Lituania la insensata

Umberto Mazzei.

Pintura: Mikalojus Konstantinas Čiurlionis, Lituania.

La ribera del mar Báltico estuvo poblada por tribus bálticas durante miles de años. De ese disperso conglomerado tribal sólo el Gran Ducado de Lituania alcanzó relevancia.

Los lituanos, aliados con los polacos, lograron controlar un imperio que se extendía desde el mar Báltico hasta el mar Negro. Un espacio muy similar a lo que ahora constituye Ucrania, cuyo nombre que en ruso significa algo como “tierra de frontera o tierra de tránsito”. Un nombre apropiado para la presente circunstancia de ese territorio, ¿es Ucrania el escenario del tránsito mundial hacia una nueva época? ¡Así parece!

El Gran Ducado de Lituania fue un Estado europeo desde el siglo XIII hasta 1795. Ese año su territorio se repartió entre el Imperio Ruso, el Reino de Prusia y el Imperio de Austria. Un destino similar al de Polonia, su país vecino y antiguo aliado. Polonia es un país cuyas ínfulas políticas antirrusas y anglófilas suelen explotarle encima.

Como por sangre soy mitad español y resido ahora en España, no es por azar que confío al teclado un comentario sobre la política internacional de Lituania.

Trato el tema porque la OTAN asignó a España un papel de centinela en la costa báltica. Un lugar peligroso donde, como diría el Presidente Xi Jaoping, hay gente a la que “le gusta jugar con fuego”.

La imprudente beligerancia que muestra la pequeña Lituania puede afectar la tranquila seguridad de España.

Justo cuando en la Moncloa hay un incumbente dudoso patriotismo. Fue Sánchez quien, sin consulta ni debate alguno, entregó en una carta personal y puso los intereses ancestrales españoles en el Sáhara bajo la soberanía de Marruecos como si fuesen propiedad suya.

Vuelvo a los lituanos, a los que España hace de centinela.

Los lituanos son gente de mérito que cuando emigran destacan por su laboriosidad, es gente sencilla aunque el gobierno en Vilna adolezca de ínfulas “gran-ducales”, tantas ínfulas que parece haber perdido lucidez y olvidado su historia. Como dicen “quien no aprende de su historia está condenado a repetirla”.

El engreimiento insensato de los políticos lituanos, cuyo ego aspira a un alto perfil internacional, los pagará caro el pueblo lituano y eso es lo normal, pero no tienen por qué pagarlo los españoles es el Gobierno de España el que debe cuidar el interés y la vida de los españoles.

Por ello España debe evitar participar en los patrullajes de la OTAN que la puedan involucrar en una confrontación directa con Rusia. Es algo probable mientras hace guardia sobre un territorio gobernado por una banda de políticos cuya obediente insensatez la hacen peligrosa para el resto de Europa. Lituania es una región muy alejada del área de interés de España, que  es África y el Mediterráneo. Esto debería servir de argumento, para que le asignen otro rol de centinela más de acuerdo con su área de interés.

La sumisión del gobierno de España al papel que la OTAN gratuitamente le atribuye pueden terminar pagándola cara los españoles, que ya sufren por las insensatas sanciones de Bruselas que pide abstenerse de comprar gas o petróleo rusos. Es así como Bruselas y Washington creen que van a doblegar a Rusia. Mientras aplican dichas sanciones el único efecto es elevar el precio que los europeos pagan por el litro de combustible, que ronda los 3 euros, una situación que puede prolongarse porque a pesar de las sanciones la economía rusa crece y el rublo en lugar de bajar sube, con lo que abarata el costo de vida en Rusia.

La OTAN es un invento anglosajón que acaso justificó el expansionismo ideológico de una Unión Soviética comunista, un imperio ideológico con una propuesta que ya no existe.

En su lugar hay ahora una Santa Madre Rusia conservadora en pugna contra el enajenado liberalismo norteamericano cuya versión woke se quiere imponer desde Bruselas a todos los países europeos. Esa versión que gusta en Bruselas contradice hechos básicos de las ciencias naturales, como que predica la existencia de varios géneros en la especiehumana.

La OTAN es un invento anglosajón para usar como rehén a Europa. Después de dos guerras mundiales se comprueba que los anglosajones prefieren siempre alimentar los cañones adversos con la carne ajena.

La perspectiva de la situación geopolítica actual deja claro que es un momento de cambio de equilibrios económicos sin lugar para épicos gestos de gallardía. Lo que está en juego es una cuestión de intereses petroleros y es buen momento para aplicar una estrategia inteligente (Sun Tzu) y aceptar con gracia lo inevitable.

El Gobierno lituano parece no entender el significado de la guerra en Ucrania.

Esa operación militar rusa demuestra que la OTAN (USA) no está dispuesta a combatir a Rusia,  porque esta vez el adversario tiene cómo cruzar el Atlántico.

Desde su invasión de Irak Estados Unidos prefiere luchar con intermediarios aliados, a los que arma desde lejos, como hace con sus salafistas en el Cercano Oriente.

La potencia de la OTAN solo tiene credibilidad si Washington está fuera del alcance del adversario.

Es evidente que ya no es el caso.

