Rusia-Ucrania y los demonios de las guerras

Por César Pérez.

Son los demonios prácticamente inmanejables que producen las invasiones de grandes potencias e incluso de singulares élites de países y regiones de todos los continentes. Por eso, como todas las guerras de conquista de territorio o de secesión, la de Ucrania/Rusia de Putin debe ser condenada.

La invasión de la Rusia de Putin a Ucrania, junto a la pandemia del Covid-19, tiende a convertirse en el acontecimiento más importante ocurrido en esta quinta parte del presente siglo.  Lo que parecía una guerra preventiva, más bien corta, comienza a tomar un giro que parece que será mucho más larga de lo previsto. Se torna cada vez más devastadora e inmanejable y, a diferencia de tiempos pasados, discurre en medio de una proverbial falta de liderazgos responsables, carismáticos y lúcidos. Conforme discurre, como todas las guerras, en los puntos centrales del conflicto se despiertan viejos demonios, y el conflicto tiende a expandirse más allá de sus confines.

Ucrania, como todas las repúblicas de la ex URSS, tiene regiones con poblaciones cercanas u originaria de una o varias repúblicas limítrofes, cuya identidad la quisieron y quieren mantener a toda costa, a través del uso de sus lenguas y la práctica de elementos esenciales de sus culturas. De ahí la existencia varias regiones o de minorías nacionales, en su momento llamadas autónomas de la autoridad regional donde estaban asentadas, pero no de la autoridad central de la ex URSS. Esa autoridad, como la de la generalidad de los líderes las regiones o repúblicas, no sólo fueron incapaces de eliminar la bestia de la intolerancia contra el “otro”, con que se tiende a forjar el nacionalismo, sino que la azuzaban a discreción para apuntalarse en el poder.

A esa intolerable intolerancia recurren las autoridades ucranianas. Pretenden desconocer una “ley del 2012 que prácticamente reconoce el carácter oficial” de diversas lenguas de minorías significativamente numerosas. En fragor de la guerra y para apuntalar la “seguridad nacional”, ahora procuran imponer el idioma ucraniano a las diversas minorías existente en su territorio. No sólo eso, sino que recurren a medidas absurdas y ridículas como esa de prohibir el uso del ruso, la música de los músicos rusos, cambiar el nombre de calles y plazas, derribar monumentos o estatuas y alusivas a figuras o la historia rusa.

En Occidente, se llega al dislate de prohibir todo lo que recuerde a Rusia, entre otros, impedir que los clubes de futbol de ese país participen en las competencias internacionales ya programadas, mientras que la Rusia de Putin recurre a la vieja descalificación y denuedo contra el pueblo ucraniano. De esa manera se va construyendo/consolidando una guerra de posibles devastadoras consecuencias para la humanidad y de la que sólo son beneficiarios los señores de la guerra de las partes envueltas, y perdedores, como siempre, la población civil y las familias de los militares más pobres, en los combates generalmente colocados en primera fila

Recordemos que durante la guerra que EEUU impuso a Vietnam, se denunció que los primeros soldados en caer eran los de origen hispanos luego los negros, y por último los blancos y de estos, en su mayoría, eran de pueblos remotos. Igualmente, se comenta que, en los frentes de batalla de la Rusia de Putin, sólo un 1% de los combatientes es de Moscú y sus alrededores, el resto son de las zonas más deprimidas económicamente. Son de los aspectos más reprobables, inhumanos y clasista de las guerras de los señores de la guerra. Por eso, entre otras razones resulta tan desconcertante las posiciones de aquellos que reducen el referido conflicto bélico sólo al expansionismo de la Rusia de Putin o de la OTAN capitaneada por EEUU y al derecho u obligación de cada uno a defenderse.

Este conflicto tiene todas las características de las guerras entre potencias de vocación expansionistas/anexionistas de territorios que han jalonado la historia, con la diferencia de que hoy, la ineptitud e irresponsabilidad del presente liderazgo mundial lo lleva a querer aprovecharla para probar sus nuevos armamentos y posiblemente convertirla en una conflagración mundial.  El incremento de la sostenida y masiva ayuda económica y militar de los países de la OTAN de EEUU y sus aliados/satélites a Ucrania y la agresividad voracidad incontrolables de Putin y su banda, está llevando el conflicto a una situación inmanejable. En ese sentido, el apoyo acrítico de muchos a uno como al otro bando expresa una inexcusable miopía de alagunos y oportunismo mercurial de otros.

La rusificación, por momentos forzada, de todo el territorio de ex URSS, a su manera, también lo practicaron los líderes de las repúblicas y regiones durante y después de la desintegración de la unión, en ellas todas las minorías nacionales se sintieron amenazadas. Las rusas, nos dice Hélene Carrérere, en el sur y este de Ucrania, tenían como lema: “más vale unirse a Rusia que ser ucranizado”.En similares términos, se expresaban y expresan hoy las minorías étnicas tártaras, Konis, ostetias, los yakutos, buriatos, baskirios, etc., con relación a si se unen a una región vecina o si se asimilan a la que están enclavadas. Todas las potencias imperialistas y o élites regionales tienden a imponer sus lenguas, culturas o religiones a los pueblos o las minorías nacionales.

Son los demonios prácticamente inmanejables que producen las invasiones de grandes potencias e incluso de singulares élites de países y regiones de todos los continentes. Por eso, como todas las guerras de conquista de territorio o de secesión, la de Ucrania/Rusia de Putin debe ser condenada, y exigir un acuerdo que ponga fin y que se oriente por el respeto de los s derechose inalienables de las minoríasp

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