¿Qué tipo de democracia aspira la sociedad Dominicana?

Por Juan Carlos Espinal. 1/5

De acuerdo al estudio socio demográfico más completo sobre cultura política que hasta ahora hemos podido acceder (IIDH-CAPEL), realizado para la Junta Central Electoral en el contexto de las elecciones generales del año 2024, el 45.6% de los dominicanos se abstuvo de ir a ejercer su derecho a elegir.

41.4%, sólo en el voto dentro del país, (58.6% participó) y 81% en el exterior, (sólo votó 19% de 863,784 inscritos).

Pasamos del histórico 67% de participación de los inscritos en el padrón (presidencial) en 2016 a 52-58% en 2020 y 2024.

En las municipales del año 2024 la abstención electoral alcanzó el 53.33%.

El estudio citado concluye que no es que los dominicanos sean apáticos. En realidad, se trata de una forma de comunicación política negativa. La sociedad Dominicana en su conjunto respalda la democracia electoral, (74% dice que es el mejor sistema de gobierno), pero desconfía de la clase política oligarca, de los partidos políticos de la democracia representativa 1966-2024 y siente que el voto no transforma sus condiciones de vida.

En ese sentido, la democracia representativa genera desconfianza de los electores hacia las élites de los partidos políticos y en sus propuestas electorales.

La ciudadanía percibe que existe baja participación ciudadana debido a la decadencia de la competitividad exhibida.

Los ciudadanos rechazan el sistema clientela representativo y deploran las promesas incumplidas. Como sus niveles de vida se han deteriorando de forma acelerada la percepción de los electores de la democracia representativa fortalece la idea de la inutilidad del voto.

Según el estudio socio-político el desarraigo político va más allá de la explosión demografica y los niveles del ciclo de pobreza. El fenómeno de la desafeccion con el sistema de partidos políticos dominicanos es de carácter urbano y responde al descreimiento de los ciudadanos situados en el quintil de la clase media.

Las 10 demarcaciones con más electores (DN, Santo Domingo Este, Santiago, Boca Chica, Los Alcarrizos, La Vega) se abstuvieron de votar por los candidatos de la Plutocracia alcanzando el 60.8%.

Al parecer, el fenómeno socio cultural no es cosa de jóvenes. La Generación Z votó 54%, casi igual que los Baby Boomers, 55%. En el análisis demográfico no existe brecha de género significativa.

El 10.6% del padrón vive en el exterior. El 70.2% envía remesas (ciudadanía económica), pero no vota, (ciudadanía política). Las distancias de hasta 500km del domicilio al recinto electoral, el nivel de vida con servicios garantizados y las profundas diferencias socio culturales profundizan la desconexión política con la oferta partidaria.

41% de los abstencionistas dice que nunca recibió educación cívica en el sistema escolar mientras 52% se sintió poco o nada informado sobre el proceso electoral.

Los especialistas concluyen que los dominicanos de pos guerra tenían una cultura de participación históricamente alta, por encima del 70%, que era una medida que explicaba el proceso de estabilidad democrática. Según ellos, la estabilidad de la democracia representativa 1966-2024 se rompió en 2020 con la pandemia COVID-19, la suspensión de las elecciones municipales y la participación ciudadana no regresó. Ello sugiere que el silencio en las urnas es una forma de protesta anti sistema derivada de las profundas desigualdades.

En la actualidad, según la Encuesta del Grupo de Comunicaciones ACDMedia, el 51.7 % de la población dominicana considera que la situación del país empeorará en los próximos meses.

57.0% de la población califica como negativa la situación general del país.

59.9% de los encuestados no simpatiza por ningún partido político.

67.8 % de la población rechaza los abusos y el uso excesivo de la fuerza policial.

75.5 % considera que la canasta familiar está peor en comparación con hace cinco años.

36.9% de los encuestados no tiene ninguna confianza en los empresarios.

Pero, en lo cultural, ¿Qué está sucediendo que la población está rechazando la democracia representativa 1966-2024?