Le llegó a Washington la hora de la verdad y allí prefieren que la destrucción y los muertos los siga sufriendo otro país. Mientras haya peligro los capos de la OTAN esperarán, desde lejos y escondidos en búnkeres de Washington, Londres o Bruselas, a que a los rusos o a los chinos se les acabe la munición.

Al insensato Gobierno lituano le ha dado por desafiar a las dos próximas mayores potencias mundiales. Está tan loco como para desafiarlas contemporáneamente. Aunque en dos etapas.

Primero, en Vilna usaron el tenue pretexto de las sanciones de Bruselas contra Rusia, cuyo poderoso ejército controla de facto el espacio aéreo de Lituania y que además es el ejército más moderno y poderoso, dueño del mayor arsenal nuclear y los misiles de mayor alcance cuya velocidad hipersónica  y trayectoria variable los hace imposibles de interceptar con el anticuado armamento de la OTAN.

Segundo, apenas Nancy Pelosi abandonó Taiwán una delegación de parlamentarios lituanos apareció por Taipei para ofrecer el apoyo lituano a la independencia de Taiwán.

Beijing es muy paciente, pero encontrará el modo de mostrar a Vilna su irritación por esa provocación gratuita.

Desde su reunión en Madrid la OTAN incluyó a Beijing entre sus adversarios, algo que en China no debe preocupar mucho porque la OTAN quedó anclada en una estrategia para la Segunda Guerra Mundial cuando la   capacidad destructiva dependía de la superioridad aérea anglosajona cuyos portaviones podían proyectarla muy lejos.

¿Que harán en Vilna si en respuesta al bloqueo lituano de Kaliningrado la flota rusa del Báltico responde bloqueando a Lituania?

¿Creen en Vilna que una flota OTAN va a intervenir y comenzar la Tercera Guerra Mundial? Me pregunto qué fuman en las reuniones de los políticos lituanos, ¡es probable que sea algo recomendado por Zelensky!

Desde las V2 del Reich y del cautivo von Braun, la misilística ha progresado mucho fuera de Estados Unidos. El modo moderno de imponer una zona de exclusión aérea lo acabamos de presenciar en Ucrania y luego en Taiwán. Está demostrado que la OTAN no lucha sin superioridad aérea y eso ya no lo garantizan los 11 portaaviones de Estados Unidos.

En la época de superioridad misilística ajena los portaaviones son solo grandes blancos y sus aviones stealth sirven para ejercitar las baterías antiaéreas móviles rusas conocidas como S400 y S500.

Eso parece haberlo entendido el Pentágono cuando, discretamente, devolvió a su base en Japón el portaaviones Ronald Reagan estacionado en Manila para   dar una sombrilla aérea protectora al viaje de Nancy Pelosi para realizar su peligrosa provocación en Taiwán. El viaje de Pelosi sirvió al Ejército chino para hacer unas maniobras con fuego real que mostraron que China puede bloquear Taiwán sin invadirlo.

Un bloqueo que derrumbaría la economía de Estados Unidos, que no puede prescindir de los chips hechos en Taiwán. Ese hecho debería persuadir a Washington y Taipei de  que lo más conveniente para ambos es el regreso pacífico de Taiwán a su patria china. Es cosa natural, porque es el Gobierno de Beijing, el Gobierno chino reconocido por la ONU y por los mismos Estados Unidos.

Mucho me temo que el plan de Washington para el escenario europeo sea la estrategia del ruso Mikhail Kutuzov frente a Napoleón de tierra arrasada. Destruir antes de conceder la libertad. Seguir el ejemplo británico con respecto a la India.

Es cierto que las tropas rusas avanzan con lentitud en Ucrania y eso no significa que será una guerra larga con mucha venta de armamento norteamericano, como quieren en Washington. La artillería rusa puede combatir al estilo americano, arrasar todo muy rápido y desde lejos antes de enviar blindados e infantería, pero no lo hace.

Cuando es posible el mando ruso trata de conservar intactas las ciudades y pueblos ucranianos porque mira a su posterior regreso sin resentimientos a la Madre Rusia.

Por ello los combates en Ucrania no sirven para medir la capacidad ofensiva de Rusia. No es una guerra de Rusia contra Ucrania. Es una guerra civil.

Es en realidad un combate entre dos regímenes que gobiernan pueblos rusos, uno que es ruso autentico y otro manejado desde afuera, que gobiernan a gente de la misma cultura y emparentada.

Una lucha en la que el Gobierno de Moscú mira a la posterior reintegración y la tiene siempre presente. La operación militar rusa en Ucrania era indispensable para desalojar a los títeres antirrusos impuestos en Kiev por la Subsecretaria de Estado norteamericana, Victoria Nuland, después del golpe de Estado orquestado en 2014 por Estados Unidos y Bruselas en la Plaza Maidan de Kiev contra el Presidente ucraniano Víctor Yanukovich elegido en 2012. Ese derrocamiento provocó la rebelión de las dos provincias del Donbás, Lugansk y Donetz, que Zelensky intentó someter atacándolas con unidades paramilitares de simpatizantes nazis armadas y entrenadas por la OTAN.


*Umberto Mazzei es Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Ha sido profesor en temas económicos internacionales en universidades de Colombia, Venezuela y Guatemala. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.

Fuente: Rebelión

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