“No es un soplo la vida”, poemario de Daniel Beltré: una interpretación (8 de 8)

Por Virgilio López Azuán

He querido analizar No es un soplo la vida  tomando los poemas en el orden como aparecen en el libro y he tenido que referir los saltos en la matriz del pensamiento y el discurso del autor, que de ninguna manera le restan a su ejercicio poético. Después del poema “Sin equipaje” donde está la presentación del ser trascendido, le sigue el “Alba”, (a menos que Alba sea el nombre de una persona) y pienso que solo leer la palabra alba nos asoma al sentido de la blancura, de la pureza del ser. Sin embargo, nos encontramos a un poeta introduciendo el horror y la duda: “Ahora nos acoge el horror. / La duda es nuestra sombra / nos persigue con su imperio de insomnio, / con ese tufo a final desquiciado / cáustico…” (pág. 150). Su duda es reforzada en el poema que le sigue a “Alba”, “Indubio pro homine”, pero está presentada con otra connotación. Aquí la duda es un ejercicio de búsqueda de la vida: “Es taladrar la vida hasta declararla cierta” (pág. 151).  Es como buscar la certidumbre, la verdad, lo sublime; otro estadio superior a la plenitud del ser, porque en la consumación de la blancura, está lo sublime. En medio de la duda queda: “… esta testaruda voluntad / en la que ahora incubamos el vuelo de los sublime” (pág. 150). El poeta nos dice que: “Solo nos salva la tierra sudorosa / el brote desobediente de la semilla” (pág. 150). ¿La desobediencia en el jardín del Edén? No se sabe.

El poema “Devenir” supone otra búsqueda de ser, es como volver a reinventarse. “Caminar hasta llegar a ser” (pág. 152) es como seguir el juego de los ciclos sucesivos del ser, aquel con la capacidad de seguir evolucionando o tal vez involucionando por toda la eternidad.  En el devenir se tiene “la certeza de que nos arrimamos al canto / a la eternidad del juego” (pág. 152). Esa peregrinación eterna del ser debe hacerla sin cansancio: “Caminar sin cansarnos / es saber que el futuro es un retrato escondido de la esperanza” (pág. 152) la cual siempre estará en el imaginario del ser, pues no es una meta, es leitmotiv impulsora de su sentido vital.

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