¿Qué hay detrás del entrenamiento israelí a los oficiales de Somalilandia?
Por habet Al-Amour.
¿Por qué «Israel» está entrenando a oficiales de la región de Somalilandia? ¿Qué importancia tiene la evolución de la relación entre ambas partes, desde el reconocimiento mutuo hasta la cooperación en materia de seguridad? ¿Y cuáles son los objetivos de Israel con este entrenamiento?
Cincuenta oficiales de las fuerzas especiales de la región separatista de Somalilandia regresaron de «Israel» tras completar su formación militar. El retorno se produjo pocos días después de que el presidente de la región, Abdul-Rahman Mohammad Abdullahi «Irro», recibiera en Hargeisa a una delegación israelí descrita como de alto nivel, durante los actos conmemorativos del aniversario de la declaración de independencia de Somalilandia, el 18 de mayo de 2026.
«Israel» fue el único Estado que reconoció esa independencia y la respaldó, pues esta converge con la doctrina de tensionar las periferias que «Tel Aviv» adoptó como piedra angular de su política exterior.
Cabe preguntarse, entonces:
- ¿por qué entrena «Israel» a los oficiales de Somalilandia?
- ¿Qué significa la evolución de esta relación, del reconocimiento formal a la cooperación en materia de seguridad?
- ¿Y cuáles son los objetivos israelíes que se esconden tras esta formación militar?
El entrenamiento israelí a los oficiales de Somalilandia constituyó la culminación de una relación de «largo aliento que salió a la luz el 26 de diciembre de 2025, cuando «Israel anunció el reconocimiento oficial de la independencia de la región.
La dimensión securitaria resultó evidente y manifiesta tanto en ese reconocimiento como en sus condicionantes: el comunicado incluyó un agradecimiento público de Netanyahu al director del Mosad, David Barnea, lo que reveló que fue precisamente este organismo quien gestionó la relación y la condujo de la clandestinidad a la luz pública, y del reconocimiento diplomático a la cooperación en seguridad.
El diario Yediot Aharonot confirmó en diciembre de 2025 que el Mosad opera en Somalilandiadesde hace años, que lo vinculan lazos secretos y antiguos con figuras prominentes de la región, que sus sucesivos directores mantuvieron viva esa relación, y que fue el propio Mosad quien allanó el camino hacia el reconocimiento mutuo y la cooperación en seguridad.
El entrenamiento israelí a los oficiales de la región separatista no puede considerarse una cooperación de seguridad puntual ni de alcance limitado. Se trata de una penetración de hondo calado cuyo propósito es la ingeniería del influjo israelí en el Cuerno de África.
«Israel» no actúa en Somalilandia, no entrena a sus oficiales ni la reconoció únicamente para cultivar relaciones políticas o diplomáticas, ni se aventura en una región de la relevancia estratégica de Somalilandia sin una visión de largo alcance orientada a reconfigurar sus áreas de influencia dentro del continente africano en general, y en la zona de los corredores marítimos en particular.
El entrenamiento de oficiales, el reconocimiento formal, las visitas recíprocas y el trato ceremonioso que las acompaña revelan que nos hallamos ante un intercambio: «Israel» apoya la independencia de Somalilandia a cambio de posicionarse en ella en los ámbitos de la seguridad, lo militar y la inteligencia, en uno de los enclaves más sensibles del mundo.
La presencia israelí en Somalilandia implica aproximarse al estrecho de Bab El Mandeb, puerta meridional del mar Rojo y arteria central del comercio mundial y del flujo energético internacional; implica dominar uno de los corredores estratégicos de mayor relevancia en el planeta, e implica que la seguridad nacional y marítima de Egipto, Arabia Saudita, Yemen y Somalia quedó al alcance de «Israel».
El entrenamiento de los oficiales de Somalilandia no equivale a una mera operación de inteligencia de carácter selectivo en el Cuerno de África. Es una operación de penetración destinada a forjar una influencia avanzada en el núcleo de la institución militar de una región que puso a un lado todas sus consideraciones a cambio del reconocimiento israelí, lo que significa que la élite de sus cuadros militares recibió formación directamente en «Israel», mecanismo que numerosas potencias emplearon a lo largo de la historia para asegurar la continuidad de su influjo.
«Israel» utiliza en Somalilandia herramientas antiguas para fabricar un influjo nuevo, y este entrenamiento nos sitúa ante un precedente de consecuencias impredecibles: el de que cualquier grupo de oficiales en cualquier país africano o árabe que contemple la secesión podría contactar con «Israel», el cual reconocería esa secesión y formaría a sus cuadros militares.
Una conducta que contradice uno de los principios más fundamentales del derecho internacional: el de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, cuestión de extrema sensibilidad para cualquier nación soberana; pero «Israel» no muestra consideración alguna al respecto y sobrepasó en su proceder criminal todas las normas y reglas jurídicas internacionales.
