La historia se repite: Misma estirpe, misma lógica

Por Pedro Cruz Pérez.

Una simple conversación con una vecina que me expresó estar volviéndose loca con su ingreso mensual de RD$15,000, frente a la incontrolable carestía de la vida, me llevó a examinar la trayectoria de las finanzas públicas, en la que surgen inquietantes paralelismos entre la dinámica fiscal de la administración de Luis Abinader y los antecedentes del gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004), donde el endeudamiento acelerado y los déficits recurrentes terminaron comprometiendo la estabilidad macroeconómica.

Durante el cuatrienio de Hipólito Mejía, la economía dominicana pasó de un crecimiento promedio cercano al 7.2% en los años noventa a una marcada desaceleración y posterior contracción del -1.9% en 2003. Aunque la quiebra bancaria de 2003 aceleró la crisis con un costo de rescate superior a los US$2,200 millones alrededor del 20% del PIB, los desequilibrios y la pérdida de confianza ya habían comenzado a gestarse previamente. El déficit fiscal del Gobierno Central se elevó del 2.2% del PIB en 2002 al 4.5% en 2003, situando el déficit público consolidado en un 7.5% del PIB.

En paralelo, la deuda pública consolidada se disparó de unos US$6,100 millones en el año 2000 a más de US$10,700 millones en 2004, equivalente al 54.6% del PIB. Decisiones Alocadas del funesto gobierno de “Llegó Papá”, truncaron los sueños de miles de dominicanos, que aprendimos de mala manera lo importante que es elegir bien a quien nos gobierna.

Más de dos décadas después, la tendencia fiscal muestra patrones peligrosamente similares con Luis Abinader, en cuanto a la dependencia del endeudamiento y la persistencia de brechas presupuestarias. Para el ejercicio del Presupuesto General del Estado 2027, el Poder Ejecutivo proyecta un gasto del Gobierno Central de RD$1,837,856 millones frente a ingresos de RD$1,510,574.5 millones, generando un déficit fiscal de RD$327,281.5 millones equivalente al 3.4% del PIB.

Esta brecha confirma que los gastos continúan creciendo a un ritmo más acelerado de 10.5% a 13.2%, mientras los ingresos crecen de 9.2% a 9.3%. Con un déficit proyectado por encima del 3% del PIB por varios años consecutivos, analistas económicos y entidades de mucho prestigio advierten que de mantenerse esta dinámica, se alimenta incesantemente la deuda y se limita la inversión pública productiva.

En cuanto al endeudamiento bruto, la deuda del sector público no financiero alcanzó los US$67,649.7 millones en agosto de 2026, lo que representa un 46.6% del PIB, habiéndose incrementado en más de US$27,400 millones durante la administración de Abinader. Al considerar la deuda consolidada del país, el monto total roza los US$75,459.7 millones.

El punto crítico de esta comparación reside en que del proyecto de presupuesto para 2027, se destinarán RD$351,327.1 millones únicamente al pago de intereses de la deuda pública, lo que absorbe el 23.3% de los ingresos corrientes del Gobierno. Si le sumamos las transferencias para la recapitalización del Banco Central por RD$44,556 millones, el compromiso financiero asciende a RD$395,883 millones, lo que representa el 26.2% de los ingresos.

Adicionalmente, el escenario actual enfrenta presiones externas que recuerdan las vulnerabilidades del pasado: El encarecimiento internacional del petróleo con precios del barril superando los US$100 ha exigido más de RD$38,000 millones en subsidios durante 2026.

La historia económica demuestra que la acumulación continua de déficits presupuestarios e intereses insostenibles termina por minar la credibilidad financiera de la nación y confirma el dicho recurrente del pueblo llano: “Esta gente no sabe gobernar”. La trayectoria fiscal del gobierno de Luis Abinader muestra una peligrosa inercia de endeudamiento que evoca las debilidades del periodo 2000-2004 de Hipólito Mejía. Si no se aplican correctivos oportunos al gasto corriente y a la francachela, el país corre el riesgo de confirmar la advertencia: “Quien no aprende de la historia, está condenado a repetirla”.

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