Por el trillo de la historia Don Juan en Cuba

Por Ramon Emilio Espinola

La escuela antillana donde Bosch aprendió a escribir, pensar y hacer política

Un recuento de dos décadas de la vida de Juan Bosch en Cuba, donde maduró como escritor, profundizó su pensamiento histórico y aprendió el difícil —y a veces ingrato— oficio de la política.

ABSTRACT
La vida de Juan Bosch en Cuba constituye uno de los capítulos fundamentales para comprender la formación intelectual, literaria y política del futuro presidente dominicano. Entre 1939 y 1958, Cuba no fue simplemente un lugar de residencia para el escritor exiliado: fue una verdadera universidad política, literaria y humana.
En la isla, Bosch entró en contacto con algunas de las grandes corrientes intelectuales y políticas del Caribe; profundizó en el pensamiento de Eugenio María de Hostos; desarrolló buena parte de su extraordinaria producción cuentística; participó en la organización del exilio antitrujillista; estableció relaciones con dirigentes cubanos y latinoamericanos y se vinculó a acontecimientos que marcarían la historia continental.

Cuba le permitió observar desde una posición privilegiada las virtudes y contradicciones de la política latinoamericana. Allí conoció a hombres que luchaban contra dictaduras mientras otros, después de conquistar el poder, terminaban descubriendo que la democracia era un traje magnífico… siempre que les quedara a la medida.

Este ensayo sostiene que la experiencia cubana fue decisiva en la transformación de Bosch: del joven escritor dominicano surgió progresivamente el intelectual político, el organizador, el educador y, finalmente, el estadista que regresaría a la República Dominicana después de la muerte de Rafael Leónidas Trujillo.
Pero la historia también obliga a formular una pregunta incómoda: ¿aprendió Bosch solamente el arte de hacer política en Cuba o aprendió también, observando las tragedias del Caribe, cuánto puede costarle a un pueblo confundir la revolución con el poder absoluto?

PRÓLOGO
Cuba: la universidad caribeña de Juan Bosch
Hay hombres que necesitan viajar para conocer el mundo y hay otros que necesitan salir de su propio país para descubrirse a sí mismos.
Juan Bosch pertenecía a la segunda categoría.
Cuando abandonó la República Dominicana en 1938, no era todavía el personaje histórico que después conoceríamos. Era un escritor joven, un hombre de ideas y un dominicano que comenzaba a comprender que bajo una dictadura no siempre basta con escribir cuentos hermosos: llega un momento en que la realidad obliga al escritor a preguntarse quién manda, por qué manda y hasta cuándo piensa mandar.
Bosch salió de la República Dominicana cuando Rafael Leónidas Trujillo llevaba varios años gobernando mediante una combinación de propaganda, miedo, vigilancia y control absoluto del Estado.

La dictadura, además, tenía una curiosa costumbre: ofrecía cargos públicos a determinados intelectuales para demostrar que hasta los hombres de pensamiento podían convertirse en empleados del poder.

A Bosch le ofrecieron una diputación.
Él prefirió el exilio.
No fue una mala decisión.
La diputación probablemente le habría proporcionado un sueldo. El exilio, en cambio, le proporcionó una conciencia política.
Y la conciencia, como sabemos, tiene el inconveniente de que no se puede cobrar en nómina.

Bosch pasó primero por Puerto Rico y posteriormente llegó a Cuba. Allí comenzó una etapa decisiva de su vida.

La experiencia cubana no fue un simple episodio biográfico: fue el laboratorio donde se mezclaron literatura, historia, sociología, patriotismo, organización política y observación humana.
Cuba fue para Bosch una escuela sin diploma.
Y quizá por eso resultó tan importante.

I
EL HOMBRE QUE SALIÓ DE UNA DICTADURA PARA ENCONTRAR UNA UNIVERSIDAD

Bosch salió de la República Dominicana en 1938, cuando tenía 29 años. La dictadura de Trujillo ya había comenzado a construir el aparato político y psicológico que dominaría al país durante décadas.

