Y qué dicen nuestros partidos mayoritarios

Por César Pérez

Siguen empantanados en una cultura política en la que se privilegia la descalificación del contrario y no la réplica basada en datos objetivos, en el recurso del dato falso o amañado para rebatir o en el rechazo pura y simple de los datos que ofrece el uno como el otro para sustentar sus posiciones.

Los grandes temas del debate político del presente, entre otros, giran en torno a la crisis de la democracia, de los partidos, los nuevos bloques de países para enfrentar los cambios de la geopolítica a nivel mundial, el auge del ultranacionalismo y la ultraderecha, el fenómeno de la etnocracia o gobiernos basados en el supremacismo étnico, las migraciones y la guerra económica que afecta a todos los países incluyendo al de su principal promotor. En gran medida, el desarrollo de estos temas configura tanto el presente como el futuro de las naciones. Pero, en esencia, de ellos están ausentes los tres grandes partidos del sistema político dominicano, y no solo de estos a nivel general, sino de otros temas que en gran medida constituyen un lastre para el discurrir de la vida política del país.

En efecto, los partidos mayoritarios siguen empantanados en una cultura política en la que se privilegia la descalificación del contrario y no la réplica basada en datos objetivos, en el recurso del dato falso o amañado para rebatir o en el rechazo pura y simple de los datos que ofrece el uno como el otro para sustentar sus posiciones. En gran medida, eso no ocurre sólo en este país, sino en gran parte del mundo, de ahí la pobre credibilidad de la gente en los partidos y en la generalidad de sus líderes. La gran diferencia es que aquí la generalidad de los partidos, sobre todos los grandes, no debaten ideas y además no parecen interesarse por los grandes teman que hoy están a centro del debate en gran del mundo.

En ese sentido, qué dicen el PRM, el PLD y FP sobre la situación de incertidumbre/amenaza en que hoy viven gran parte de la diáspora dominicana en aquellos países donde se ha impuesto la idea de poder supremacista, valed decir, de hostigamiento a minorías nacionales bajo el falso argumento de que estas minorías terminarían predominando sobre la población autóctona. Qué dicen sus principales voceros en la prensa, escrita, televisiva o de redes sobre esta cuestión. Es normal y hasta bueno que se enfrenten en la búsqueda de ampliación de sus bases electorales o en la defensa lo que consideran sus logros en el manejo de la cosa pública, pero tienen que defender esa diáspora que tanto aporta a la economía del país y no sólo recordarla en las campañas electorales en tanto caladero de votos.

El silencio de los partidos mayoritarios en torno a este tema tiene su razón: asumirlo los obligaría tomar posición frente a la cuestión de la etnocracia y de las fuerzas políticas que defienden esa aberrante concepción de poder para justificar su propensión negar derechos ciudadanos a determinados grupos humanos. De igual manera ese silencio o indiferencia podría estar basada en una escasa voluntad de enfrentar determinadas fuerzas políticas. Diversos sectores políticos, de la academia, la intelectualidad y del mundo religioso advierten sobre el derrotero que lleva el mundo por el sostenido e implacable asalto a la democracia que llevan a cabo la ultraderecha neofascista, por lo cual debe exigírsele a los referidos partidos que fijen sus posiciones sobre este tema y qué proponen al respecto.

También qué posiciones tienen frente a los proyectos de alianza que proponen diversas fuerzas políticas de la región para defender la soberanía nacional y derecho a tener relaciones entre ellos y con otros países de otras regiones sin ningún tipo de restricciones.  En cuando a temas de carácter estrictamente domésticos, desde hace mucho se les exige que se definan en torno a cuestiones cruciales para el saneamiento de la práctica política. Por ejemplo, qué posiciones tienen frente al expandido clamor en diversas esferas de la sociedad para no solamente adecentar la práctica política del país sino también abaratarla. A tal propósito, reducir a su mínima expresión los privilegios que se autoasignan la casi totalidad de sus legisladores. De esos privilegios, los cofrecitos y barrilitos son las más indignantes expresiones.

Las direcciones de los partidos mayoritarios no han podido imponer su voluntad a unos legisladores que gozan de una irritante autonomía frente a sus direcciones. Eso se hace evidente tanto en los privilegios arriba citados como en otras cuestiones política de interés nacional. Otra cuestión importante y que no es sólo de derechos ciudadanos, sino de institucionalidad, es la existencia de una banda ultranacionalista que comete todo tipo de atropellos contra la población migrante de origen haitiano y contra comunicadores dominicanos. También hay autoridades locales que cometen desmanes de ese tipo, el alcalde de Dajabón.  Por ejemplo. Hasta ahora no se registra una firme condena de las direcciones partidaria contra esas tropelías.
Con insolente desparpajo desafían las autoridades nacionales y locales, sin que los partidos mayoritarios, sobre todo el oficial, fijen posiciones. En el seno de uno de ellos hay figuras que pública e impúdicamente apoyan esa banda, otros lo hacen solapadamente, sin que falten algunos que no están de acuerdo con ella, pero no lo hacen público. Mientras los partidos mayoritarios guardan silencio sobre estos y otros temas, se acentúa el conservadurismo y el ausentismo político en vastos sectores de nuestra juventud y, por tanto, la hipoteca del futuro de la nación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.