Píndaro ya está cedulado… ¿Y tú qué esperas?

Por Herminio Alberti León

“¡Es algo serio y complejo –comentó el presidente de la JCE-, no estamos haciendo empanadas!”… “¿Oíste eso, Píndaro? –cuestionó Herminio a su alter ego… ¡Hace unos diez días conseguí cedularme y, aunque no lo creas, estoy impactado con todo el proceso que esta institución ha puesto en marcha en 190 centros, en un país donde todo parece dar trabajo!”… Todavía emocionado, Herminio invita a Píndaro a sentarse y a escuchar sobre su experiencia.

“Por razones de recuperación de la salud de mi esposa –comenta-, hemos estado pasando más tiempo en los Estados Unidos que en el país y se nos había dificultado hacer coincidir nuestras fechas de nacimiento con estadías aquí… Esto, aunado a que el único segmento de tiempo para completar este interesante proceso es la madrugada y no es prudente exponer a mi esposa a ser presa de uno de esos virus que anda por ahí, casi nos hizo desistir de adquirir nuestras nuevas cédulas… Pero, ¡siempre hay un ángel que está ahí para ti!… Sólo una simple reflexión y revisión de opciones disponibles, hicimos contacto con nuestra prima Candy de Rodríguez–con amplia experiencia en gestiones burocráticas gubernamentales y profundo conocimiento de nuestra situación-, quien de inmediato accedió a tendernos la mano”… “¡Qué suerte tienen!” –exclamó Píndaro-… “¡Así es!- fue la respuesta de Herminio, quien no perdió tiempo y le comentó: “No habían pasado 30 minutos, cuando recibimos su llamada que nos comprometía a acompañarle a las 9 de la mañana siguiente para ir a unas nuevas instalaciones de la JCE en la Avenida John F. Kennedy, casi frente a donde quedaba Teleantillas y que ahora alberga una extensión de la división de Pasaportes… A las 9 en punto, estábamos haciendo entrada a un lobby con la lógica cobertura de seguridad de identificación que se hace más que necesaria en una institución de este nivel… En este punto, tanto mi esposa como yo estábamos ajenos que nuestra prima había previamente contactado a una entrañable amiga –Griselda Peña-, quien muy claramente nos orientó sobre la ruta que debíamos seguir para lograr nuestro objetivo… Al cruzar el umbral de acceso al salón de servicios técnicos, recibimos una impactante y favorable imagen como muy pocas veces hemos visto… Jóvenes y adultos cuyos trabajos estaban circunscritos en concentrarse en cada dominicano, o dominicana, frente a ellos, y que con una sonrisa –a pesar de la hora mañanera de un día festivo-, te iban llevando a través de un laberinto de preguntas absolutamente necesarias para el registro actualizado de cada cédula a emitir… Cada asiento estuvo ocupado a lo largo de los 35 minutos que conllevó nuestro proceso completo –¡nadie estuvo barajando ni amarrando la chiva!-… La Junta Central Electoral ha logrado lo que muchas otras instituciones aún no alcanzan poner en práctica: profesionalidad y excelente desempeño de sus funciones en todo el personal que se ha entregado al proceso de cedulación”.

 

“Tengo entendido que estos trabajos se intensificaron a partir de este mes de enero pasado” –exclama Píndaro-, a lo que Herminio asiente, y exclama: “¡Hasta el acta de nacimiento y alguna copia de título me solicitaron!… Eso lo están haciendo, con sobradas razones, para homologar todos los actos de nosotros, como actores de la sociedad civil que estamos siendo cedulados… Como quien no quiere la cosa, este proceso nos está recordando que formamos parte de un experimento llamado ‘democracia’, cuyo motor esencial es el ejercer el voto para elegir nuestras autoridades”.

“Y cómo se está haciendo la JCE para lograr seguir completando este importante trabajo entre la población?” -cuestiona Píndaro-… “El fortalecimiento –responde Herminio-, de todo lo que se está logrando está basado en una palabra que, dicho sea de paso, es muchas veces ignorada en países del tercer mundo: ¡Transparencia!… Y, en eso, todos estamos en la obligación moral de ‘sacarle su comida aparte’ al equipo humano que dedica tiempo extra cada día para que, en el futuro inmediato, estemos a la vanguardia de muchos ciudadanos de otros países cuyas identidades no están tan ampliamente resguardadas como nosotros, los dominicanos… ¿Tú sabías, Píndaro, -cuestiona ahora Herminio-, que en un pequeño espacio de tu cédula física, puedes encontrar una diminuta figura de tu físico?… ¡Muchos jamás pensarían que ese mecanismo de seguridad convierte a nuestro instrumento en lo que podríamos llamar ‘nuestra arma de reglamento personal’ para todo lo que se nos ocurra tramitar en el futuro inmediato”.

No bien ha terminado Herminio de su testimonio, cuando Píndaro explota de orgullo, y exclama: “¡Estoy ceduladoooo!” – Y, pensando en ustedes, nuestros lectores, pregunta: ¿Y tú, qué esperas?”.

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