El joven escritor comprendió algo fundamental: un régimen autoritario no teme únicamente a los fusiles. También teme a los hombres que piensan.
Y Bosch pensaba.
Pero, sobre todo, observaba.
Esa capacidad de observar sería después una de las características esenciales de su literatura.

El escritor dominicano no veía solamente al campesino, al trabajador, al soldado, al político o al pequeño propietario. Intentaba descubrir las fuerzas sociales que explicaban sus comportamientos.
Esa mirada sociológica terminaría convirtiéndose en una de sus grandes aportaciones a la literatura dominicana.
El exilio, por tanto, no significó para Bosch abandonar la política.
Significó comenzar a estudiarla desde afuera.

Y desde afuera, paradójicamente, muchas veces se ve mejor lo que desde adentro parece normal.

II
HOSTOS: EL MAESTRO QUE BOSCH ENCONTRÓ ANTES DE ENCONTRAR A LOS POLÍTICOS

Uno de los acontecimientos intelectuales más importantes de esta etapa fue su acercamiento a la obra de Eugenio María de Hostos.
Bosch participó en la preparación y organización de materiales relacionados con las obras de Hostos, cuya edición habanera de 1939 constituye una pieza documental importante de la historia intelectual antillana.
Esto no fue un asunto puramente editorial.
Fue mucho más profundo.
Hostos representaba una concepción de la educación como instrumento de transformación social. Para él, la formación del ciudadano era indispensable para construir una sociedad libre.

Bosch encontró allí una afinidad intelectual extraordinaria.
De Hostos aprendió —o profundizó— una idea que acompañaría su pensamiento durante décadas: la democracia no podía reducirse al acto de votar.
Un pueblo podía depositar una papeleta en una urna y continuar siendo ignorante, pobre, manipulado y políticamente dependiente.
Y aquí aparece una de las grandes lecciones que Bosch llevaría consigo:
la educación política del ciudadano es una condición de la democracia.
Por eso resulta difícil comprender al Bosch político sin estudiar al Bosch lector de Hostos.
La literatura le enseñó a mirar al hombre.
Hostos le ayudó a comprender al ciudadano.
La política le enseñaría después lo difícil que es gobernarlo.

III
CUBA: EL EXILIO SE CONVIERTE EN ESCUELA

Durante sus años cubanos, Bosch no vivió como un intelectual aislado.
Trabajó.
Escribió.
Participó en organizaciones políticas.
Se relacionó con dirigentes.
Conoció escritores.
Viajó.
Pronunció conferencias.
Participó en campañas contra Trujillo.
Y, sobre todo, observó la vida política cubana.
La Cuba de aquellos años era una sociedad extraordinariamente compleja. Había movimientos democráticos, nacionalistas, sindicales, revolucionarios, partidos políticos, militares con ambiciones de poder y grupos que entendían la política como una profesión.

Bosch estaba tomando notas.
No necesariamente con una libreta.
Muchas veces con la memoria.
Y eso explica que posteriormente pudiera escribir sobre política con una mirada que no era solamente doctrinaria, sino también histórica y social.

IV
EL NACIMIENTO DEL PRD: UNA POLÍTICA NACIDA EN EL EXILIO

Uno de los acontecimientos fundamentales fue la organización del Partido Revolucionario Dominicano.
La fecha tradicionalmente reconocida para su fundación es el 21 de enero de 1939, en Villa El Cano, cerca de La Habana. Diversas fuentes históricas identifican entre sus participantes a Enrique Cotubanamá Henríquez, Ángel Miolán, Nicolás Silfa, Juan Isidro Jimenes-Grullón, Juan Bosch, Virgilio Mainardi Reyna, Lucas Pichardo, Juanito Diaz, y José Manuel Santana, entre otros.
Sin embargo, existe una precisión historiográfica importante.
Investigaciones posteriores han señalado que Bosch habría ingresado oficialmente a Cuba el 27 de enero de 1939, seis días después de aquella reunión, lo que obliga a considerar la fundación del PRD como un proceso político desarrollado a través de diversas reuniones y contactos, y no necesariamente como un único acto fundacional en el que todos sus futuros dirigentes estuvieron presentes.
Esta precisión no disminuye la importancia de Bosch.

