Pacheco en Pachotada Cesanteada
Por Fidel Soto
Las recientes declaraciones del presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, confirman las sospechas expresadas desde hace meses por amplios sectores del movimiento sindical y popular:
existe una estrategia dirigida a desmontar o debilitar el derecho a la cesantía laboral.
Pacheco declaró el pasado 19 de mayo que la cesantía «no se debe discutir» en el proceso de reforma del Código de Trabajo, porque, según él, ese tema correspondería a una futura reforma de la Ley de Seguridad Social.
La propuesta no es inocente. Pretende sacar la cesantía por la puerta del Código de Trabajo para introducirla después por la ventana de una reforma a la Seguridad Social, exactamente como desea la patronal.
*Se intenta guardar la cesantía en un cofrecito para luego hacerla desaparecer en un barrilito sin fondo.*
Pacheco parece creer que los trabajadores se tragarán ese cuento. Pero la realidad es que la cesantía es un derecho laboral y no una concesión graciosa del empresariado ni un asunto que pueda ser trasladado de una legislación a otra según convenga a determinados intereses económicos.
No está solo en esta cruzada. Lo acompañan legisladores y dirigentes políticos alineados con las posiciones empresariales, entre ellos el senador Rafael Barón Duluc (Cholitín), el senador Rogelio Genao y otros representantes de sectores comprometidos con la agenda del gran empresariado nacional.
*LA CESANTÍA: UN DERECHO QUE ALIVIA EL DESAHUCIO Y MOLESTA A LA PATRONAL*
La jornada de ocho horas, las vacaciones remuneradas, el seguro social, la libertad sindical, los convenios colectivos y los códigos laborales no surgieron por la buena voluntad de los patronos. Son conquistas arrancadas mediante décadas de lucha, sacrificios, persecuciones y sangre derramada por la clase trabajadora.
El propio Código de Trabajo dominicano fue resultado de circunstancias históricas concretas. El llamado «Código Trujillo de Trabajo» respondió tanto al empuje internacional de las fuerzas democráticas y progresistas tras la derrota del fascismo y el nazismo como a la presión ejercida por importantes luchas obreras nacionales, entre ellas las encabezadas por los trabajadores azucareros en 1946 bajo el liderazgo de Mauricio Báez, Justino del Orbe, Nando Hernández, Juan Niemen y otros destacados dirigentes sindicales.
Sin embargo, existe una parte de ese conjunto de conquistas que incomoda especialmente a la patronal: la cesantía.
Desde hace años, importantes sectores empresariales han impulsado distintas fórmulas para limitarla, reducirla o eliminarla.
Consideran excesivo que un trabajador despedido reciba una compensación acumulada durante años de servicio.
La cesantía cumple una función social evidente: constituye una protección económica temporal para el trabajador que pierde su empleo y le permite enfrentar el período de desempleo sin quedar completamente desamparado.
Precisamente por esa razón es atacada.
*EL CORO CONTRA LA CESANTÍA*
Las declaraciones de diversos actores revelan una coincidencia notable.
La presidenta de COPARDOM, Laura Peña Izquierdo, llegó a afirmar que «la cesantía ya no tiene tanta razón de ser con la pensión». Para la patronal, una futura pensión sería suficiente para sustituir un derecho laboral vigente.
Por su parte, Celso Juan Marranzini y otros representantes empresariales han insistido en que la cesantía genera costos elevados para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas.
El ministro de Trabajo ha preferido refugiarse en el lenguaje de los consensos, los diálogos permanentes y los avances graduales, mediante formulaciones tan ambiguas que resulta difícil determinar cuál es su posición concreta sobre la preservación íntegra de este derecho.
Y el presidente de la República ha defendido la necesidad de una reforma laboral para adecuar el Código de Trabajo a las nuevas realidades económicas.
Pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿Actualizar para beneficiar a quién?
Porque detrás de los discursos técnicos y las palabras elegantes aparece una presión constante para reducir derechos conquistados por los trabajadores.
*LA PACHOTADA DE PACHECO*
Lo más preocupante de las declaraciones de Alfredo Pacheco es que intenta presentar como algo natural lo que constituye una operación política cuidadosamente diseñada.
*La cesantía pertenece al ámbito de los derechos laborales. Sacarla del debate del Código de Trabajo equivale a abrir la puerta para su posterior mutilación o desaparición.*
Pacheco no está defendiendo un criterio jurídico. Está defendiendo una posición política que coincide plenamente con los intereses de quienes consideran la protección del trabajador como una carga y no como una obligación social.
Cuando el presidente de la Cámara de Diputados afirma que la cesantía debe discutirse en otra ley, está contribuyendo a crear las condiciones para que un derecho histórico quede sometido a nuevas negociaciones y posibles recortes.
La cesantía no es un privilegio.
Es una conquista.
Y toda conquista obrera que deja de defenderse termina convirtiéndose en una concesión revocable.
Los trabajadores dominicanos tienen razones suficientes para observar con atención estas maniobras. Porque cuando los representantes del poder económico hablan de modernización, flexibilidad o actualización, con demasiada frecuencia lo que realmente buscan es abaratar el costo de la fuerza de trabajo y transferir al trabajador los riesgos que corresponden al empleador.
La historia demuestra que los derechos laborales no se conservan por la benevolencia de los poderosos, sino por la capacidad de organización y lucha de quienes los conquistaron.
