¿ Y dónde está el pueblo?
Por Manuel Martínez.
«Ningún pueblo ser libre merece
si es esclavo indolente y servil».
Emilio Prud’Homme no escribió aquellos versos del Himno Nacional para repetirlos de memoria. Nos dejó una advertencia: ningún pueblo puede considerarse libre cuando renuncia a defender sus derechos. Y entonces surge una pregunta incómoda: ¿dónde está el pueblo?
En abril de 1965, civiles y militares constitucionalistas salieron a las calles para reclamar el restablecimiento de la Constitución y del orden democrático interrumpido en 1963. La Revolución de Abril trascendió nuestras fronteras: corresponsales extranjeros llegaron a Santo Domingo y la intervención militar estadounidense del 28 de abril convirtió aquella lucha en un acontecimiento de repercusión mundial. Un pueblo defendía su derecho a decidir su destino.
Esa historia me toca personalmente. Soy hijo de un hombre que fue preso político durante la dictadura de Trujillo. Mi padre tenía apenas 17 años cuando fue torturado y sentado en la silla eléctrica, y posteriormente condenado a cinco años de cárcel por hacer letreros contra el régimen en las paredes de las calles de San Pedro de Macorís, a altas horas de la madrugada.
Cuando conversamos sobre aquellos días y papá compara aquella época con lo que sucede hoy en nuestro país, se le aguan los ojos. Al verlo, me pregunto: ¿valió la pena tanto sacrificio para que hoy parezcamos indiferentes ante nuestro destino?
La democracia, sin embargo, no garantiza que los gobiernos escuchen. En abril de 1984, bajo Salvador Jorge Blanco, las protestas contra medidas económicas vinculadas al Fondo Monetario Internacional fueron reprimidas y dejaron numerosos muertos. Aquella tragedia recuerda que ninguna autoridad puede justificar la represión invocando compromisos económicos.
El PRM nació de una división del PRD y es una organización distinta, aunque comparte parte de su tradición política. Quienes prometieron democracia, participación y transparencia deben aceptar que esos principios sirvan para evaluar su gestión. ¿De qué sirve exigir explicaciones desde la oposición y ofrecer respuestas insuficientes desde el poder? La oposición no puede ser una escuela de promesas que el gobierno transforma en olvido.
El gobierno del PRM debe explicar con datos verificables las decisiones sobre combustibles, producción arrocera, recursos públicos y gestión fronteriza. También debe responder las interrogantes planteadas por la Fuerza del Pueblo sobre el marbete. No basta anunciar medidas ni celebrar ruedas de prensa. ¿Quién se beneficia? ¿Quién paga los costos? ¿Dónde están los resultados? Denunciar exige pruebas; gobernar exige rendir cuentas.
El voto no es un cheque en blanco. Los recursos del Estado pertenecen a la nación, no al partido que administra sus instituciones. Y tampoco nosotros, desde la oposición, podemos exigir transparencia sin practicarla. La lealtad partidaria jamás debe colocarse por encima del interés nacional.
¿Por qué parece debilitarse nuestra reacción ciudadana? ¿Cansancio, frustración, desconfianza? El silencio no siempre significa aprobación. A veces revela impotencia o desconexión: estamos despiertos, pero ausentes. Como decimos en el campo: abobaos. Quizás no falta pueblo; quizás faltan canales de participación en los que vuelva a confiar.
No reclamo un país permanentemente en las calles. Reclamo ciudadanos informados, instituciones que respondan y partidos que escuchen. La democracia no termina en las urnas. Tampoco podemos convertir la memoria de quienes lucharon por la libertad en una fotografía vieja, reservada para los aniversarios.
Honrar su sacrificio exige ejercer nuestros derechos, preguntar y reclamar explicaciones. Porque un pueblo que renuncia a exigir cuentas corre el riesgo de convertirse en espectador de su propio destino.
¿Y DÓNDE ESTÁ EL PUEBLO?
Manuel Martínez
Profesor Universitario
Magíster en Comunicación Visual