Al contrario.
Demuestra que la historia seria no necesita leyendas para engrandecer a sus protagonistas.
La verdad histórica es suficientemente interesante.
Y a veces hasta resulta más divertida.
Porque la política tiene una curiosa costumbre: años después de ocurridos los acontecimientos, todos quieren haber estado en la fotografía.

V
BOSCH Y EL APRENDIZAJE DEL OFICIO POLÍTICO

La experiencia cubana convirtió progresivamente al escritor en político.
Pero conviene hacer una distinción.
Bosch no abandonó la literatura para dedicarse a la política.
Llevó la literatura a la política.
Y eso explica buena parte de su originalidad.
El escritor acostumbrado a observar personajes comenzó a observar sociedades.
El hombre acostumbrado a analizar conflictos individuales empezó a estudiar conflictos de clases.
El narrador que había aprendido a descubrir las motivaciones ocultas de sus personajes comenzó a descubrir las motivaciones ocultas de los políticos.
Tal vez por eso nunca fue un político completamente convencional.
Tenía un defecto gravísimo para la política tradicional:
Pensaba demasiado.
Y pensar demasiado en política puede convertirse en una enfermedad profesional.

VI
1943: BOSCH, SECRETARIO GENERAL

En 1943 se celebró en La Habana el primer congreso del PRD.
Bosch fue elegido secretario general.
La presión de la dictadura de Trujillo sobre el gobierno cubano contribuyó a que la organización modificara temporalmente su denominación y funcionara bajo el nombre de Unión Democrática Antinazista Dominicana. El propio proceso organizativo del exilio dominicano en Cuba está ampliamente documentado.
Aquí aparece otro elemento fundamental.
Bosch comenzó a comprender que luchar contra una dictadura no significaba simplemente proclamar que se estaba contra ella.
Había que construir organización.
Había que convencer.
Había que educar.
Había que conseguir apoyo internacional.
Había que crear estructuras.
Había que comprender la geopolítica.
En otras palabras:
había que aprender política.
Y Cuba fue el escenario donde Bosch realizó buena parte de ese aprendizaje.

VII
EL ESCRITOR QUE SE CONVIRTIÓ EN ORGANIZADOR

Mientras participaba en la actividad política, Bosch continuó escribiendo.
Ese detalle es fundamental.
Su producción literaria durante el exilio demuestra que la política no destruyó al escritor.
Lo enriqueció.
Cuentos como Luis Pie, Dos pesos de agua y otras obras de ese período revelan una profunda sensibilidad social.
Bosch no necesitaba escribir discursos políticos para hablar de política.
Le bastaba con colocar frente al lector a un campesino pobre, a un trabajador, a una mujer abandonada o a un hombre atrapado por las circunstancias.
La literatura se convertía así en una forma de sociología.
El cuento era pequeño.
La realidad que contenía era enorme.

VIII
CARLOS PRÍO SOCARRÁS Y LA POLÍTICA CUBANA

La relación de Bosch con Carlos Prío Socarrás fue otro elemento importante de su formación política.
Prío pertenecía al Partido Revolucionario Cubano Auténtico y llegó a la presidencia de Cuba en 1948.
Bosch colaboró estrechamente con él y desempeñó funciones de confianza.
Esta experiencia le permitió conocer el funcionamiento interno del poder.
Una cosa es hablar del gobierno desde una tribuna.
Otra muy diferente es estar cerca de quienes gobiernan.
Desde allí Bosch pudo observar una verdad que después aparecería muchas veces en su pensamiento:
el poder puede deformar incluso a hombres que llegaron a él hablando de democracia.

