Protestas sacuden tablero político francés
El presidente francés, Emmanuel Macron, se mantuvo más bien al margen de la crisis de los estudiantes, para, en su lugar, dedicarse a buscar cómo asegurar los suministros energéticos de su país, mientras delegó responsabilidades al primer ministro Sébastien Lecornu.
La coincidencia en dos ocasiones, el 29 de septiembre y el 6 de octubre, de las manifestaciones en los liceos con dos llamados de huelga de centrales sindicales del sector público y el paro convocado para el 13 de este mes, hablan, precisamente, de señales inquietantes.
El politólogo Frédéric Dabi, director general de la firma Ifop, interpreta el fenómeno como una crisis más amplia de escucha política, no únicamente como una protesta contra el mandatario, cuyo nombre apareció en las demostraciones juveniles con un sentido bien negativo.
Tal descontento se alimenta de la falta de recursos educativos y de la incertidumbre sobre el futuro, en un país sometido a tensiones presupuestarias, pérdida de poder adquisitivo y conflictos laborales, considera Dabi.
La fusión de esos elementos constituye un motivo clave de preocupación para las autoridades galas, más allá de los innegables excesos de vandalismo observados en varias decenas de instituciones de todo el territorio francés.
El caldo de cultivo está en la falta de climatización en las aulas y de personal docente, las clases sin cubrir, las condiciones materiales de los centros, la incertidumbre sobre el futuro y la percepción de que las instituciones no escuchan a los jóvenes.
Más allá de que en el presupuesto para 2027 figuren reducciones de educadores del nivel primario y secundario, como afirma el diario Le Monde, un rclamo que sale cada vez más a relucir en las protestas es el futuro de los adolescentes, un punto difícil de resolver en breve.
El caso es que cuando se habla del futuro de la juventud, se llega al asunto estratégico sobre oportunidades del futuro de la fuerza laboral en Francia y ello se acerca a las reclamaciones que hace, por ejemplo, el sector público contra recortes del presupuesto.
La cadena continúa con las demandas cada vez más frecuentes de una clase obrera que se resiste a aceptar recortes en el presupuesto de 2027 de 54 mil millones de euros que atañen a la pensión de los jubilados, además de las reducciones para el sector público.
Francia enfrenta grandes dificultades con el alza de los combustibles que se une a un verano catastrófico para la economía nacional: sequía sin precedentes, incendios forestales y una canícula que dejó daños por unos 15 mil millones de euros, comenta BFMTV.
Todo ello presiona a la inflación, con un aumento de los precios que lleva a la sociedad gala a hacer, cada vez con más frecuencia, cuestionamientos sobre pasos en política exterior del ejecutivo, señalan expertos del canal France 24.
Por otro lado, las protestas tienen una interesante acogida en la opinión pública gala: una encuesta de Ipsos-BVA para el diario Le Parisien mostró que el 54 por ciento de los interrogados apoya las manifestaciones estudiantiles.
Las demandas de reducir el número de alumnos por aula y renovar los centros educativos reciben el respaldo del 82 por ciento y el 79, respectivamente.
Además, el 69 por ciento prefiere que el Gobierno dialogue con los liceístas antes que limitarse a terminar las movilizaciones.
Tal disposición de la opinión pública y el carácter abarcador de las demostraciones convirtió ese asunto en un punto inevitable en la campaña electoral presidencial, lo cual obligó a los diferentes candidatos a pronunciarse sobre un problema sin resolver.
La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchom se vio implicada en las protestas, al respaldar en las calles el reclamo de los estudiantes, un hecho convertido en diana de partidos de la derecha como la ultraderechista Alianza Nacional (RN) y la centroderecha.
Así, la candidata de RN, Marine Le Pen, y los exprimeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal, de la centroderecha, coinciden en rechazar la violencia que consideran injustificada de los jóvenes y la necesidad de mantener el orden público, destaca Le Monde.
El secretario nacional del Partido Socialista, Oliver Faure, acusa al poder de haber despreciado a la juventud y respondido con la fuerza, mientras el jefe de los diputados socialistas, Boris Vallaud, llama a prohibir granadas utilizadas contra los liceístas.
Lo cierto es que las protestas estudiantiles, que en 1968 confluyeron con una huelga general que llegó a movilizar a millones de trabajadores y pusieron en jaque al gobierno de Charles de Gaulle, constituyen una sacudida al tablero político, difícil de ignorar.
