Lo transitorio y permanente de la apreciación
Por Rolando Reyes
Primer Tiro
Después de analizar los últimos datos de la apreciación del peso, la pregunta ya no es cuánto se aprecia el mismo, sino cuánto de esa apreciación tiene vocación de permanencia. La apreciación del peso dominicano ha ocupado un lugar central en el debate económico reciente, pero su verdadera importancia no radica en su magnitud, sino en la naturaleza de los factores que la explican. Si detrás del fortalecimiento cambiario se encuentran el crecimiento sostenido del turismo, las remesas, la inversión extranjera directa, las exportaciones, la productividad y la acumulación de reservas internacionales, entonces existirían fundamentos capaces de sostener la tendencia. Si, por el contrario, predominan factores como diferenciales temporales de tasas de interés, entradas de capital de corto plazo, emisiones de deuda, cambios temporales en la demanda, o cambios en las expectativas de los agentes económicos, la apreciación podría revertirse con relativa rapidez. La diferencia entre ambos escenarios no es menor: determina si la estabilidad cambiaria descansa sobre bases estructurales o sobre condiciones financieras pasajeras.
Segundo Tiro
La principal lección es que la apreciación del peso no debe juzgarse como un fenómeno intrínsecamente favorable o desfavorable. Su verdadero significado depende de la calidad y permanencia de los factores que la sustentan. Una apreciación apoyada en fundamentos estructurales fortalece la estabilidad macroeconómica, mejora la confianza y amplía el margen de maniobra de la política económica. En cambio, una apreciación impulsada por factores transitorios puede generar una percepción de fortaleza que desaparezca cuando cambien las condiciones financieras internacionales. Las variables económicas importan, pero aún más importante es distinguir si los factores que las explican son permanentes o simplemente transitorios. Esa diferencia suele marcar la distancia entre una política acertada y una decisión basada en una ilusión estadística. Porque, al final, los mercados reaccionan a los resultados del presente, pero las políticas económicas deben construirse sobre el carácter permanente de sus causas.