El entrenamiento de los oficiales de la región separatista refuerza la división y respalda la secesión, y este entorno es el más propicio para «Israel», pues este solo opera en zonas que atraviesan conflictos, disputas y divisiones, y las alimenta deliberadamente.
En el fondo,»Israel» persigue la fragmentación de la región árabe y del continente africano en pequeños Estados separados y escindidos entre sí; este es el pilar del proyecto sionista, uno de sus objetivos y uno de sus instrumentos. «Israel» sabe que el entrenamiento de los oficiales de Somalilandia acarreará repercusiones políticas y de seguridad, pero no le importa si el paso sirve al objetivo de consolidar la separación y la fragmentación.
Lo que «Israel» hace hoy en Somalilandia, lo hizo antes en Sudán hasta partirlo en dos, y lo insinúa en Siria, en Líbano, en Palestina, en Irak, en Yemen y en varios países árabes y africanos. Tensar las periferias, amputarlas y pulverizarlas constituye una estrategia política israelí de viejo cuño al servicio de un proyecto que apunta a desintegrar los Estados para penetrarlos, infiltrarse en ellos y expandir su influencia. Y mientras entrenaba a los oficiales de Somalilandia, «Israel» tenía los ojos puestos en el mar Rojo y el Cuerno de África.
Lo que hay detrás de este entrenamiento es un instrumento al servicio de un objetivo lejano y de un influjo duradero que arranca en Somalilandia y se extiende hacia las profundidades del continente africano. Nos hallamos ante una ecuación en la que la formación de oficiales sirve a la penetración, al posicionamiento y a la creación de una presencia israelí de carácter securitario, político, militar y logístico: la construcción de bases militares y sistemas de cúpula de hierro, la vigilancia y la interceptación de comunicaciones, y el monitoreo terrestre, marítimo y aéreo en la región del mar Rojo y el Cuerno de África, con miras a provocar un vuelco en los equilibrios tradicionales de esta zona.
Uno de los objetivos de este nuevo posicionamiento es la ejecución del plan de desplazamiento forzado de la población de la Franja de Gaza. Uno de los mayores obstáculos que enfrentó ese plan durante la guerra de exterminio fue que Israel no halló ningún Estado dispuesto a acoger a los desplazados.
Somalilandia, tras el reconocimiento, las visitas, las embajadas y el entrenamiento de oficiales, podría aceptar ese intercambio. El Mosad dirige la ejecución de este plan; en semanas recientes Netanyahu volvió a plantear el proyecto de desplazamiento de los habitantes de Gaza, y circulan filtraciones que apuntan a que el plan de deportación aérea y marítima ya está listo y aguarda la hora cero.
La consolidación de la presencia securitaria e inteligente de «Israel» en Somalilandia desborda las fronteras de Somalia para alcanzar la geografía del mar Rojo y el Cuerno de África, lo que significa que la seguridad nacional y regional ha quedado expuesta ante Israel.
La mera presencia israelí en la región, bajo el epígrafe de la cooperación en seguridad, otorga a «Israel» la capacidad de vigilar el tráfico marítimo en el conjunto del mar Rojo, de recopilar información sobre los buques iraníes y sus movimientos, y de monitorear las operaciones de Ansar Allah en Yemen.
Somalilandia se convierte así en una base de operaciones israelí, tanto ofensiva como posiblemente defensiva, dado que «Israel» planea de manera declarada instalar en ella sistemas de la Cúpula de Hierro.
Con el tiempo, «Israel» pasará del intercambio al chantaje: su presencia en Somalilandia repercutirá en el Canal de Suez y le permitirá presionar a Egipto mediante el acercamiento a Etiopía, a la que ofrecerá acceso al mar y protección de la presa del Gran Renacimiento a cambio de someter a Egipto a una presión permanente.
«Israel» pasará así de limitarse al reconocimiento de la región separatista y al entrenamiento de sus oficiales, a posicionarse en el mar Rojo y el Cuerno de África, a amenazar la seguridad regional, a presionar a Egipto, a negociar con Etiopía, a poner en riesgo las exportaciones petroleras de todos los países del Golfo, y finalmente a infiltrarse y expandirse por todo el continente africano, mientras insinúa la reproducción del mismo escenario —el reconocimiento y el respaldo a la secesión— en cualquier otro país que lo solicite.
En conclusión, el entrenamiento israelí a los oficiales de la región separatista de Somalilandia no se circunscribe al ámbito militar ni a la cooperación en seguridad. Significa el reposicionamiento de «Israel» en una de las zonas estratégicas más cruciales del mundo, y augura que un frente inédito de competencia, en marcha acelerada hacia el conflicto abierto, podría abrirse en breve en la región del mar Rojo y el Cuerno de África, con consecuencias que alcanzarían las esferas de influencia regionales e internacionales.
