RD$50,000: el techo donde vive el 80% de los dominicanos

Por Ramón Morel.

El Banco Central de la República Dominicana publicó una cifra que debería inquietar a cualquier ciudadano que haga cuentas: más del 80% de los trabajadores del país percibe ingresos inferiores a RD$50,000 mensuales.

No es una estimación de una ONG. Es un dato oficial, frío, contundente. Ocho de cada diez dominicanos que trabajan ganan menos de cincuenta mil pesos al mes.

Ahora comparemos esa cifra con otra del mismo Banco Central. Para mayo de 2026, el costo promedio de la canasta básica familiar se ubicó en RD$49,268.36.

Es decir: el techo salarial de ocho de cada diez trabajadores apenas alcanza —y en muchos casos no alcanza— para cubrir lo elemental. No para ahorrar. No para vacaciones. No para un imprevisto médico. Para comer, transportarse, pagar una vivienda modesta y mandar los hijos a la escuela.

La aritmética es implacable. Si usted pertenece al quintil de menores ingresos, su canasta básica cuesta RD$29,489.84, pero sus ingresos promedian RD$7,204.

Si está en el quintil siguiente, la canasta le exige RD$38,441.67.

En el quintil medio —el supuesto corazón de la clase trabajadora dominicana— la canasta cuesta RD$45,296.50, y el 80% de los trabajadores no llega a los RD$50,000.

La brecha no es abstracta. Es el plátano que no se compra, el medicamento que se posterga, el transporte que se reduce, la escuela que se deja para el próximo mes.

Y la geografía agrava la cuenta. En la Región Ozama, la canasta básica cuesta RD$56,658.37.

En el Cibao, donde está Santiago, cuesta RD$47,178.14.

En el Este, RD$45,938.26. En el Sur, la más barata, RD$39,658.65.

Pero el Sur también tiene los ingresos más bajos del país, lo que anula cualquier ventaja en el costo de vida.

No importa dónde viva: si gana menos de RD$50,000, el mes se le acaba antes que el sueldo.

Mientras tanto, el país celebra otros números. El FMI y el Banco Mundial proyectan un crecimiento del PIB de 4.5% para 2026, el más alto de América Latina sin contar a Guyana.

El turismo recibió 7.7 millones de visitantes entre enero y julio, cifra récord.

El gobierno acaba de aprobar en el Congreso dos préstamos por US$465.5 millones para seguridad vial y la cuenca del río Yuna.

La pregunta que emerge de estos números paralelos es incómoda: ¿para quién crece la economía dominicana?

No se trata de negar los avances macroeconómicos. Se trata de que esos avances no se traducen en poder adquisitivo para la mayoría. La inflación interanual está en 5.35%, por encima del rango meta del Banco Central, que es de 4% ± 1%.

Los combustibles subieron entre enero y mayo. El transporte fue el sector que más aportó a la inflación.

Y cuando el precio del petróleo internacional se desplomó un 30% desde marzo, los precios locales de combustibles no solo no bajaron proporcionalmente, sino que en algunos casos subieron. El trabajador dominicano paga más por moverse para ganar lo mismo que no alcanza.

Esto no es una crisis de pobres aislados. Es una estructura. Es un mercado laboral donde ocho de cada diez personas están condenadas a un techo de RD$50,000 mensuales mientras el costo de vivir roza ese mismo límite. Es una economía que crece en turismo, en inversión extranjera, en construcción de autopistas financiadas con deuda, pero que no logra que el salario de su trabajador median cubra la canasta de su familia.
El gobierno habla de crecimiento sostenido. El FMI elogia la resiliencia. Los hoteles están llenos. Pero en los barrios de Santiago, en los campos del Cibao, en los sectores populares del Gran Santo Domingo, la conversación no es sobre el PIB. Es sobre cuánto cuesta la libra de arroz, el pasaje del concho, la receta del médico que no se puede comprar. Es sobre el día 25 del mes, cuando el sueldo se acabó y la canasta todavía tiene huecos.
No se necesita ser economista para entender lo que pasa. Se necesita ser ciudadano. Y el ciudadano dominicano, el de verdad, el que trabaja y no llega, merece saber por qué un país que crece al 4.5% no puede garantizar que ocho de cada diez de sus trabajadores ganen lo suficiente para vivir sin asfixia. El crecimiento económico no es un fin en sí mismo. Es un medio. Y si el medio no alcanza al fin, entonces no es crecimiento. Es una estadística que pasa por encima de la gente.
RD$50,000 no es un techo de cristal. Es de cemento. Y ocho de cada diez dominicanos lo sienten todos los días, desde el primero hasta el último del mes.

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