Tres potencias, tres caminos, una sola verdad.
A propósito de los XXV Juegos del Caribe Santo Domingo 2026
Por Tony Gutiérrez
Los Juegos del Caribe nos reunieron aquí, en esta tierra que fue testigo del primer encuentro entre culturas: cuando el mundo de allá se encontró con este mundo nuestro, que ya estaba aquí. Porque antes de cualquier bandera, antes de cualquier frontera, esta región ya tenía historia, ya tenía pueblo, ya tenía alma.
Todo lo que somos —caribeños, centroamericanos, isleños y tierra adentro— es un recuento étnico de lo que fuimos y seguimos siendo. Un espectáculo vivo de las culturas que se mezclaron, que se abrazaron, que lucharon y que siguen aquí.
Y por eso, antes de hablar de medallas y de números, hay que inclinar la cabeza y decirlo claro: el verdadero homenaje debió ser para los que llegaron primero.
Para los arahuacos, que vinieron de la Amazonía, que subieron por el río Orinoco, que atravesaron selvas y mares hasta llegar a estas costas. Ellos fueron los primeros en ver este mar, en sembrar estas tierras, en dar nombre a cada río y a cada estrella. Estuvieron aquí muchos miles de años antes de que llegaran las naves del llamado «descubrimiento».
Ellos son la raíz. Ellos son la primera sangre de este suelo. Y cualquier juego, cualquier fiesta, cualquier encuentro en esta tierra… debe empezar honrándolos a ellos.
Los Juegos Olímpicos nacieron en la antigüedad griega con un propósito sagrado: la tregua sagrada. Se suspendían las guerras. Se bajaban las armas. Los pueblos se reunían a competir limpiamente, para demostrar su valor sin derramar sangre. El deporte fue creado para unir, no para dividir. Para construir paz, no para enriquecer a unos pocos.
Pero hay un detalle histórico que lo hace aún más profundo: en aquellos primeros Juegos, las mujeres no podían participar. Ni siquiera podían entrar al estadio para verlos. En aquella sociedad esclavista, vivían recluidas, sin voz, sin voto, sin derecho a decidir sobre su propia vida. Se les prohibía incluso mirar a los competidores.
Miren qué distancia hay entre entonces y hoy:
Entonces: no podían ni mirar.
Hoy: van con pintalabios, aplauden, gritan, coquetean, se enamoran, bailan, deciden su vida… y hasta compiten y nos dan lecciones de dignidad.
Lo que les negaron durante siglos, hoy lo viven con alegría y plenitud. No solo entraron al estadio… se apoderaron de la vida misma. Y por eso duele más cuando entre ellas mismas, unas que tienen de todo se burlan de las que casi no tienen nada.
LOS HECHOS, CLAROS Y SIN RODEOS
Al cerrarse estos Juegos aquí en nuestra casa, miremos los números con honestidad. Sin orgullo mal puesto. Sin dejarnos engañar. Solo con la verdad.
Así quedó el medallero:
🥇 1. MÉXICO — 167 medallas de oro. 407 en total.
🥈 2. COLOMBIA — 91 medallas de oro. 266 en total. Su mejor actuación de toda su historia.
🥉 3. CUBA — 51 medallas de oro. 155 en total. Con bloqueo, con racionamiento, con escasez de todo… y aun así, por encima de nosotros.
4. Venezuela — 49 oros. 216 en total.
5. REPÚBLICA DOMINICANA — 46 oros. 150 en total. Anfitriona. Con todo a favor. Sin bloqueo. Y quedamos quintos.
LO QUE CADA QUIEN INVIRTIÓ — EN DÓLARES, PARA QUE SE ENTIENDA
Estas cifras las hemos buscado, comparado y calculado por nosotros mismos, cruzando fuentes, sin quedarnos solamente con lo que dicen los funcionarios:
🇲🇽 MÉXICO
– Aproximadamente 3.5 millones de dólares para preparación, viaje, alimentación y delegación completa.
– Claudia Sheinbaum abanderó a sus atletas en el Palacio Nacional. Les habló de patriotismo, no de fortunas. Los estímulos por medalla fueron modestos. No se crearon ricos, se apoyó a deportistas.
– Y arrasó. Primero, por mucho.