Y ahí empieza la parte verdaderamente incómoda de la historia.
Porque los pueblos suelen creer que el problema es únicamente quién ocupa el Palacio.
Bosch aprendió que el problema también está en las instituciones, en la cultura política y en los intereses que rodean al gobernante.
Cambiar al presidente no siempre significa cambiar el sistema.
A veces solamente cambia el ocupante de la silla.
Y la silla, pobrecita, continúa siendo la misma.

IX
CAYO CONFITES: LA POLÍTICA SE VISTE DE UNIFORME Y LA PLUMA DE JUAN EMPIEZA A OLER A POLVORA

En 1947 Bosch participó en el ambiente político y organizativo de la expedición de Cayo Confites, preparada desde Cuba para intentar derrocar a Trujillo.
La expedición fracasó.
Pero el fracaso militar no significó la desaparición de su importancia histórica.
En Cayo Confites confluyeron dominicanos exiliados, militares, aventureros, idealistas y hombres que creían que una dictadura podía ser derribada mediante una expedición armada.

Entre los participantes estuvo un joven cubano llamado Fidel Castro.
Aquel encuentro resulta particularmente interesante porque la historia posterior convertiría a ambos hombres en protagonistas de proyectos políticos muy diferentes.
Bosch regresaría a la República Dominicana para intentar construir una democracia representativa.
Castro regresaría a Cuba para encabezar una revolución que terminaría construyendo un régimen socialista de partido único.
Dos hombres.
Una generación.
El mismo Caribe.
Dos caminos históricos.
La historia, cuando se mira desde lejos, tiene esas ironías que ningún novelista habría podido inventar mejor.

X
1949: LUPERÓN Y EL FRACASO DE LAS ARMAS

En 1949 se produjo la expedición de Luperón, otra tentativa de combatir militarmente la dictadura de Trujillo.
También fracasó.
El exilio dominicano descubría una realidad terrible:
Trujillo tenía un Estado organizado, fuerzas armadas, inteligencia, recursos económicos y una red de vigilancia que hacía extremadamente difícil una insurrección desde el exterior.
Bosch comenzó a comprender algo que sería decisivo:
la caída de una dictadura requiere algo más que valor.
Requiere condiciones históricas.
Requiere organización.
Requiere apoyo social.
Requiere circunstancias internacionales.
Y requiere, sobre todo, que el pueblo pueda imaginar una vida distinta.

XI
EL CARIBE COMO MAESTRO

Durante estos años Bosch viajó y estableció contactos con numerosos países latinoamericanos.
México.
Guatemala.
Venezuela.
Costa Rica.
Chile.
Panamá.
El Salvador.
Cada país se convirtió en una página de su aprendizaje.
Conoció democracias débiles.
Gobiernos militares.
Revoluciones.
Movimientos populares.
Intelectuales.
Presidentes.
Exiliados.
Militares.
Y políticos.
Muchos políticos.
Quizá demasiados políticos.
Porque el continente latinoamericano siempre ha producido una cantidad extraordinaria de hombres convencidos de que nacieron para salvar a la patria.
El problema es que, una vez instalados en el gobierno, algunos descubren que la patria necesita ser salvada… empezando por ellos mismos.
Bosch tomó nota.

XII
1953: FIDEL CASTRO Y EL MONCADA

El 26 de julio de 1953 Fidel Castro encabezó el ataque contra el cuartel Moncada.
Bosch fue relacionado políticamente con aquel acontecimiento y posteriormente tuvo que buscar protección diplomática.
El episodio revela nuevamente la complejidad del ambiente político cubano.
Bosch estaba cerca de sectores que combatían la dictadura de Batista, pero su pensamiento no puede reducirse automáticamente al proyecto político que posteriormente encabezaría Castro.
Esta distinción resulta indispensable.
Bosch fue un demócrata.
Castro terminó construyendo otro tipo de sistema político.

