, de seguir viviendo bajo el dominio del capitalismo, la vida llegaría a su fin frente a la ambición y el egoísmo por la ganancia individual que conduce a la depredación ambiental; si no es por medio de la destrucción de la naturaleza por medio de la desforestación, el calentamiento global y el agotamiento de los ríos, sería el uso de las armas nucleares ya en desproporción mundial.

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