🇨🇴 COLOMBIA
– Aproximadamente 12 millones de dólares en preparación y delegación. Inversión sostenida desde años atrás, no de un momento para otro.
– Y llegó segunda. Su mejor puesto histórico.
🇨🇺 CUBA
– Sin cifra de gran presupuesto. Bajo bloqueo desde hace más de sesenta años. No puede comprar alimentos libremente. Le faltan repuestos, combustible, equipo.
– Y aun así… tercera. Por encima de nosotros.
🇩🇴 REPÚBLICA DOMINICANA
– Aproximadamente 15.5 millones de dólares solo en preparación y delegación —CINCO VECES MÁS que México—, más premios millonarios y regalos en efectivo.
– Y quedamos quintos.
SOBRE LAS OBRAS: LA PREGUNTA QUE NADIE RESPONDE
Se anunció una inversión de unos 154 millones de dólares en infraestructura deportiva. Esa cifra la repiten todos los medios oficiales.
Pero cuando uno investiga por sí mismo, esto es lo que aparece:
– Se intervinieron 16 instalaciones en el Centro Olímpico y el Parque del Este.
– UNA SOLA fue construida desde cero: el Pabellón de Taekwondo.
– LAS OTRAS QUINCE ya existían desde 1974 y 1986. Se repararon, se pintaron, se mejoraron. Esas obras ya eran nuestras.
Cuando uno suma los costos que aparecen detallados en documentos parciales, la suma visible no llega ni a la mitad de lo anunciado. Y aquí viene la pregunta de cualquier investigador honesto:
¿Es posible que reparar y pintar lo que ya estaba construido haya costado 154 millones de dólares? ¿Dónde están las facturas detalladas? ¿Cuánto costó realmente cada obra, y cuánto se perdió en el camino?
No acusamos. Preguntamos. Porque el pueblo tiene derecho a saber.
TRES VERDADES QUE HAY QUE RECORDAR
México demuestra: cuando hay recursos bien administrados y amor a la patria, se llega a la cima. No regaló fortunas. Preparó, respaldó, amó a su gente. Y su gente respondió.
Colombia demuestra: cuando cambias el rumbo y apoyas a tu gente, avanzas. No de la noche a la mañana. Cosechando lo que se empieza a sembrar.
Cuba demuestra: se puede ser grande… incluso cuando te lo prohíben todo. Con racionamiento, con bloqueo, con escasez… y queda por encima de quienes tienen de todo. Porque Cuba invierte en ESCUELA, en MÉTODO, en DIGNIDAD. No en regalos que corrompen.
Las tres naciones que más defienden su soberanía ocupan los tres primeros lugares. Y nosotros, que teníamos casa, comida y todo a favor… quedamos quintos.
Esa es la lección. No hay que ofenderse. Hay que aprender.
LA REVOLUCIÓN Y EL FUEGO QUE NO APAGAN
Y hay algo más que debemos decir. Le tienen miedo a la palabra revolución. Como si fuera algo prohibido. Como si fuera un pecado. Pero la Revolución Francesa le dio al mundo su lema más hermoso: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Y de esa chispa nació la Revolución Haitiana: personas que estaban en cadenas se levantaron y dijeron ¡NO! Y ganaron. Demostraron que nadie nace para ser esclavo de nadie.
De esa misma fuente bebió Juan Pablo Duarte. No lo inventó él solo. Bebió de esa luz. Soñó una patria libre, soberana, de todos. Vendió sus bienes. Se fue al exilio. Murió lejos, pobre, sin un centavo. No buscó riqueza. Buscó libertad.
Y hoy lo han convertido en estatua. En nombre de calle. En discurso de fiesta. Lo han embobado para embobarnos a nosotros. Le quitaron el fuego para que no nos quememos. Pero el fuego sigue ahí.
Porque la revolución no es maldad. Es justicia. Es decir: todos somos iguales. Nadie debe ser esclavo de nadie. La riqueza de esta tierra es de los que la trabajan. Y los que le temen a esa palabra… temen que el pueblo despierte.
Y antes de cualquier medalla, antes de cualquier número, recordemos: esta tierra ya tenía dueños hace miles de años. Los arahuacos vinieron de lejos, poblaron estas islas, vivieron en paz, y dieron a este Caribe su primera alma. A ellos el homenaje primero. A ellos la memoria. Porque sin ellos, nada de esto existiría.