La cercanía circunstancial entre hombres que luchan contra una dictadura no significa necesariamente identidad ideológica.
La historia debe ser más cuidadosa que la propaganda.

XIII
EL HOMBRE QUE APRENDIÓ A DESCONFIAR DEL PODER

La experiencia cubana dejó en Bosch una enseñanza profunda:
la democracia no se construye únicamente derrotando al dictador.
Hay que construir instituciones.
Hay que formar ciudadanos.
Hay que garantizar libertades.
Hay que establecer límites al poder.
Hay que impedir que el Estado se convierta en propiedad privada de un grupo.
Y hay que evitar que el revolucionario de ayer se convierta en el dictador de mañana.
Esta última enseñanza es particularmente importante para América Latina.
La región conoció demasiados hombres que llegaron al poder diciendo:
—Yo soy indispensable.
Y después descubrieron que también necesitaban cambiar la Constitución para demostrarlo.
Bosch nunca dejó de estudiar ese fenómeno.

XIV
1958: EL FINAL DE LA ETAPA CUBANA

En 1958 Bosch salió de Cuba y se estableció en Caracas, Venezuela.
Habían transcurrido aproximadamente dos décadas desde su salida de la República Dominicana.
Ya no era el joven escritor que había abandonado Santo Domingo en 1938.
Era un intelectual formado en el exilio.
Un escritor reconocido.
Un dirigente político.
Un estudioso de la historia.
Un hombre con experiencia internacional.
Y, sobre todo, un dominicano que había pasado veinte años pensando en la democracia que quería para su país.
La bibliografía de Bosch refleja claramente esa transformación: junto a la narrativa aparecen biografías, estudios históricos, sociológicos, políticos y económicos.
La Cuba que dejaba atrás había sido para él una escuela extraordinaria.
Pero también una advertencia.
Había visto cómo el poder podía ser utilizado para transformar sociedades.
Había visto cómo las revoluciones podían cambiar gobiernos.
Y había visto cómo las promesas de libertad podían terminar produciendo nuevas formas de autoridad.

XV
¿QUÉ APRENDIÓ REALMENTE BOSCH EN CUBA?

La respuesta puede resumirse en cinco grandes lecciones.
Primera: aprendió que la literatura puede servir para comprender la sociedad.
Sus cuentos no fueron simples ejercicios de imaginación.
Fueron ventanas abiertas sobre la realidad dominicana y caribeña.
Segunda: aprendió que la política requiere organización.
El entusiasmo no sustituye a la estructura.
Los discursos no sustituyen a las instituciones.
Y las buenas intenciones, por sí solas, nunca han pagado una deuda pública.
Tercera: aprendió que la democracia necesita educación.
Aquí aparece nuevamente Hostos.
El ciudadano educado es menos vulnerable a la manipulación.
Cuarta: aprendió que las dictaduras no desaparecen simplemente porque alguien las declare ilegítimas.
Hay que crear las condiciones históricas para reemplazarlas.
Quinta: aprendió que el poder necesita límites.
Esta sería quizá la enseñanza más importante de todas.
Porque quien llega al poder convencido de que sus buenas intenciones lo autorizan a hacer cualquier cosa ya comenzó a parecerse peligrosamente al enemigo que decía combatir.

XVI
EL REGRESO QUE TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO

Cuando Bosch abandonó Cuba en 1958, todavía faltaban acontecimientos decisivos.
La Revolución cubana triunfaría en enero de 1959.
Trujillo sería ajusticiado el 30 de mayo de 1961.
Bosch regresaría a la República Dominicana ese mismo año.
Y en diciembre de 1962 sería elegido presidente.
Pero ese Bosch que regresó a Santo Domingo no se había formado únicamente en la República Dominicana.
Había sido construido también en Puerto Rico, Cuba, Costa Rica, Venezuela, Chile y otros escenarios del exilio.
Por eso estudiar a Bosch solamente como político dominicano es insuficiente.
Hay que estudiarlo como producto intelectual del Caribe.

