Una lectura filosofante de las elecciones y de la crisis actual

Por Leonardo Boff.

Se están haciendo las más variadas análisis de las elecciones brasileñas con el ascenso sorprendente de la extrema derecha, generalmente con categorías de una sociología integral. Son necesarias. Sin embargo, la gravedad de la crisis brasileña que es también planetaria es de tal envergadura que nos faltan categorías adecuadas para entenderla. Estimo que necesitamos una óptica filosofante, pues se trata de ir a las raíces para encontrar alguna luz esperanzadora.

Parto de la percepción generalizada de que el mundo así como está no puede continuar. Hay demasiadas y graves amenazas. Advertía Zygmunt Bauman “o cambiamos o vamos a engrosar el cortejo de los que están rumbeando en dirección a la fosa común”. Ya antes, en 1930 escribió Freud “El malestar en la cultura” concluyendo, en la última página, con esta frase sombría: “Ahora los hombres han avanzado tanto en el dominio de las fuerzas de la naturaleza que con su ayuda será fácil exterminar unos a otros hasta el último individuo” (edición Vozes 2026, p. 129).

Actualmente con el arsenal destructivo existente, acrescido por la IA autónoma, puede convertirse en una realidad. Hay, pues, un malestar colectivo en el mundo que encuentra en el ascenso trepidante del fascismo y de la extrema derecha en Brasil, especialmente en los EE.UU. y allende, su innegable comprobación.
De mi parte, diría, como hipótesis, que esta atmósfera enemiga de la vida y de la convivencia fraterna entre los humanos y con la naturaleza, deriva de una profunda decepción que degeneró en una radical depresión.

La decepción residiría en el fracaso de que todas las promesas hechas por las grandes narrativas de los últimos siglos: la Ilustración, el capitalismo, el socialismo, las democracias, las tecno-ciencias de la comunicación (internet, twitter, facebook etc.) y la IA. Nada de lo prometido fue alcanzado.

La decepción generalizada redundó en una gran depresión colectiva: una ola terrible de odio, de rabia, de fake news y de violencia están cubriendo el planeta y Brasil. La depresión nos robó la alegría de vivir.

Crisis siempre ha habido y habrá en todas las culturas. La nuestra es singular, por ser planetaria. Tal vez encontramos alguna luz en la inmensa obra de 12 tomos del historiador inglés Arnold Toynbee, A Study of History. En ella muestra cómo las culturas surgen, se desarrollan, llegan a su ápice y mueren sustituidas por otras.

Maneja dos categorías básicas: desafío (challenge) y respuesta (response). Cuando el desafío es de poca monta la civilización responde a él y florece. Cuando el desafío es mayor que su capacidad de respuesta, la civilización entra en crisis, puede prolongar su agonía pero, al fin desaparece. Esa es una exposición simplificada de una obra compleja y extremadamente erudita. Tal vez su límite consista en no haber considerado la lucha de clases que, queramos o no, siempre ocurre en sociedades complejas. Ahora estamos bajo la regencia de la incapacidad de respuesta, pues el desafío ultrapasa nuestras capacidades. Es la causa de la depresión.

¿Hay alguna salida para este enredo? ¿O llegó nuestra vez de encerrar nuestro ciclo dentro de la cosmogénesis y vamos a desaparecer? Es notorio que todos los seres, después de haber vivido por millones de años sobre este planeta, llegaron a su clímax y desaparecieron. ¿También nosotros tendríamos el mismo destino? Dejo la cuestión en abierto pues no nos parece improbable ni imposible, pues ya nos dimos los medios de autodestruirnos.

Mi sentimiento del mundo me dice que cuando desfallecen las utopías, incluso las mínimas, de mejora dentro del sistema imperante, solo nos resta volvernos sobre nosotros mismos. Somos una fuente inagotable de virtualidades y de una capacidad ilimitada de relaciones y de creatividad. No obstante ser contradictorios, hechos de luz y de sombras (C.G. Jung), sapientes y dementes (E. Morin), (eros: vida) y (thánatos: muerte, Freud) podemos potenciar de tal forma nuestra positividad y ahí definir un nuevo rumbo y una nueva esperanza.

En ese sentido me inspiro en la teoría del caos, formulada por el ruso-belga Ilya Prigogine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977 (Order out of Chaos, 1948) y de Lorenz/Gleick.
El universo se originó de un formidable caos inicial (Big Bang). La evolución se hizo y se hace para poner orden en este caos originario, creando órdenes cada vez más altas y complejas hasta irrumpir en el ser humano con inteligencia, sentimiento, amor y cuidado.

La naturaleza del caos es ser destructivo y generativo. Él destruye un orden vigente que guarda dentro de sí seminalmente una nueva orden. Concluido el proceso de destrucción, irrumpe la nueva orden. Ella inaugura otra historia hasta ella misma mostrarse caótica/destructiva pero guardando en sí un nuevo potencial generativo.

En la actual fase histórica global estamos bajo la energía destructiva del caos pero dentro de él está germinando una nueva orden, un nuevo mundo, amigo de la vida, de hermandad universal también con los seres en la naturaleza, justo y tierno en el cual será más fácil convivir y amar.

Superaremos el caos destructivo de la extrema derecha bolsonarista, expresado por la elección, por el caos generativo de Luiz Inácio Lula da Silva que, esperamos, triunfará.

Entonces, no desesperemos. Esta lectura, pretensamente filosofante, puede infundirnos un renovado esperanzar.

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