En el país el rechazo no es a ir a votar. Los ciudadanos se están desconectando del modelo representativo que se impuso tras la invasión militar estadounidense en 1965. A partir de 1966 con Joaquín Balaguer se da continuidad a la dictadura para militar pos Trujillo que siguió hasta 1978.

El modelo de la decadente democracia representativa de partidos políticos oligarcas de entre 1966-2024 se concibio a partir del neo caudillismo no como un sistema de derechos, participación ciudadana y pluralismo socio económico.

De Balaguer para acá, los partidos políticos dominicanos se volvieron maquinarias electorales representativos del modelo económico de alta concentración qué cada 4 años se abren a la zafra electoral a partir del Nepotismo, la hiper corrupción, el personalismo y la herencia familiar. El sistema clientela traspasa los intereses patrilineales del senador al hijo, el diputado a la esposa, el cabecilla de los grupos económicos traspasa el partido como sucesión hereditaria.

Por otro lado, observamos que la firma de análisis sociológico Latinobarómetro del año 2026 establece que solo el 20% confía mucho o algo en los partidos y el 76% en Latinoamérica y el Caribe no se siente representado por su Congreso.

En República Dominicana, la desconfianza hacia las élites de la democracia representativa 1966-2024 es desalentadora. El apoyo a la democracia oligarca cayó de 55% en 2024 a 47% en 2026. 61% de los ciudadanos encuestados dice que acepta cualquier tipo de gobierno si resuelve sus problemas, y casi 7 de cada 10 no se sienten representados por el Congreso Nacional.

Como los ciudadanos observan que el contrato social se rompió, la relación dejó de ser ciudadano-Estado con derechos sociales, políticos y económicos garantizados por lo que la vinculación pasó a ser cliente-patrón con favores. Es decir, mientras el 54% de los ciudadanos pagan impuestos el 46% no tributa por lo tanto la sociedad no decide el tipo de Estado que le pudiese generar felicidad de forma equitativa. Cada 4 años el ciudadano es convocado solo para votar y luego es excluido del ejercicio cotidiano del poder.

Cuando eso se vuelve norma, según el estudio del IIDH-CAPEL – Junta Central Electoral se establece que la abstención electoral deja de ser apatía y se vuelve comunicación política negativa: es decir, «desencanto, cansancio y rechazo ético» a las élites de la democracia representativa.

A ello se agrega la Plutocratización del modelo clientela qué incluye un modelo de corrupción caracterizado por
campañas electorales carísimas, financiamiento del narcotráfico, grupos económicos sin fiscalización y sin topes de gasto que se desbordan. Quienes en esas organizaciones parasitarias no tienen abolengo familiar, fortuna personal, patrocinio corporativo o red clientelar quedan excluidos de facto. Además, la sucesión competitiva se realiza mediante desiciones administrativas. El elector ve una oferta validada por el poder económico, no por mérito programático.

Por tanto, en los asuntos internos de los partidos políticos de la democracia representativa no se ejerce el voto secreto y directo.

En esa relación desigual existe un profundo choque cultural de índole generacional. De 1966 a 2000 la política se hacía en comités de base, caravanas y lealtad al caudillo. De 2000 a 2024 entró la cultura de redes sociales establecidas a través de la participación vertical inmediata sin fiscalización. Los jóvenes que activan en la democracia representativa sólo esperan por el presupuesto que cada 4 años les garantiza movilidad social.

Cuando el Estado parasitario continúa operando como ventanilla de endeudamiento y favores y no como servicio, la brecha generacional se siente fomentando la división.

Por eso el «NINGUNO» es el segundo partido más grande con 24% de simpatía, según Gallup/Diario Libre, y 48% no se sintió interesado en ir a votar en 2024. No es que los jóvenes no crean en la democracia participativa, es que la democracia representativa que viven desde 1966 a 2024 les induce a votar entre candidatos financiados por la misma oligarquía que emerge luego del golpe de estado a Juan Bosch y por lo tanto no les hace sentido.

 

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