CONCLUSIÓN GENERAL
La verdadera escuela de Bosch

Juan Bosch salió de la República Dominicana huyendo de una dictadura.
Regresó años después convertido en una de las figuras políticas e intelectuales más importantes de la historia dominicana.
Entre ambos momentos estuvo Cuba.
Cuba fue su residencia.
Fue su taller literario.
Fue su escuela política.
Fue su laboratorio histórico.
Fue el escenario donde conoció a escritores, revolucionarios, presidentes, exiliados y conspiradores.
Fue también el lugar donde comprendió que la política no es solamente el arte de alcanzar el poder.
Es, sobre todo, el difícil arte de saber qué hacer con él.
Esa diferencia parece pequeña.
No lo es.
América Latina ha conocido muchos hombres capaces de conquistar el poder.
Muchos menos han sabido limitarlo.
Bosch entendió que una democracia verdadera debía superar la simple sustitución de un gobernante por otro.
Tenía que producir ciudadanía.
Tenía que formar instituciones.
Tenía que garantizar derechos.
Tenía que combatir la pobreza y la ignorancia.
Y tenía que impedir que el Estado fuera utilizado como propiedad particular.
Su experiencia cubana fue fundamental para alcanzar esa concepción.
Por eso Cuba no debe aparecer en la biografía de Bosch como una simple estación del exilio.
Debe aparecer como una etapa fundamental de su formación.
Allí maduró el escritor.
Allí creció el intelectual.
Allí se organizó el político.
Y allí comenzó a formarse el estadista.
Pero existe una lección todavía más profunda.
Bosch aprendió de Cuba tanto por lo que admiró como por lo que posteriormente cuestionó.
La historia enseña mediante ejemplos y también mediante advertencias.
Y quizá esa sea la razón por la cual estudiar la vida de Bosch en Cuba continúa siendo útil para las nuevas generaciones.
Porque la pregunta esencial no es:
¿qué partido tenía razón?
La pregunta es:
¿qué aprendimos de aquellos acontecimientos para no repetir los mismos errores?
Esa es la pregunta que debería acompañar a todo ciudadano después de leer historia.

EPÍLOGO
Una conversación con el futuro

Si pudiéramos sentarnos hoy frente a Juan Bosch y preguntarle qué aprendió durante aquellos veinte años de exilio, probablemente no nos hablaría primero de cargos públicos.
Nos hablaría de libros.
De campesinos.
De ciudadanos.
De educación.
De pobreza.
De democracia.
De la dignidad humana.
Y probablemente nos diría que la política sin principios termina convirtiéndose en una simple disputa por el presupuesto.
Tal vez también nos recordaría que las sociedades que olvidan su historia quedan condenadas a repetirla.
Y aquí conviene hacer una pausa.
Porque nosotros, los dominicanos, tenemos una extraordinaria capacidad para recordar nombres y una preocupante dificultad para recordar enseñanzas.
Recordamos quién ganó.
Recordamos quién perdió.
Recordamos quién fue presidente.
Recordamos quién fue candidato.
Recordamos quién tuvo dinero.
Pero muchas veces olvidamos por qué ocurrió lo que ocurrió.
Ahí comienza el verdadero problema.
La historia no fue escrita para llenar libros.
Fue escrita para evitar que los errores del pasado se conviertan en costumbres del presente.
Juan Bosch dedicó buena parte de su vida a enseñar.
Su literatura enseñó.
Su historia enseñó.
Su política enseñó.
Incluso sus derrotas enseñaron.
Y esa quizá sea la mejor manera de cerrar este recorrido por su vida cubana:
Bosch no regresó de Cuba solamente con una maleta.
Regresó con una biblioteca en la cabeza, una experiencia política acumulada y una idea de la República Dominicana que todavía estaba por construirse.
El problema era que construir una democracia resultaba mucho más difícil que soñarla.
Y él estaba a punto de descubrirlo.

BIBLIOGRAFÍA EDUCATIVA AMPLIADA
I. Obras de Juan Bosch
Bosch, Juan. Hostos, el sembrador. Santo Domingo: Alfa y Omega.
Bosch, Juan. Cuba, la isla fascinante. Santiago de Chile: Editorial Zig-Zag.
Bosch, Juan. Judas Iscariote, el calumniado. Santiago de Chile.
Bosch, Juan. David, biografía de un rey. Santiago de Chile.
Bosch, Juan. Composición social dominicana. Santo Domingo.
Bosch, Juan. De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe, frontera imperial. Santo Domingo.
Bosch, Juan. La pequeña burguesía en la historia de la República Dominicana. Santo Domingo.
Bosch, Juan. Las clases sociales en la historia de la República Dominicana. Santo Domingo.
Bosch, Juan. Las dictaduras dominicanas. Santo Domingo.
Bosch, Juan. La fortuna de Trujillo. Santo Domingo.
Bosch, Juan. La guerra de la Restauración. Santo Domingo.
La Fundación Juan Bosch conserva y presenta un catálogo amplio de la producción narrativa, histórica, política, económica y cultural de Bosch, lo que permite estudiar al autor más allá de su faceta presidencial.

II. Eugenio María de Hostos
Hostos, Eugenio María de. Obras completas. La Habana: Cultural, 1939.
Esta edición resulta particularmente importante para comprender el ambiente intelectual en el que Bosch trabajó durante sus primeros años de exilio. La Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña registra la edición habanera de 1939 en varios volúmenes.
Hostos, Eugenio María de. Moral social. Diversas ediciones.
Hostos, Eugenio María de. Tratado de sociología. Diversas ediciones.

III. Historia dominicana
Cassá, Roberto. Historia social y económica de la República Dominicana. Santo Domingo.
Moya Pons, Frank. Manual de historia dominicana. Santo Domingo.
Moya Pons, Frank. The Dominican Republic: A National History. Princeton University Press.
Turits, Richard Lee. Foundations of Despotism: Peasants, the Trujillo Regime, and Modernity in Dominican History. Stanford University Press.
Crassweller, Robert D. Trujillo: The Life and Times of a Caribbean Dictator. New York: Macmillan.

IV. Juan Bosch y el exilio dominicano
Miolán, Ángel. El PRD desde mi ángulo. Caracas: Ávila.
Álvarez Martín, David. Juan Bosch: Cuba y la creación del PRD.
Archivo General de la Nación. Estudios y documentos sobre el exilio dominicano, Cayo Confites y las expediciones contra la dictadura de Trujillo. La documentación histórica sobre Cayo Confites permite contextualizar la participación de Bosch dentro del movimiento antitrujillista desarrollado desde Cuba.

V. Cuba y el Caribe
Pérez, Louis A. Cuba: Between Reform and Revolution. Oxford University Press.
Pérez-Stable, Marifeli. The Cuban Revolution: Origins, Course, and Legacy. Oxford University Press.
Thomas, Hugh. Cuba: The Pursuit of Freedom. Harper & Row.

NOTA FINAL DEL AUTOR
Este ensayo no pretende convertir a Juan Bosch en una figura de mármol, porque los hombres de mármol pertenecen a los monumentos y los hombres de carne y pensamiento pertenecen a la historia.
Bosch tuvo aciertos, contradicciones, triunfos y derrotas.
Precisamente por eso vale la pena estudiarlo.
La historia que solamente elogia termina convirtiéndose en propaganda.
La historia que solamente condena termina convirtiéndose en panfleto.
La historia que investiga, compara, cuestiona y enseña puede convertirse en conocimiento.
Y ese es el propósito de este recorrido por Don Juan en Cuba.

Nota. La foto es de Juan Bosch en Cuba

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